Veronica Pinilla

Veronica Pinilla

Ph.D. en Políticas Sociales y Administración, de la Escuela de Sociología y Políticas Sociales, The University of Nottingham; Magíster en Gestión y Políticas Públicas de la Universidad de Chile; Administrador Público de la Universidad Central. Consultora Senior con más de 20 años de experiencia en el sector público, en temas vinculados a la reforma del Estado y modernización de las instituciones públicas, transparencia y empleo público. Docente de la Universidad de Valparaíso, y Autónoma. Panelista permanente de Radio la Clave, y Ciudadanos 360 de CNN.

Acierto

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No resulta sencillo calificar, desde varios puntos de vista, el proceso de consulta ciudadana no vinculante que organizaron y celebraron los municipios ayer domingo. Sostengo lo anterior, dado que, una consulta de esta importancia y envergadura, organizado por funcionarios del gobierno local y no el Servicio Electoral, sin duda adoleció de algunas debilidades organizacionales. Sin embargo, limitarse a descalificar o menospreciar el acto de consulta no vinculante, sólo por razones de organización electoral, parece no abordar la verdadera naturaleza de lo que ocurre en nuestro país, esto es, un proceso de refundación social y político.

Muchas veces en los momentos de profundas crisis sociales, la ciudadanía espera con una profunda fe, que algún acto simbólico, como un discurso, un acuerdo o una imagen, marque un punto de inflexión hacia una senda de avance y cambio, dejando atrás los momentos de enfrentamiento o violencia. Se recuerdan así batallas simbólicas, discursos emotivos e imágenes que quedan de forma indeleble en nuestra memoria. Sin embargo, cuando la historia aún está en movimiento, es imposible fijarla en un solo cuadro. Esto ocurre con la consulta municipal, es un momento de este proceso en pleno movimiento y, por tanto, su evaluación debe más bien apuntar si este episodio va o no en la senda correcta del proceso de cambio.

Desde 1996 en adelante, los estudiantes universitarios, secundarios, marcharon cientos de veces en Chile, pidiendo mejoras sustantivas en la educación. Luego vinieron lo movimientos ecologistas, en el orden local y nacional. Posteriormente profesores, trabajadores y finalmente, los millones de adultos mayores pensionados en el sistema de AFP. Sin perjuicio que hice un resumen abultado, el punto central es que cada expresión de manifestación social no violenta, en algunos casos con márgenes de violencia menor, eran demostraciones de la existencia de una ciudadanía que acusaba una representación crecientemente deficiente, buscando formas de entablar un diálogo social directo.

Si tomamos por cierta dicha afirmación, el estallido social se produce como la expresión lógica de la crisis de representación y sordera estatal a las demandas ciudadanas. Es en este particular sentido, que una consulta que abordó diversas materias, parece un acierto extraordinario de los alcaldes, dado que, han comprendido a cabalidad las desigualdades de la realidad social y la necesidad de manifestarlas en su expresión específica. Por ello, si la consulta abordaba o no la cuestión constitucional, no resulta de una relevancia capital, dado que, ese momento se generará dentro de este proceso y existe un acuerdo transversal sobre como y cuando llevarlo a cabo.

No hay duda alguna que este acto de consulta es un episodio del mayor acierto en el proceso de transformación social, político y cultural que vive nuestro país. Es verdad que existieron errores de logística electoral, pero que deben quedar en el marco de evaluación mayor al cual hemos hecho referencia.

En este punto, es fundamental que los municipios continúen innovando en las formas de dialogo social, dado que, son el gobierno más cercano a la ciudadanía y hoy más que nunca, han demostrado ser una herramienta vital del nuevo Chile que se viene asomando en el horizonte histórico nacional.

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