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Aislar la violencia, exigir respeto por el diálogo y los derechos humanos

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¿Qué ocurre en un país cuando el Ministerio a cargo de la salud de los chilenos, niega información de correos electrónicos al Ministerio Público arguyendo motivos de “seguridad nacional”, mientras la Fiscalía debe recurrir a la Corte Suprema para acceder a los mismos? 

¿Qué ocurre cuando quien acusado en la querella en cuestión es el Presidente de la República (que firma la querella como tal; esto es haciendo mención a su cargo), su ex ministro de Salud y subsecretarios? 

¿Qué pasa si a ello le sumamos que una funcionaria que se negó a cambiar los números de contagios “por instrucción del Gabinete del ex ministro” dice su verdad en una declaración ante la Fiscalía (la que luego es ratificada por varios funcionarios del Ministerio), y el abogado del Presidente y el ex ministro acusa que “tomará acciones legales” contra los testigos.

¿Qué ocurre mientras Carabineros –la otrora institución respetada- se descompone entre devoluciones de más de $30.000 millones de pesos (lo mismo que cuestan 30 kilómetros de pavimento de Carretera Austral o un Centro de Salud Familiar)? ¿Qué pasa cuando esta institución viola sistemáticamente los derechos humanos llegando a la descomposición entre violencia y mentira que hemos apreciado? ¿Resulta normal que el Gobierno en más de 10 meses no haya hecho absolutamente nada para modernizar, intervenir o reformar Carabineros de Chile y el resultado sea un joven lanzado de cabeza desde un puente?

¿Cuáles son las consecuencias para una democracia, cuando investigado el hecho del joven arrojado por un Carabinero, se destituye al funcionario, pero se amenaza a la Fiscal a cargo de la investigación con una carta entregada a uno de sus hijos? ¿Qué consecuencias tiene para lo anterior que un senador de la República diga que “las amenazas a la fiscal son sin llorar, que son justificadas cuando uno investiga políticamente”? ¿Qué pasa cuando el ministro del Interior y Seguridad Pública, quien está a cargo de las fuerzas policiales, condena tímidamente el hecho y le agrega un “pero” “se lo he dicho personalmente a la fiscal que esto puede pasar cuando se hace política investigando”?

¿Qué ocurre cuando cada pésimo movimiento del Gobierno es fruto de acusaciones constitucionales por cualquier hecho, olvidando que esta es una herramienta de ultima ratio y se abusa de ella? ¿Qué ocurre cuando la prensa tergiversa de manera brutal el contenido de un titular en una entrevista al presidente del Partido Comunista, pero este a su vez tampoco realiza una condena explícita a la violencia como se espera de un actor político en una democracia? ¿Cuáles son las consecuencias que en una manifestación por parte del rechazo a la Nueva Constitución, jóvenes vestidos con indumentaria nazi saluden con el característico brazo en alto y ello no sea condenado y aborrecido por todos los sectores?

El listado de preguntas podría continuar eternamente. 

A días de concurrir a votar a una elección histórica para dar inicio al proceso constituyente, es necesario serenar y exigir mesura a los actores públicos, pero también acallar con la fuerza del voto a los estridentes y fanáticos de siempre. Preocupa de sobremanera como se exige a nuestra democracia en una crisis profunda de confianza, lo que sus actores no son capaces de cumplir, entendiendo que cuando se ejercen cargos públicos se tiene una responsabilidad pedagógica ante los ciudadanos. No hay texto constitucional, ni menos conversación serena para conseguir una discusión del país que queremos, cuando de frente a los problemas no puede abordarse más que con incontinencia electoral, irresponsabilidad o lisa y llanamente no comprendiendo el cargo que se ejerce, más aún cuando las señales que se emiten a la ciudadanía vienen de parte de altas autoridades del país. Con ello no debe auspiciarse en ningún caso la inmovilidad o lo que es peor volver atrás como algunos ansían tardíamente, el país cambio, pero es necesario abordar ese cambio procesándolo con responsabilidad, inteligencia y calma.

Por lo anterior, ante un Gobierno en la más absoluta de las derivas, un Congreso que aún no encuentra su manera de presionar a un Gobierno que demuestra su incapacidad, lentitud y falta total de capacidad para enfrentar los problemas –tanto que a veces da la impresión de estar esperando su fin, pidiendo tiempo para intentar gobernar- llegó la hora que los ciudadanos, los miles y miles de chilenos que emprenden, que trabajan y quieren vivir en paz, pensando en el futuro de sus hijos y nietos se vuelquen a las urnas en tranquilidad y demuestren la sabiduría que la historia de Chile, nos ha enseñado, el ciudadano ha practicado con inteligencia, ponderación y mesura, alejándose de quienes quieren refundar de un plumazo a punta de gritos, insultos y amenazas lo que tanto ha costado construir.

Aprobar un nuevo proceso constituyente, es un acto de libertad para creer en el futuro, es muy probable que dicho proceso se inicie con la alegría de un nuevo momento que augura esperanza. 

Por lo mismo, es tiempo que junto con aprobar los ciudadanos, tomemos la responsabilidad de lo que viene en nuestras manos, y nos hagamos cargo participando de aislar la violencia, ser parte del dialogo fecundo y democrático que siempre ha caracterizado a Chile. 

Se puede y es tiempo, lo que viene es demasiado importante para entregarlo solo a quienes creen que con el paroxismo de la violencia, y no con el dialogo sereno se puede construir el futuro. Nuestra historia nos lo ha enseñado, es el momento de hacerlo más que nunca.

Foto: Obra del pintor chileno, José Balmes.

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Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

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