Gloria De la Fuente

Gloria De la Fuente

Es cientista política de la Universidad Católica de Chile y doctora en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Presidenta de la Fundación Chile 21, miembro del Consejo directivo del Consejo para la Transparencia y miembro del Consejo Asesor permanente para la Reforma del Estado. Es también columnista y colaboradora de diversos medios de comunicación.

“Araña” o como el pasado debe hacernos reflexionar sobre el presente

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Debo confesar que salí conmovida después de ver “Araña” de Andrés Wood en el cine, no se preocupe el lector, si no vio la película, no es mi intención hacer un spoiler. Quiero simplemente compartir mis reflexiones después de presenciar una obra que me parece una gran película del cine chileno, que esperemos tenga una oportunidad, dado que ha sido nominada por la Ministra de la cultura y las artes como una de las pre seleccionadas a los premios Oscar para competir como mejor película extranjera.

Cuento a grandes rasgos la trama. Se trata del encuentro, 45 años después, de tres ex miembros del Frente Nacionalista Patria y Libertad – un movimiento paramilitar de ideología nacionalista fascista que surge en Chile en la década de los ’70- que, puestos en el presente, se enfrentan con sus propios fantasmas y ponen también a prueba sus convicciones.

Esta es una cinta que es un fiel reflejo de lo que hace el cine en nuestras vidas, ayudando a crear y recrear las escenas de nuestra cotidianeidad y de nuestra sociedad, poniéndonos frente al espejo, auscultando nuestros propios miedos y paradigmas. Tras ver “Araña”, e independiente de la parte del espectro político con la que cada cual se sienta identificado, es imposible no pensar cuan presente puede estar un pasado que significó una fractura relevante en nuestro país (una “coyuntura crítica” diríamos desde las ciencias sociales), pero sobre todo, cuanto hemos logrado incorporar esos aprendizajes para la construcción de futuro. No es poca cosa que la película se haya estrenado apenas un par de semanas antes de septiembre, un mes donde inevitablemente la memoria del golpe y de la dictadura cívico- militar vuelve al debate público.

Pero “Araña” no es sólo pasado, es también presente, porque nos obliga a interrogarnos cuan peligrosa se torna para una sociedad la polarización, la intolerancia y el debilitamiento del debate público. Cuan amenazante se hace la arena de la discusión política cuando la lógica amigo- enemigo se impone a la natural diferencia que debe existir en democracia entre seres humanos que piensan distinto, pero donde el respeto a la dignidad humana no debe estar jamás en cuestión.

En uno de sus tantos celebres libros el politólogo argentino Guillermo O’Donnell nos recordaba que “la democracia o, mejor, la democratización, es un movimiento interminable…la práctica de la democracia es un acto de auto- pedagogía colectiva, una paideía”. Nuestro país y muchos países de la región y también del mundo, han debido incorporar estos aprendizajes a sangre y fuego.  He ahí el profundo significado que tiene preservar la memoria colectiva, ahí donde la vocación por la inmediatez nos arroja compulsivamente al lenguaje altisonante, a la cosa pequeña y a la escasez de perspectiva para mirar el futuro. Mal que mal, lo que está en juego es la sociedad que queremos construir.

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