Rodrigo Villegas

Rodrigo Villegas

Administrador Público de la Universidad de Chile. Socialdemócrata (de los de verdad). Activista en Proyecto Reinserción y Red de Cabildos Penitenciarios. Talquino de nacimiento y santiaguino por opción.

2021, un año entre temores y esperanzas

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Este año será un año atípico. Vivimos al mismo tiempo una triple crisis: sanitaria, económica y política. Las crisis son, por definición, momentos en los que las comunidades redefinen sus prioridades, se protegen de las amenazas e imaginan formas de navegar los desafíos que se plantean. 

En términos sanitarios, ha sido el sistema de salud pública el que ha soportado fundamentalmente el grueso del peso de la pandemia. Doctoras, enfermeros y TENS del sistema público, ese que está diseñado para cuidarnos a todos, sin importar el dinero que haya en el bolsillo, son los héroes y heroínas por rescatar cuando se cuente esta parte de la historia. El Gobierno ha sido errático en definir una estrategia, la cual a ratos ha tenido más apariencia de transcripción de los anhelos de la CPC que de una hoja de ruta compartida. Las ayudas estatales han sido focalizadas hasta el hartazgo, con montos mínimos y listas de requisitos incomprensibles. El sistema político debió permitir un retiro de fondos de pensiones para que las personas no pasaran los meses más duros procurándose ingresos, en lugar de cuidarse del virus. Con múltiples fórmulas de vacunas en camino, el horizonte se puede visualizar más claramente y tendremos que hacernos a la idea de que disponer los hombros es la única salida a todo esto. 

En términos económicos, si los cálculos de Oscar Landerretche no fallan, hemos retrocedido del orden de 100 meses de PIB per cápita, la peor crisis desde que se tiene registro. No estoy sorprendiendo a nadie si les comento quienes han perdido más con este retroceso son las personas más vulnerables. Son sus trabajos los que se han recortado, sus ahorros (si es que los tenían) los que se han consumido, sus bienes los que han debido poner a la venta para mantenerse a flote. Mientras en el Chile del Rechazo los niños-bien bailotean en Cachagua, otros tantos de su misma edad tiran un paño en la feria. Esta crisis hará retroceder al país en su conjunto y será una tarea común volver las cosas a su lugar. 

Finalmente, la política vive una crisis de legitimidad con un diagnóstico claro. Una debacle de la figura presidencial como nunca se vio, además de partidos políticos e instituciones de la República sumidas en una desconfianza generalizada. El estallido social reveló la insuficiencia de las instituciones que nos hemos dado y la necesidad urgente de reformularlas. Por delante tenemos un año electoral cargado y un proceso constituyente histórico. 

Pese a la diferencia de las raíces de las tres crisis antes descritas surge un principio común a todas ellas: la necesidad imperiosa de que sean resueltas en un ambiente que ponga por delante el país que se quiere construir. Apenas salgamos de esta pandemia, deberemos estructurar un sistema de salud pública lo suficientemente sólido para aguantar otra, que estará a la vuelta de la esquina. Tendremos que poner las manos a la obra para levantar de vuelta la economía, pero también se trata de una oportunidad de poner nuevos elementos en la balanza: entender la necesidad de descarbonizar; una puesta en valor de la ciencia, la tecnología y la innovación; mejorar nuestra mediocre productividad como país. Finalmente, el proceso constituyente abrirá un nuevo ciclo político, cualquiera sea su resultado. El diseño de las instituciones, de los derechos y deberes, así como los pendientes que vayan quedando darán curso a una nueva forma de estructurar las fuerzas políticas y deberemos despedirnos de las fórmulas que dieron cabida al pacto transicional. 

Entre temores y esperanzas transcurrirá este 2021, solo la distancia del tiempo dirá si fuimos capaces de entender la escala y profundidad de los desafíos. Mientras tanto, solo queda dar lo mejor de sí para aprovechar las oportunidades que se abren. 

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