Eugenio Severin

Eugenio Severin

Cofundador y director ejecutivo de “Tu clase, tu país”. Ha sido consultor internacional en educación para instituciones como UNESCO, BID, Banco Mundial y otras. Fue Especialista Senior en la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo desde el 2008 hasta 2012. Trabajó desde 2003 y hasta el 2008 en la Fundación Chile. Fue Jefe de Gabinete del Ministerio de Educación de Chile entre el 2000 y el 2002 y luego fue Director Nacional de la Oficina de Asuntos Ciudadanos del mismo Ministerio.

Año escolar en modo coronavirus

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Es imposible asegurar lo que va a ocurrir con la pandemia y su impacto en los procesos educativos. La imprevista emergencia no sólo ratificó las dificultades que ya tenían al sistema escolar cuestionado por educadores, estudiantes y expertos, sino que también desnudó carencias que algunos pensábamos más resueltas, como la conectividad de las escuelas o el desarrollo de las habilidades digitales de docentes y estudiantes.

Probablemente por lo mismo, las autoridades educacionales han actuado con moderación. Excesiva moderación, a mi modo de ver. En general, la apuesta del MINEDUC desde marzo ha sido la de que esta crisis tendrá un impacto temporal en el ciclo educativo. Por algo desde marzo el MINEDUC ha anunciado planes y protocolos de retorno seguro, y el ministro ha repetido una y otra vez que no sabemos cuándo, pero las escuelas deben estar preparadas para que la vuelta a clases ocurra en cualquier momento. 

Esta actitud de aguante mientras dura la emergencia, de “mientras tanto”, ha tenido consecuencias complicadas, especialmente en nuestra realidad de conocida desigualdad. 

Sin claridades ni certezas, las escuelas se han dedicado a improvisar de la mejor manera posible, algunas con éxito y otras no, con acciones dedicadas y comprometidas de miles de docentes, a veces heroicos. El “mientras tanto” no deja espacio para el mediano y largo plazo, para diseñar y construir opciones más sistemáticas. Se trata de aguantar y seguir nadando, aunque todavía la playa no esté a la vista.

Es cierto que no podemos saber cuándo será posible el retorno seguro. Pero si miramos la experiencia de otros rincones del mundo y seguimos las explicaciones de científicos, hay algo que sí es posible afirmar. Clases “normales” en todo el sistema escolar, como las que se tuvieron la primera quincena de marzo, no habrá este año. Y probablemente tampoco el próximo. 

Mientras no se termine el proceso de desarrollo y pruebas de una vacuna, y ella esté no sólo inventada, sino fabricada, distribuida y aplicada en cantidad suficiente para asegurar la inmunidad de nuestros niños y niñas, lo que salvo un milagro, no ocurrirá hasta el segundo semestre de 2021, no es posible imaginar un año escolar normal para todos, ni padres dispuestos a llevar a sus hijos a la escuela.

Tal vez en alguna localidad y comuna. Tal vez en algunos niveles, con turnos y con intermitencias. Pero es un hecho, que tenemos que entender que en los próximos 18 meses probablemente tendremos que diseñar y proponer un “modo coronavirus de educar”, que es mucho más que aguantar y estar preparados para volver en cualquier momento. Es cambiar las condiciones que permitan a los profesores, las escuelas y las familias enfrentar la etapa que viene de manera que haga posible el aprendizaje, garantizando el cuidado de todos.

La primera medida es comunicar asertivamente esta realidad desde las autoridades, para que las escuelas tengan un horizonte más claro, y puedan consecuentemente, tomar decisiones de mediano y largo plazo. Lo segundo es asegurar acceso a dispositivos y conectividad a todos los estudiantes y docentes de Chile, nadie puede quedar fuera de esta cruzada. Lo tercero es apoyar a los docentes con recursos, capacitación y apoyo continuo, para que puedan transformar sus prácticas. 

Todo lo anterior requiere fijar claramente los focos de la política pública para ofrecer tranquilidad y propósito a escuelas y liceos. La priorización del currículo y la suspensión del SIMCE (más vale tarde que nunca) van en la dirección correcta, pero también garantizar el financiamiento, generar normas que flexibilicen asistencia, apoyar a los equipos directivos y tener medidas y protocolos diferenciados, dependiendo de la realidad de cada localidad y escuela.

Enfrentar el tiempo que viene requiere de la creatividad y la generosidad de todos los actores educativos. No existen manual ni receta y cada uno, autoridades, expertos, docentes, escuelas, estudiantes y familias, tendremos que hacer nuestro mejor esfuerzo de colaboración y compromiso, en favor de niñas, niños y jóvenes para los que, su derecho a una educación de calidad, no puede ser suspendido.

Más del autor

Ahora o nunca

Los próximos meses serán de emergencia, de dar respuesta concreta a los desafíos de la educación masivamente remota. Pero también deben ser una oportunidad para preguntarnos seriamente, qué educación queremos proponer a los estudiantes cuando en 2021 o 2022 podamos volver a la “nueva normalidad educativa.

Más para leer

Castillo de Naipes

La sesión del pasado martes 8 de julio en la Cámara de Diputados pasará a la historia como una de las sesiones más cruentas de las que se tenga memoria en contra de un gobierno. Ni las propuestas ni la lealtad ni la disciplina, lograron alinear a los diputados oficialistas en torno a las propuestas de su propio gobierno. Ese día en esa sala, el piñerismo se derrumbó como castillo de naipes.

Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

Suscríbete a nuestro Newsletter

¡Mantente al día con las novedades de Entrepiso y suscríbete para que la información llegue directamente a tu correo electrónico!