Miguel Yaksic

Miguel Yaksic

Licenciado en filosofía y teología y máster en ética social. Desde diversas veredas ha estado vinculado a lo político y la ética pública. Ha trabajado en la formación de trabajadores, en la promoción de los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas, en el desarrollo de competencias interculturales, en consultoría y docencia universitaria. Actualmente trabaja en el Consejo para la Transparencia y es profesor adjunto de la Escuela de Gobierno UC.

Allard, Briones y Castro en Enade

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No estuve en la Enade, pero vi en la página de Icare las presentaciones del arquitecto Allard, el ministro Briones y el alcalde Castro. Había escuchado y leído muchos comentarios muy positivos acerca de lo que dijeron y de cómo lo dijeron. Los tres recibieron grandes aplausos.

Castro habló de lo que él mismo viene diciendo hace tiempo. De la desigualdad territorial que es culpa del Estado que ha preferido los barrios ricos a los barrios pobres. Habló de la Renca herida por las cicatrices de las autopistas que parten barrios por la mitad y alejan a los vecinos de los servicios, habló de las plazas de tierra, de los paraderos sin paradero y de las diferencias entre Américo Vespucio Oriente que está siendo construido bajo tierra y con un subsidio estatal de USD 400 millones versus el resto de la circunvalación sobre la superficie. Habló de la desigualdad en la repartija de los carabineros y de los esfuerzos que hacen las personas-de-esfuerzo para hacerse la vida mostrando que la teoría del mérito es un invento de los ricos.

Briones citó a Kahneman para hablar de psicología económica y de los sesgos que intervienen en nuestras decisiones. Mostró cuánto y cómo ha mejorado Chile en desarrollo humano, cobertura en educación superior, crecimiento económico y PIB per cápita hasta situarnos como -antes- la primera y -ahora- la segunda economía (no en tamaño absoluto, ciertamente) de América Latina.  Nos recordó que Chile acaba de ingresar al club de los 23 países con democracias plenas, según la Economist Intelligence Unit. Nos recordó los éxitos que todos los patriarcas de la Concertación han salido a defender a propósito del eslogan del estallido “no son 30 pesos, son 30 años”.

Pero no se quedó en la complacencia. Supo reconocer también los errores, que no son solo de este gobierno, sino que de todos. Y retomó la idea de la desigualdad, no sólo económica, sino en el trato, en las oportunidades y en las relaciones de clase.  Con otras palabras, dijo lo mismo que Castro, que los frutos que da la vida y el esfuerzo no dependen del mérito sino de la cuna.

Citó también a Zingales, el economista italiano que enseña en Chicago y que estuvo en el Congreso del Futuro hablando de lo que está en sus libros: que el mercado necesita de competencia limpia y libre de compadrazgos.  Citando a Zingales, Briones aprovechó de hacer algo que nunca había visto en un ministro de hacienda de un gobierno de derecha: tirar las orejas a los empresarios. Lo hizo con delicadeza y con educación, como es su estilo. Pero también fue claro. Se mostró sorprendido de que el Estado haya tenido que sacar una ley para asegurar que las empresas le paguen en plazos razonables a sus proveedores. Se mostró sorprendido de las trabas que ponen algunas empresas para que las personas se cambien de servicio, recordó la ordinariez de la colusión y no se amilanó al cargar contra los aspectos tribales y endogámicos del empresariado chileno.

Allard, a su turno, miró las razones del estallido a partir de los problemas de la ciudad. También partió alabando los progresos de los últimos años y lo bien que lo ha hecho Chile en tantos aspectos. Pero supo reparar en los errores. Esta vez de la política habitacional y urbana. Que urgida por descomprimir el mundo de los allegados y de los campamentos se entregó a la cobertura. A la construcción de viviendas sociales en territorios periféricos alejados de las fuentes de trabajo, en casas de muy bajos estándares y barrios no equipados. Comparó una foto de su hijo mirando cisnes de cuello negro en el Parque Bicentenario con un niño jugando con un perro muerto sobre unos basurales en Bajos de Mena. Nos recordó la desigualdad y la segregación territorial, la construcción de guetos, las familias encerradas tras los barrotes autoimpuestos de sus casas, el deterioro del capital social, la muerte del tejido social, la falta de oportunidades, el desaliento y la falta de cohesión.

Si no lo ha hecho, recomiendo entrar a la página de Icare y ver estas presentaciones. Puede aprovechar de mandar los links por guatsap a sus amigos y familiares o postearlos en sus redes sociales. Son tres intervenciones bien hechas, bien articuladas, fundadas en datos y evidencia y dichas con respeto y sin la agresividad que tanto abunda en estos días.

Pero a pesar de lo anterior, hay una cosa que me sorprendió mucho. Que, si bien son presentaciones brillantes, dicen cosas ultra conocidas y ultra sabidas. No estaban diciendo nada nuevo.  Y aun así me imagino a los asistentes sorprendidos, escandalizados y culposos.

Los diagnósticos sobre las causas de la crisis y el estallido ya los conocemos. Los hemos leído y escuchado tantas veces. Abundan en la academia, en las columnas, en la literatura y en los seminarios. Y, sin embargo, nos seguimos sorprendiendo. El contraste de un niño mirando cisnes en un parque y de otro jugando en un basural es más viejo que el hilo negro. Los mapas que muestran el cono nororiente de Santiago como el territorio más privilegiado de la ciudad los hemos visto tantas veces. Y, sin embargo, nos seguimos sorprendiendo del país que hemos construido.

Nos sorprende la violencia, el conflicto y la falta de diálogo, pero no nos hemos detenido a reparar en que no ha habido condiciones de posibilidad para un diálogo igualitario entre todos. El problema es que, si bien los diagnósticos los conocemos, la salida no está fácil. La pregunta es cómo pasamos a propuestas y proyectos innovadores, audaces y generosos. Quizá la próxima Enade podría tratarse de eso. De cómo los grandes empresarios nos sorprenden con propuestas que agreguen valor social a sus empresas.

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