Pablo Velozo

Pablo Velozo

Abogado de la Universidad de Chile. Magíster en Dirección de Personas y Organizaciones de la Universidad Adolfo Ibáñez. Socio fundador de ANVE abogados. Ex secretario general y ex presidente del Tribunal Supremo del Partido Socialista de Chile.

Amnesia Colectiva

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Hace unos años conversaba con mis padres sobre la literatura de Haruki Murakami. Confieso que en esa época leí casi todo lo que escribió, pero hace ya un rato largo que lo he abandonado.

Esa vez mis padres comentaban con horror aquella escena espantosa relatada en la novela “Crónica del Pájaro que da cuerda al mundo”, que muestra como soldados japoneses proceden a degollar vivo a un soldado chino durante la guerra de Manchuria. Murakami describe en tercera persona cada detalle, que incluye la agonía de la victima y el horror que va desintegrando la conciencia del narrador.

Son muy pocas las personas que han leído a Murakami y que no me hayan comentado en estado de pánico dicha escena.

Muchos de ellos pertenecen o pertenecieron a la izquierda opositora a Pinochet.

Podría abundar con otros ejemplos, como las muchas veces que amigos y parientes  me han relatado con asco y asombro las escenas de los asesinatos del libro y luego película “American Psycho”, del escritor estadounidense Bret Easton Ellis, recogidas de manera genial en la novela negra de Pierre Lemaitre Irene.

Esta la primera de la serie del comandante Camille Verhoven. En “Irene”, Lemaitre hace un repaso de las escenas más espantosas de varios autores talentosos de la novela policial, como por ejemplo el brutal asesinato relatado en la “La dalia Negra” de James Ellroy. Sumemos varias escenas terribles de la serie del detective Charlie Parker de Jhon Conolly, o las brutalidades perpetradas por los asesinos a los que persigue implacablemente el inspector Harry Hole, creado por el noruego Jo Nesbo.

Y usted ya se estará preguntando a que viene tanta cita. Lo relevante no son las citas, sino los múltiples comentarios de asombro que he escuchado durante años por parte de empedernidos lectores chilenos que sufren con tanta sangre y violencia.

Cada vez que me las comentan, empiezo a pensar en lo escindido que es nuestra psique, sobre todo la de aquellos que somos mayores de 45 años; que vimos, vivimos y supimos de la brutalidad de la dictadura en sus propios cuerpos en boca de las víctimas.

Se nos ha olvidos como Fernández Larios descuartizaba chilenos, con su corvo, en el cuartel de exterminio ubicado en la calle Simón Bolívar en la comuna de la Reina, o las brutalidades sin nombre que acometía sobre sus victimas el desquiciado asesino serial Krassnoff.

Ni los libros de Javier Rebolledo, que relatan en detalle todas las brutalidades, sin el talento narrativo de los autores antes citados, ni las miles de fojas de los procesos llevados por los jueces Madrid, Carroza y Vásquez, entre otros, son suficientes para que tomemos conciencia que nuestro país fue escenario de las más inimaginables atrocidades cometidas sobre los cuerpos de miles de compatriotas y extranjeros. Parece que es más fácil negar la historia reciente y seguir asombrándonos con la fantasía de los llamados escritores de la “novela policial”, que aceptar que seguimos viviendo nuestra propia y permanente novela negra.

No hemos sido capaces de atrapar a la gran mayoría de los cruentos asesinos. Varios están aún libres de castigo y otros tantos se han muerto tranquilos en sus propias casas, negando una respuesta satisfactoria a la mayoría de los familiares y amigos de las víctimas. Es decir, preferimos vivir en la fantasía alienante de la ficción donde el detective de turno siempre termina encarcelando o matando a los victimarios.

Me temo que los chilenos seguiremos sufriendo con la sangre de las películas y novelas y seguiremos olvidando a nuestros muertos.

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