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Artículo de El País: Los árboles se toman su revancha en las librerías

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Por Guillermo Altares // Contenido publicado en El País

Los árboles han regalado millones de libros a la humanidad. Y ahora están recuperando el espacio que cedieron. Aunque el papel se inventó en China hace casi dos milenios, el uso masivo de la madera para fabricar pulpa de celulosa no se generalizó hasta la revolución industrial a finales del siglo XIX. Antes se utilizaban otros materiales naturales como el lino o el cáñamo: entonces los libros se apoderaron de los árboles. Millones y millones de ejemplares han sido cultivados y cortados para producir hojas, aunque cada vez más se recurre al papel reciclado. La difusión masiva de la cultura escrita es una de las muchas contribuciones de los árboles a la humanidad.

En los últimos años, los libros –en forma de ensayos o novelas, de volúmenes ilustrados o de pequeño formato– han comenzado a pagar su deuda con los árboles, convertidos en los guardianes del planeta ante el cambio climático. Muchas editoriales se han volcado en un género llamado “escritura sobre la naturaleza”, en el que los árboles ocupan un papel esencial. Resulta imposible resumir todas las obras sobre bosques publicadas en los últimos tiempos, pero aquí va una pequeña selección.

Richards Powers. El clamor de los bosques. Traducción de Teresa Lanero. Alianza Editorial


El escritor estadounidense Richard Powers ganó el premio Pulitzer y el Man Booker Prize con El clamor de los bosques, una monumental novela, que relata la historia de nueve personas y su relación con los árboles. Es un libro que tiene de todo: aventuras (de ecologistas que luchan para que no se corten árboles gigantes para su explotación forestal), historia, ciencia, amor, carreteras. En cierta medida, narra la historia de Estados Unidos a través de sus árboles. La primera historia que relata es tal vez la más impresionante y evocadora: arranca con un joven emigrante europeo que llega a Brooklyn y recoge una castaña, que a lo largo del relato se convertirá en un árbol plantado en el oeste del país y que acompañará a su familia durante generaciones. Pocas veces la literatura ha logrado reflejar de una forma tan bella la tozudez y la longevidad de los árboles, pero también su fragilidad.

Eduardo Barba. El jardín del Prado. Un paseo botánico por las obras de los grandes maestros. Espasa Calpe


No se trata de un libro solo de árboles, sino también de plantas; concretamente de las que aparecen en las obras más significativas del Museo del Prado de Madrid. El ensayo es una maravilla para los amantes de la pintura y de los árboles. Uno de los capítulos está dedicado a El Bosco y a uno de los árboles más misteriosos y extraordinarios que sobreviven en España, el drago de las islas Canarias. Eduardo Barba, jardinero y enseñante, es un sabio de las plantas, sobre todo de los árboles. En el capítulo dedicado a El Jardín de las delicias, hace un repaso por los diferentes jardines botánicos que le han impactado a lo largo de su vida –Leiden, Berlín, Pisa, Padua, Florencia, Madrid con su olmo del Cáucaso, Cambridge o Amsterdam– y recuerda los meses que pasó estudiando plantas en Tenerife, entre ellas el drago, que describe “como una auténtica montaña vegetal al pie de otras montañas”. En El jardín de las delicias aparece uno de aquellos supervivientes de la prehistoria vegetal, que El Bosco seguramente conoció a través de un grabado, puesto que los intercambios del norte de Europa con Canarias eran muy frecuentes.

Joaquín Araújo. Los árboles que te enseñarán a ver el bosque. Prólogo de Manuel Rivas. Ilustraciones de Xavier Macpherson. Crítica


Para varias generaciones de españoles, una voz queda identificada con un profundo amor y conocimiento de la naturaleza: la de Joaquín Araújo, biólogo, divulgador y hombre de letras. Este libro es una mezcla de biografía, de manifiesto ecologista y una lección sobre el medio natural. Pero, por encima de todo, es un canto de amor a los árboles, al papel que tienen en nuestra vida y en nuestro entorno, al bien que nos hacen. Preguntado Araújo sobre si una persona puede llegar a mantener una amistad con un árbol, no duda un segundo en responder: “Naturalmente”. “El árbol es el mejor amigo de la humanidad. No hay nada parecido”, explica. De eso va este ensayo: de los robles y de las encinas que nos convierten en seres humanos.

Jean Hegland. En el corazón del bosque. Traducción de R. M. Bassols. Errata naturae


La escritora estadounidense Jean Hegland nació en un rincón remoto entre los estados de Washington y Idaho, en el lejano oeste de EE UU. Se trata del territorio de los árboles más grandes del mundo, las inmensas secuoyas, auténticos rascacielos de madera.

Esta tierra boscosa y salvaje tiene una presencia importante en su primera novela, En el corazón del bosque. Relata la historia de dos adolescentes que encuentran su verdadera vida entre los árboles.

Reidar Müller. Aullando en los bosques. En busca del lobo gris. Traducción de Lotte Katrine Tollefsen. Lumen


Si existe un lugar en Europa en el que los bosques sigan teniendo un espacio primordial en la imaginación y en el paisaje, ese es Noruega. En este precioso libro, el periodista y naturalista Reidar Müller narra no solo historias de los bosques y árboles que le rodean, con ejemplares tan viejos que estaban vivos cuando los vikingos rondaban el mundo; sino de uno de sus habitantes más fascinantes, temidos y admirados: los lobos. Aprende a seguir sus rastros y, a través de ellos, sumerge al lector en los espacios inmensos de los bosques boreales.

Francis Hallé. Alegato por el árbol. Traducción de Lander Renteria. Libros del JataLa vida de los árboles. Traducción de Cristina Zelich. Gustavo Gili


Desde hace más de medio siglo, Francis Hallé (Seine Port, 1938) recorre el mundo estudiando, clasificando y relatando diferentes especies de árboles. Es uno de los pioneros de los movimientos ecologistas en Europa, un científico de reconocido prestigio internacional y, además, un ameno narrador. Publicado originalmente en 2005 en francés, y rescatado recientemente por la editorial bilbaína especializada en naturaleza Libros del JataAlegato por el árbol es un compendio de saberes sobre estos gigantes de la naturaleza. No es solo un libro científico, sino también una obra dedicada a describir la importancia que esos ecosistemas forestales tienen en nuestro imaginario y en nuestra vida. La editorial Gustavo Gili publicó recientemente un delicioso librillo de Hallé, La vida de los árboles, que recoge una conferencia que dictó y el coloquio posterior.

Su lectura es una perfecta introducción al mundo de los árboles, porque habla de los escritores que los amaban o detestaban, de sus peculiaridades o de sus edades –los Pinus longaeva californianos tienen 5.000 años, esto es, ya estaban ahí cuando los faraones pisaban la tierra, pero el récord lo ostenta un árbol de Tastamia que alcanza los 43.000 años, cuando el Homo sapiens acababa de llegar a Europa–. Es muy interesante lo que dice sobre la capacidad de los árboles para comunicarse entre ellos, que es precisamente una de las subtramas del libro de Richard Powers.

Jonathan Drori (Texto) y Lucille Clerc (Ilustraciones). La vuelta al mundo en 80 árboles. Traducción de Cristina Rodríguez Fisher. Blume


Este recorrido del planeta a través de 80 árboles es una preciosidad, no solo por los textos, sino también las ilustraciones que representan los árboles pero también sus frutos, sus hojas, sus habitantes animales, sus paisajes y sus paisanajes… Después de leerlo, resulta imposible no sentirse atado a esas maravillosas criaturas.

Y algunos clásicos para acabar…

Resulta imposible reunir todos los libros sobre árboles que se han publicado en los últimos años o aquellos que pueblan la literatura universal. Santiago Beruete, el autor de Jardinosofía (Turner), cita entre sus favoritos un poema de D. H. Lawrence sobre los higos, El barón rampante, de Italo Calvino, además de una serie de libros sobre jardines: “El año del jardinero (1929) del escritor checo Karel Čapek, una obra única en su género en la que narra sus peripecias como jardinero a lo largo de doce meses. Una mención especial merecen también El jardín de los Finzi-Contini (1962), relato de Giorgio Bassani que inspiró la película homónima de Vitorio De Sica, y el oasis privado que cuida el jardinero autista protagonista de la novela Desde el jardín (1970) de Jerzy Kosinski, en la que se basó la película Bienvenido Mr. Chance (Being There), protagonizada por Peter Sellers”.

Javier Fuertes Aguilar, científico del Real Jardín Botánico de Madrid, dependiente del CSIC, cuyo árbol favorito es la secuoya, siente una debilidad por Tintín en el Tibet y su perfecta descripción paisajes y árboles. Ignacio Abella –cuyos libros La memoria del paisaje y Árboles de junta y concejo (ambos en Libros del Jata) son muy recomendables– se queda con La Diosa Blanca, de Robert Graves, y con Memorias de un árbol, de Guido Mina, que cuenta en primera persona la historia de un tejo irlandés. También cita poemas de Gloria Fuertes, En los bosques de Pensilvania; de Hamil Tibouchi, Cuando la puerta de acuerda, y de Pablo Neruda, Sólo un hombre.

Uno de los éxitos inesperados de los últimos años fue el apasionante libro de viajes El país donde florece el limonero (Acantilado), de Helena Attlee, que recorre la historia de Italia (y tal vez del mundo) a través de los diferentes tipos de cítricos.

Y ninguna lista en español de libros sobre árboles puede estar completa sin El bosque animado, el clásico de Wenceslao Fernández Flórez que José Luis Cuerda convirtió en una película inolvidable y en un alegato sobre los bosques y los humanos. Así describe Fernández Flórez la fraga donde transcurre su historia: “Los árboles tienen sus luchas. Los mayores asombran a los pequeños, que crecen entonces con prisa para hacerse pronto dueños de su ración de sol y, al esparcir raíces bajo la tierra, hay algunos quizás demasiado codiciosos que estorban a los demás en su legítimo empeño de alimentarse. Pero entre todos los seres vivos de la fraga son los más pacíficos, los más bondadosos, los que posean un alma más sencilla e ingenua. Conviene saber que carecen absolutamente de vanidad. Nacen en cualquier parte e ignoran que sólo por el hecho de crecer allí, aquel lugar queda embellecido. Cuando los árboles buscan la diversidad, viajan. Los árboles satisfacen ese afán sin moverse. Es la diversidad la que se aviene a pasar incesantemente sobre sus cosas”.

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