Gloria De la Fuente

Gloria De la Fuente

Es cientista política de la Universidad Católica de Chile y doctora en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Presidenta de la Fundación Chile 21, miembro del Consejo directivo del Consejo para la Transparencia y miembro del Consejo Asesor permanente para la Reforma del Estado. Es también columnista y colaboradora de diversos medios de comunicación.

Gloria de la Fuente y Gabriel Alemparte – Borgen: los claroscuros de la vida y la política

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Por Gloria de la Fuente y Gabriel Alemparte

Pese a que ya tiene algunos años, es la serie del momento en nuestro país. Comentario obligado de los encuentros virtuales, a los que esta nueva era pandémica nos ha obligado.

Sin ánimo de adelantar nada, la historia es así: Birgitte Nyborg es una joven política danesa (aunque  lo de joven, es para nosotros, que bordeamos los 40, una expresión de alguien que está en nuestra generación) que se convierte en Primera Ministra del país, siendo al mismo tiempo presidenta del ficcionado “Partido Moderado”, un partido de centroizquierda, con capacidad de “bisagra” que defiende Estado de Bienestar danés, el desarrollo sustentable y la inserción de las minorías en la política. 

No se trata sólo de aquellos ideales que representa – que nos identifican perfectamente- lo que hace a esta serie una de las imperdibles, para quien mira desde el análisis y desde la práctica, la política como fenómeno, sino que es verdaderamente un trabajo que muestra en su plenitud los claroscuros de la actividad. 

En las próximas líneas intentaremos explicar por qué.

Para cualquier persona que conozca la política por dentro sabe que esta es una combinación de idealismo y lucha cruda por la mantención del poder: En ello, Borgen equilibra bien la idea, que la política no es el más sucio de los negocios, pero tampoco es el idealismo sin matices (como a veces ocurría en la serie política “The West Wing” con Martin Sheen), ni el horror de una ambición de poder desmedida (a lo House of Cards o la película Wag the Dog). En efecto, el ejercicio del poder enfrenta permanentemente a los tomadores de decisiones a ponderar entre la ética de la convicción y de la responsabilidad, como diría Max Weber.

En ello, Borgen muestra con exactitud las grandezas y también la miseria de la política: La defensa de los ideales, la búsqueda del diálogo, la amistad cívica, pero también la traición, el cinismo y el cálculo pequeño (cualquier parecido a la verdadera política, es mera coincidencia). Volviendo a Weber, la política en Borgen nos recuerda que: “el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de modo que ya no es cierto, que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario”. 

De una manera más profana, Borgen nos muestra, tal como lo decía el escritor mexicano Carlos Fuentes, que “la política es el arte de comer sapos, sin hacer muecas”. Y vaya que se comen sapos. Birgitte Nyborg, en una actuación absolutamente notable de la actriz danesa Sidse Babett Knudsen, nos muestra también, que aún, en sociedades desarrolladas como la danesa, las tensiones entre el espacio privado y público, siguen afectando especialmente a las mujeres en política y es algo que no podemos soslayar. 

Quienes nos aproximamos al mundo de la política sabemos los sacrificios personales que se hacen y los costos emocionales que esta trae para quien se aventura en ella. Tarde o temprano, Nyborg ingresa en una tensión familiar potentísima por sus responsabilidades, a la invasión de su intimidad, en una turbulencia emocional, y por cierto, es  también víctima del machismo más sibilino y también del directo y perverso.

Nyborg muestra que si la política es difícil; para una mujer lo es más aún. A ellas se les exige más, tanto en un alto cargo, como el de primera ministra, pero también en el matrimonio, en la casa y en la crianza de los hijos, algo que para un político resulta distinto. Esto se encuentra notablemente retratado, con ello, como la política afecta al entorno, se mete por las rendijas de la privacidad; como el interés público se mezcla con la vida privada.

Pero la serie también muestra a una sociedad parlamentaria, donde el diálogo respetuoso, la capacidad de honrar los acuerdos es un activo de la confianza. Donde la necesidad de mayorías, la defensa de los principios propios no es una imposición, es un espacio donde se reconocen las verdades del otro.

Aunque la serie transcurre principalmente en torno a las dificultades y vicisitudes que enfrenta en lo cotidiano el gobierno liderado por Nyborg, lo cierto es que es muy interesante lo que ocurre también en la relación de la política con los medios de comunicación. En efecto, un rol destacado lo cumple la periodista política Katrine Fonsmark, que se enfrenta también, permanentemente en su rol de auscultar y hacer rendir cuentas al poder (eso que llamaríamos accountability social), pero sin traspasar códigos éticos básicos, a los que siempre se ve enfrentada.

Borgen refleja con fineza, talento actoral, los grises de la política, los sacrificios y dolores de la misma, los sinsabores, pero también muestra una política moderna, donde la probidad, la sencillez, la austeridad son dones preciados en una autoridad que ejerce un cargo público. 

Sin duda, Birgitte Nyborg es una política de ficción, pero la verdad del actor se logra magistralmente porque Borgen nos sumerge en reflexiones profundas sobre la dinámica del poder. 

Lo más parecido que hay a la política, la que se hace con mayúscula.

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