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Artículo de El País: De artesanía indígena a firmas de lujo: así convirtió RBG los cuellos de su toga en un símbolo feminista

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Si algo tienen en común todos los retratos, dibujos e imágenes con los que estos días, tras su fallecimiento a los 87 años el pasado 19 de septiembre, se ha recordado a la juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos Ruth Bader Ginsburg es que en ellos la magistrada siempre luce los emblemáticos cuellos con los que ponía su sello personal sobre las togas. «Los cuellos que lucía Ginsburg eran más que una sutil declaración de intenciones cada vez que entraba en la sala», aseguraba un artículo publicado en The Washington Post. Para ella eran una forma de manifestar su opinión, subrayar la relevancia de ciertas ocasiones y, ante todo, una declaración abierta de su lucha feminista.

Ruth Bader Ginsburg y Sandra Day O’Connor decidieron personalizar sus togas. En la imagen, ambas con sus compañeros del Supremo en 2003. 

Porque su decisión inicial de modificar el atuendo tradicional de los jueces imprimiéndole una personalidad propia partió de un micromachismo asumido por todos que ella observó –y quiso cambiar– en la vestimenta oficial. Lo explica en primera persona en el documental de 2018 RBG, disponible en la plataforma Filmin: en él, la juez relata que ella y su colega del Tribunal Supremo Sandra Day O’Connor (las dos primeras mujeres en llegar a este cargo) decidieron rebelarse contra un uniforme que creían pensado solo para el sector masculino de la judicatura. «La toga estándar está diseñada para los hombres, porque deja un espacio para que se vean la camisa y la corbata, así que Sandra Day O’Connor y yo pensamos que sería apropiado incluir como parte de nuestro atuendo algo más típico de una mujer», precisó Ginsburg en una entrevista a The Washington Post. Con esta decisión ambas hicieron historia, llevando toda una declaración de principios a los posados oficiales del tribunal.

En el documental sobre la jueza, dirigido por Julie Cohen y Betsy West, la magistrada muestra su colección de cuellos. 

Pero Ruth Bader Ginsburg pretendía que su reivindicación fuera más allá. Sus cuellos –de encaje, de pasamanería, de cuentas… todos perfectamente ordenados en un armario, colgados en perchas junto a sus togas, o conservados en cajas para que no se estropearan– tenían un significado profundo para ella, que mostraba con la elección de cada uno de ellos sus opiniones. Expresaban un código oculto. En el documental muestra uno, regalo de los asistentes jurídicos, que utilizaba «para anunciar las sentencias mayoritarias». Además, cuenta que tenía otro, negro con piedras plateadas, «para manifestar las opiniones discrepantes». Y eligió ese ‘cuello de las discrepancias’, por ejemplo, el día después de la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. La pieza se hizo tan popular que incluso hay páginas web que venden réplicas.

Toda la iconografía que recuerda a la jueza destaca sus emblemáticos cuellos. 

Lo que comenzó como una reivindicación para la juez se acabó convirtiendo en una tradición, por eso tanto particulares como instituciones le regalaban collares y cuellos. La Universidad de Hawái le entregó uno de encaje y conchas de las playas locales y un fan de Reddit le envió otro, también de encaje, que hizo a mano para la magistrada. Ella le respondió en la plataforma diciéndole que lo llevaría a menudo en reconocimiento de su labor artesana y su cariño.ReproducirTrailer documental Ruth Bader Ginsburg

El inicio de su colección, según le contó en 2014 a la periodista Katie Couric, a quien le abrió el armario de su oficina para mostrarle todos los que poseía, se remontaba a cuando era juez en la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia Circuit. Todo empezó con un regalo de la juez canadiense Claire L’Heureux-Dubé y a partir de ahí esa colección no dejó de crecer con el paso del tiempo. «Ahora me llega uno, al menos, una vez a la semana, de todos los rincones del mundo. La gente me regala dos cosas: cuellos y coleteros», dijo la magistrada a principios de año en una charla en la Universidad de Georgetown.

Muchos de los cuellos eran regalos que recibía

Además, con cada elección de uno de estos complementos para sus apariciones públicas, la magistrada enviaba mensajes: según Town & Country, la pieza de la firma Stella and Dot que llevó cuando se propuso la incorporación al Supremo del polémico Brett Kavanaugh quería decir que «no soy su fan» y había sido llevada también por famosas como Kim y Kourtney Kardashian. RBG reconoció que su cuello preferido era uno procedente de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, que eligió para el retrato oficial de su 20º aniversario en el Supremo y también para asistir al primer discurso del presidente Barack Obama ante el Congreso de Estados Unidos, en 2005.

Pero esta tradición de los cuellos inaugurada por Ginsburg y O’Connor parece no haber tenido continuidad en la Corte Suprema. Cuando Sonia Sotomayor, la tercera mujer en la institución, llegó al tribunal en 2009, Ginsburg le regaló el cuello que había llevado cuando la invistieron, pero ni ella ni Elena Kagan (que se incorporó en 2010) han mantenido la costumbre de llevar estos complementos en sus sesiones. De momento, el icono de la jueza con los cuellos llamativos seguirá siendo Ruth Bader Ginsburg.

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