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Artículo de El País: Dieter Rams, la ética de un exprimidor

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Por Anatxu Zabalbeascoa // Contenido publicado en El País

Un diseñador es un crítico que hace una propuesta”. Así definió el alemán Dieter Rams (Wiesbaden, 88 años) su trabajo hace 40 años. Por entonces Gillette contrató al equipo de diseño de Braun, que él dirigía, para conseguir la mejor maquinilla de afeitar de la historia. Rams echó mano de una mezcla de metal y plástico para asegurarse de que el mango no resbalase. La cabeza basculante y sustituible servía para apurar el afeitado y para que el producto durara en el tiempo. Gillette invirtió 200 millones de dólares en anunciar el sencillo pero ingenioso invento durante la Super Bowl de 1989. Tardó pocos meses en vender 21 millones de maquinillas: la más comprada de la historia. El producto respondía al anuncio. También el precio. El historiador Klaus Klemp se ha dedicado a reunir en un catálogo razonado los 60 años de producción de Rams. La obra completa del diseñador que inspiró a Steve Jobs. Y la editorial Phaidon acaba de publicarlo. Están todos los productos, por eso está el pasado y también el futuro. Rams fue Braun y Braun fue Rams —aunque ocasionalmente diseñara para otras empresas—. Juntos construyeron una marca que defendía la honestidad en los productos. Y juntos sirven de inspiración a muchas firmas actuales.

¿Qué es un diseño honesto? Para Rams, la sencillez es la máxima sofisticación. Y esa fue, justamente, la idea que Steve Jobs anotó en el primer folleto que publicó Apple. Lo cuenta Walter Isaacson en su biografía: “Se trata de controlar la complejidad, no de ignorarla”. Dejarlo todo a la vista y hacerlo comprensible está en el ADN de Apple. Un principio que estaba ya en Rams, quien hoy se siente halagado por servir de inspiración, si bien nunca ha tenido ordenador.

Isaacson cuenta en su biografía del fundador de Apple que este convocó un concurso para elegir a un diseñador que representara para Apple lo que Rams había supuesto para Braun. Jonathan Ive tomó nota: se basó abiertamente en un transistor que Rams había diseñado con el equipo que dirigía en 1958 para dibujar el Ipod. Para el resto, se planteó reducir hasta donde fuera posible. Su objetivo se acercó a Rams física e intelectualmente: no seguir las modas para no pasar de moda. La diferencia es que los productos de Braun duraban en el tiempo y la tecnología de Apple no responde igual a esa idea de permanencia.

Dieter Rams fue durante 40 años el alma de la empresa Braun. Uno de sus productos más famosos, el exprimidor Braun Citromatic, es hijo de Braun Española, la empresa que nació cuando la casa alemana adquirió la marca barcelonesa Pimer en 1972. Por eso ese producto lleva, además de la de Rams, la firma de Gabriel Lluelles, el diseñador de Pimer. En 40 años de trabajo para Braun, a Rams le permitieron que ideara estanterías, sillas o mesas para otros fabricantes como Niles Vitsoe y Otto Zapf. Toda esa obra queda por fin catalogada.

El alemán recogió en 2008 sus ideas en un decálogo que supone también una idea del mundo. En él define el mejor diseño como: útil —capaz de contemplar razones funcionales, ecológicas y psicológicas—, estético —lo bien hecho es hermoso—, innovador —no vale solucionar lo ya solucionado—, comprensible —fácil de usar— y honesto —ni intenta falsificar el valor o la innovación del producto ni trata de manipular al consumidor mediante promesas de una utilidad hiperbólica—. Para Rams, el mejor diseño también es discreto porque la sobriedad facilita el bienestar. Es, por supuesto, duradero: permanece física y funcionalmente y es, además, atemporal. Por eso respeta el medio ambiente conservando recursos y minimizando la contaminación. Para el histórico diseñador alemán, menos pero mejor significa mejor hecho, más preciso, más esencial, más hermoso y más funcional.

Hoy, el autor de balanzas, tocadiscos, relojes, afeitadoras, batidoras o radios —514 diseños para Braun— dedica sus días a cuidar el jardín japonés de su casa de Kronberg. Aunque dejó temporalmente los estudios para aprender a ser carpintero como su abuelo, Rams es arquitecto de formación. Trabajó para Skidmore, Owings y Merrill durante un año, pero el único edificio que ha construido es la casa que, desde hace 60 años, comparte con su esposa, la fotógrafa Ingeborg Rams. En esa vivienda blanca, situada al norte de la ciudad de Fráncfort, justo donde se encuentra la mayor fábrica de Braun, el protagonista es el jardín que cuida con ahínco y la piscina donde, todavía hoy, nada cada mañana. El interior también es blanco por una razón: según Otl Aicher, su maestro de la Escuela de Ulm que sustituyó a la legendaria Bauhaus en Alemania, la decoración son las cosas, los libros, las fotografías y las plantas del matrimonio. Y entre esas cosas están sus electrodomésticos, sus estanterías y sus asientos, que acumulan décadas de uso y son de una irreductible modernidad. Desde esa perdurabilidad en el tiempo se entiende que Dieter Rams sea considerado hoy un precursor en la defensa de la sostenibilidad.

“Solo a través de la colaboración y el diálogo se puede dar forma sana y sabia al mundo”, asegura en el libro de Klaus Klemp. Cuenta que cualquier nacionalismo le espanta. “El objetivo es unir, no desunir”. Y asegura que diseñar no es solo dar forma, es también definir la vida de las personas, construir cómo viviremos unos con otros. “El diseño puede promover la unión o destrozarla”.

Por eso Rams, que ha dedicado décadas y décadas a hacer objetos que duran física y visualmente, invita a los nuevos diseñadores a que se planteen si lo que están proyectando es realmente necesario o si ya existe algo que cumpla esa función. También pone a pensar a los consumidores: “Lo importante es saber para qué hacemos y compramos los objetos. ¿Enriquece nuestra vida o solo apela al estatus? ¿Es reparable? ¿Duradero? ¿Es fácil de usar? ¿Conseguiré dominarlo o me dominará?”. Esa última pregunta es clave. Y en 60 años de vida profesional la receta que nunca le ha fallado a Rams ha sido su mantra de siempre: “Menos, pero mejor”. También aplicable a la producción: “Con menos recursos y más basura, ¿hacia dónde va el planeta?”. No puede ser que solo las catástrofes nos hagan cambiar, se lamenta. “El nosotros debe ir por delante del yo. Tal vez la mayor responsabilidad del diseño sea iluminar el caos en el que vivimos hoy”. 

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