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¿Acecho Populista?

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Imagen: Obra del pintor chileno, Roberto Matta

Populismo pareciera ser la palabra de moda en el debate público de estos días. Se usa a ratos para dar cuenta de comportamientos, iniciativas o políticas que satisfacen los intereses de las grandes masas, siendo su uso una manera de referirse al fenómeno de forma peyorativa.

Esta liviandad en la manera en que se trata un fenómeno -muy estudiado por la ciencia política durante parte importante del siglo XX- no puede utilizarse con el fin de intentar imponer las propias visiones de mundo o dogmas, acusando “pataletas”, particularmente en circunstancias complejas para la toma de decisiones como las que atraviesa el país.

La soberbia siempre es mala consejera. Hemos tenido tiempos turbulentos y estas han sido semanas agitadas, con la aprobación del retiro excepcional de un 10% de los fondos de AFP, por medio de una reforma constitucional, y la votación del veto presidencial sobre la ley que regula los servicios básicos, en una situación excepcional de pandemia, hacen necesario preguntarse, no sólo a la luz de las altas votaciones que produjeron sus aprobaciones, si estamos realmente, o no, frente a acciones populistas en un momento de complejidades únicas.

Parece razonable entre el ruido ambiente y la estridencia con que se defienden posiciones detenerse un momento, y observar que es realmente lo que estamos observando en nuestra política. Especialmente, en la forma en que llegamos a acuerdos, y lo mucho que está costando conversar, hecho que complejiza los grandes desafíos que están por venir en materia de acuerdos.

Lo decíamos la semana pasada, en este mismo espacio, el debate ha dado paso, muchas veces al tono equivocado, a la amenaza, la falta de respeto y una falta de estética del lenguaje, que no es aceptable en una democracia, también, y debe reconocerse se han transgredido o se ha estado muy cerca de transgredir las definiciones y límites del poder. Por diversas razones, y con distintas agendas, algunos creen poder avanzar sin respetar las reglas del juego demoliéndolo todo, pero los otros, en el otro extremo tiñen con una palabra cualquier discusión legítima y necesaria en la sociedad para inmovilizar cualquier avance.

Estamos ante un cambio epocal, un momento de quiebre entre una forma de haber construido un país y un nuevo momento, que hace más presente a sus ciudadanos, informados y empoderados, que hoy, ya no aceptan quedar fuera del debate público, lo que también mejora la calidad de nuestra democracia, la amplitud y complejidad en la toma de decisiones de los actores públicos frente a la ciudadanía. Un debate con más transparencia, con mayor conocimiento, y por lo mismo, con pasiones y argumentos sobre las deudas que como sociedad aún tenemos.

En marzo, conmemoramos en un momento difícil, 40 años de recuperación de la democracia, y aunque mucho hemos avanzado desde la democracia protegida que llevó años y profundas resistencias desmontar, pero cuyo texto constitucional allí continua, no fue fácil conseguir avances sociales largamente esperados por la sociedad chilena, que puesta contra la pared de la desesperación, ante una crisis generalizada, hastiada por el descrédito de las instituciones y el miedo a perder lo ganado, vivió en una crisis político-social, la forma de eclosión que observamos en octubre pasado. Luego, pandemia mediante, nos demostró los grandes problemas pendientes que presentaba el modelo chileno para enfrentar situaciones de excepción frente a la ortodoxia de algunos y un modelo a todas luces agotado.

Es difícil determinar aún, si estamos ante una oleada populista, como se ha descrito, más cuando la acusación viene de parte de los mismos que siempre auguran el acabo de mundo ante cualquier avance que los incordia. Hay algunos que ya se han acostumbrado a instalar su visión de la sociedad (si la tienen) por medio de la descalificación, señalando todo aquello que los afecte o no se acomode a sus posiciones como populismo, confundiendo éste con los legítimos intereses y necesidades que tiene una sociedad y que deben ser escuchados por sus representantes, especialmente por el Ejecutivo, lo que en estos largos meses no ha sucedido.

La discusión del retiro del 10% tuvo mucho de ello: Mientras los técnicos argüían, la falta de conocimiento ante la discusión, los representantes en el Congreso no pudieron hacer oídos sordos al sentir de millones de chilenos y chilenas que creen, y tienen motivos para hacerlo, que el sistema de pensiones chileno no está funcionando, y lo que es más grave, no asegura una vejez digna. Los cacerolazos de esta semana fueron ese sentimiento expresado en la necesidad que la clase política no estuviese solo amparada en el conocimiento técnico –o en los acuerdos a puertas cerradas, como se había concebido el funcionamiento de empresas básicas durante la pandemia- sino, tenía el deber de escuchar a una ciudadanía que se cansó de no ser parte de las discusiones, y de debates que llevan siendo largamente postergados y que los afectan.

Es curioso, ningún experto, adelantó o acusó de populismo al acuerdo que entre llamados telefónicos, en marzo de este año, llevó a las empresas de servicios básicos y el gobierno a pactar un acuerdo entre cuatro paredes. El grito en el cielo, sólo vino cuando un proyecto de ley avanzó en regular los mismos y el gobierno decidió a última hora su veto. Hoy el acuerdo alcanzado en ese momento, por el gobierno y las empresas, ha generado que muchos ciudadanos eleven su crítica por la medición en cuentas de luz y agua que aumentaron dramáticamente por tomas de servicios promedio durante la pandemia. La Superintendencia de Electricidad y Combustibles, inició cargos hace unos días, contra cinco distribuidoras eléctricas, luego de recibir más de 35.000 reclamos en el último mes por cobros excesivos.

El acuerdo gobierno-empresas, generó está situación, pero el reclamo de populismo por las empresas vino de parte de los mismos actores, para forzar el veto del Ejecutivo a la ley aprobada por el Congreso, recibiendo en el contexto descrito, la más apabullante derrota que se recuerde en un veto presidencial. Sólo 5 diputados apoyaron las observaciones al Presidente de la República, mientras 120 diputados de todos los sectores políticos votaron en contra del mismo ¿Populismo? ¿O el exceso de celo técnico, a puertas cerradas, no produjo también un hecho que demostró la falta de visión para enfrentar políticamente un tema tan sensible, en esta hora, como las cuentas de servicios básicos?

¿Estamos ante un momento populista, o esto es solo una crisis que auspicia cierta elite asediada por la forma como siempre se convinieron las cosas y que hoy cambia, una elite que se acostumbró al acuerdo de amigos por teléfono y se olvidó de las circunstancias de sus acciones? ¿Es parafraseando a un ex ministro una “pataleta” de los chilenos o de una elite que se acostumbró a hacer las cosas a su modo y demonizar cualquier otra solución? ¿No será también el tiempo que con elementos técnicos adecuados – que en este caso estuvieron sobre la mesa- también la ciudadanía aporte al debate en el tono adecuado? ¿No es necesario también que la política, en vez de tanto ruido y debate de matinal de televisión, se siente y entienda que hay conversaciones que no podemos seguir postergando al infinito? ¿No será también tiempo que la política en vez de atrincherarse en los acuerdos que se acostumbró, sea capaz, también, de hacer la pedagogía que se exige a sus representantes?

Cuando la técnica y las razones llegan tarde, y el miedo, la desesperación se toman la escena, ya se demostró que demorar las soluciones al infinito sólo aumenta la desazón en la actividad política. Por otra parte, el trabajo de los expertos, no es sólo servir de espacio a la falta de avance y caja de resonancia de lo que no se puede hacer, sino que debe leer los tiempos, ser capaz de buscar soluciones innovadoras y no asilarse, como ocurre muchas veces en Chile, solo en sus agendas ideológicas, muchas veces disfrazadas de conocimiento técnico.

Por último, pero no menos relevante, lo que sí está claro, es que cualquier debate debe darse en un espacio de respeto, diálogo democrático y deliberación decente y civilizada, donde se puede ser fuerte en las ideas, pero suave con las personas, de lo contrario se corre el riesgo que los de siempre, utilicen el tono como excusa para cancelar los cambios que la sociedad chilena tanto requiere y exige. El tono del debate no es lo mismo que el populismo, pero ambos pueden acompañarse de manera fatal para anular a quien opina distinto, a quien busca razonablemente aportar al debate público.

Nuestra historia es pródiga en ejemplos, no cometamos el mismo error esta vez.

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