Laura Gallardo

Laura Gallardo

Laura es de la U: su *alma mater* es la U y es, orgullosamente, profe de la Escuela de Ingeniería y Ciencias. También y, a pesar de todo, es de la U desde mucho antes que las S.A, más bien desde los pretéritos clásicos universitarios. Científicamente le ocupan los impactos humanos sobre el Sistema Climático y los cambios paradigmáticos por los que debe atravesar el mundo y la ciencia. Esto último viene de su otra influencia: la U de Estocolmo donde se formó como investigadora.

51 días y contando

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Van 51 días de “estallido social” y siguen pasando las horas y los días y aún sin señales de cambios estructurales. La Comisión Técnica para la Constitución y su proceso quedó entrampada en los principios de la pseudoigualdad de la derecha extrema. Y si bien la derecha extrema es minoría, aún en su propio sector, parece que tienen un poder de esos llamados fácticos tal que aquí estamos, sin siquiera reconocer que el país tiene 51% de seres de gametos grandes, también conocidas como mujeres. Es como si el binominal no se hubiera acabado y sus votos de minoría terminan valiendo más que los de la mayoría. Hay quienes dicen que será cuestión de negociaciones ulteriores y otros proyectos de ley el poder hacer del proceso constituyente uno no sólo legal sino que legítimo, representativo, de Chile en toda su diversidad. 

En los 51 días han ocurrido tragedias, sobre todo de jóvenes que han perdido uno o ambos ojos o que han sido violentados y violados por agentes del Estado. Gente que ha visto su derecho a vivir y respirar vulnerado. Y siguen cuestionando las constataciones de representantes del Estado de Chile y de instituciones internacionales de Derechos Humanos, dando argumentos contrafactuales (perdigones), justificando lo injustificable. Y en los últimos 10 días o menos, quizás sólo en una semana, han emergido una seguidilla de leyes “anti-algo”: anti-barricadas, anti-capuchas, anti-saqueos, anti-….Unas leyes que, supuestamente, nos volverán a dar el carácter de “oasis de paz”. Y, para peor, no sólo la derecha las vota a favor, sino que políticos jóvenes caen cuales moscas atontadas (Mi imaginación divaga y quizás ya no se trata de una empresa que extrae litio, sino que una de anti-plagas la que financia la política. ¡Qué mal chiste!, ¿verdad?). ¡Da más rabia, da desesperanza! Y, ciertamente, así con antis no llegamos a ninguna buena parte, al contrario, terminamos criminalizando el derecho a protestar y a defenderse. Pero ¡ay la propiedad!…¡ay el crecimiento económico!…¡ay los mercados! …¡ay la bolsa y las compras navideñas y el consumo de chatarra! Como si nada hubiera cambiado, como si el sistemita este diera el ancho, el alto o el fondo. ¡No da!

¿Cuándo vamos a hablar de un sistema de tributos –“impuesto” es el término que les gusta a los ricachones para no compartir– que permita redistribuir la riqueza? ¿Cuándo terminaremos con lo absurdo y grosero de concentrar en el 1% más rico de Chile más del 25% del producto interno bruto? ¿Cuándo vamos a hablar de Chile como un Estado plurinacional donde, a pesar de genocidios amparados por el Estado de Chile, subsisten pueblos que nos enriquecen con culturas y cosmovisiones distintas? ¿Cuándo incorporaremos en plenitud al debate político a las mujeres, ese 51% que gana típicamente el ~80% de lo que gana su par de gametos chicos en un trabajo remunerado? ¿Cuándo vamos a hablar de nuestra convivencia, esa entre [email protected] y lo que nos rodea? ¿Cuándo vamos a ver el mundo con más colores que de macho y hembra? Se le ajuste o no a la creencia de esa derecha añeja o a ese fanático religioso, los seres humanos tenemos una sexualidad que no es binaria y menos binominal.

Ojalá que de aquí a abril sí tengamos una asamblea constituyente plural, paritaria, diversa y multicolor como es Chile y como es el mundo para contar con un acuerdo político mínimo donde nos veamos reflejados, reflejadas y reflejades. Si no es así, no habrá paz. Por momentos puede que logren pacificación a patadas o por cansancio y distracción, pero no habrá paz. Fuimos el paradigma mundial del neoliberalismo. Ahora podemos transformarnos en el paradigma de cómo construir un país, un territorio distinto, uno sustentable, justo, participativo, más inteligente y sabio, más feliz. ¿Será mucho exigir?

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