Veronica Pinilla

Veronica Pinilla

Ph.D. en Políticas Sociales y Administración, de la Escuela de Sociología y Políticas Sociales, The University of Nottingham; Magíster en Gestión y Políticas Públicas de la Universidad de Chile; Administrador Público de la Universidad Central. Consultora Senior con más de 20 años de experiencia en el sector público, en temas vinculados a la reforma del Estado y modernización de las instituciones públicas, transparencia y empleo público. Docente de la Universidad de Valparaíso, y Autónoma. Panelista permanente de Radio la Clave, y Ciudadanos 360 de CNN.

8M: el desafío que tenemos por delante

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Este 8M 2020 estuvo marcado, una vez mas, por una participación desbordante de mujeres. Miles y miles de mujeres de todas las edades y condiciones sociales lograron sortear el calor abrasante de este día domingo, y le entregaron a Chile una señal de esperanza en lo que a demanda por más igualdad nos compete. La convocatoria fue un éxito sin precedentes, y las ganas de participación de las mujeres lograron este épico momento, que sorprendió por el talento de tantas de buscar formas entretenidas y visibles de manifestarse: bailes, cánticos, disfraces, cuerpos pintados, miles de carteles que querían transmitir el fin de las desigualdades, y lograrlo sin violencia.

En este sentido hay dos elementos que marcan, a mi modo de ver, las grandes desigualdades entre hombres y mujeres en Chile: lo mas visible es la desigualdad salarial, que pese a los esfuerzos que se han hecho, seguimos mostrando diferencias significativas de salarios entre hombres y mujeres. En este sentido, el World Economic Forum 2020 señala que las mujeres reciben el 60% de lo que reciben los hombres. Estas diferencias, además se ven profundizadas por condiciones estructurales que afectan la toma de decisiones, como es la reducida participación de mujeres en cargos directivos, y en la vida política en general. La política comparada señala que compañías mas diversas normalizan la posibilidad de incorporar en sus procesos productos a más mujeres, lo que favorece su inclusión y reduce brechas salariales. Los países que logran crear normas e incentivos para que más mujeres participen en la actividad económica del país logran también avanzar en normativa que incentivas a las mujeres a participar en otros ámbitos del desarrollo: la política, la ciencia, la tecnología.  Como muestra, el informe señala que solo el 25% de los escaños parlamentarios del mundo son ocupados por mujeres, lo que demuestra las dificultades a la que nos enfrentamos en todo el planeta.

Las condiciones educativas también actúan como brechas salariales para las mujeres. Para esto, las mujeres deben diversificar su educación, logrando mas participación de mujeres en profesiones que serán claves para liderar la cuarta revolución industrial: tecnología, ingeniería, inteligencia artificial. Este cambio no se producirá solo por la mera voluntad de las involucradas, sino por políticas educativas que impulsen nuevas carreras, que involucren al sector productivo activo del país, y en condiciones académicas favorables para que las mujeres se sientan convocadas en estas profesiones.

En complemento con lo anterior, sabemos que el orígen de estas diferencias radica en la forma como la sociedad entiende el rol de la mujer en la actividad económica, familiar y personal, y en este sentido el gran desafío es cultural. Chile ha logrado poner en el tapete de la discusión al femicidio como la peor cara de las desigualdades, donde la vida de las mujeres pierde importancia frente a la acción de un hombre que decide sobre su existencia como que fuera de su propiedad. No hay explicación racional alguna que pudiera esgrimirse, solo la vergonzante idea que las mujeres le pertenecen a sus parejas. Este fenómeno nos debe avergonzar como país, y las cifras muestran que al 2020 llevamos 7 femicidios perpetrados, la última fue una adolescente de solo 16 años de edad en manos de su ex pololo.

Las marchas del 8M son un paso adelante en esta lucha por la igualdad, mostrando que mujeres de todas las edades y condiciones quieren un país menos desigual y menos violento con ellas. Al mirar este marcha desde las calurosas calles de Santiago, se percibe que los que nos motiva es el dolor que produce la violencia, esa violencia física, fundamentalmente cultural, y que su erradicación depende de acciones conscientes  y permanentes, no solo de sancionar la violencia como un delito sino además de lograr crear políticas donde se prioricen a las mujeres, en materia de formación, capacitación, y educar a las nuevas generaciones que somos todos iguales, con los mismos derechos y deberes. Insistir en este cambio cultural debe ser la llave para lograr más igualdad.

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