Eduardo Vergara

Eduardo Vergara

Es Director Ejecutivo de Chile 21. Fue jefe de la División de Seguridad Pública del Ministerio del Interior y director del LabSeguridad.org. Fundó Asuntos del Sur. Cientista político (University of Portland) y MPA (Instituto de Estudios Políticos de París, Sciences Po). Editor del libro “Chile y las Drogas”, co autor del libro ¨De la represión a la regulación: Propuestas para reformar las políticas de drogas”. Es miembro del Observatorio de Crimen Organizado para América Latina y el Caribe (México).

Carabineros en la primavera chilena: 3 ideas

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En el momento en que el presidente Piñera anunció el estado de emergencia, Carabineros tomó un respiro. La desesperada e improvisada medida anunciada por la máxima autoridad del país entregaba uno de esos esquivos momentos de alivio que ha vivido la institución de la policía uniformada desde que estalló el caso Huracán. Finalmente serían los militares quienes estarían en la primera fila. Han pasado ya años y pareciera que el tiempo no les ha dado tregua. Pasando por el asesinato de Catrillanca en manos del estado, los múltiples casos de corrupción y una serie de escándalos ligados a la probidad, el mal manejo y deficiente capacidad de despliegue, todos los golpes que ha recibido la institución le han afectado directamente en los niveles de confianza y aprobación. 

La que fue la más respetada policía de las Américas, hoy se encuentra conviviendo con desaprobaciones en niveles históricos. Si bien gran parte de estos problemas responden a decisiones de responsabilidad personal y omisiones institucionales, el gobierno actual le ha cargado también la espalda con una serie de decisiones apresuradas e irresponsables, que, con tal de responder a las encuestas y sus instintos populistas de ejecutar puestas en escena para entregar soluciones fáciles a problemas complejos, ha logrado usar a Carabineros como punta de lanza para articular una torpe agenda de seguridad.

Hoy, y en medio del mal llamado despertar de Chile en medio de la primavera, Carabineros se encuentra nuevamente en el ojo del huracán, particularmente gracias a abusos de fuerza, precarios procedimientos e irregularidades en el despliegue territorial. Desde abusos, uso excesivo de la fuerza hasta balaceras, pareciera que cada paso que dan en la calle se transforma en un desfile y despliegue de errores. Sin duda que el irresponsable llamado a guerra comunicado por el presidente no ayuda en nada ya que ha vuelto a empujar a Carabineros a la primera línea, sin siquiera haber cumplido con la promesa de mejorar y modernizar la institución. 

Pero las policías son instituciones demasiado importantes para la democracia. Es más, en una multiplicidad de espacios, se transforman en la única cara visible del Estado. Por estas y otras razones, es que urge aprovechar esta lamentable y dolorosa contingencia para mejorar y modernizar de una vez por todas a la institución. Sin duda la pregunta central tiene que ver con la desigualdad. ¿Cómo pueden contribuir nuestras policías a un país con mayor igualdad? Aquí van tres ideas:

  1. Un debate que incluso ha incomodado a parlamentarios de centroizquierda es el que tiene que ver con que Carabineros debe dejar de ser una policía militar. Más allá de que así sea como se define en su ley orgánica, el problema de fondo con el perfil milita, es que cierra la puerta para que esta se modernice en base a las demandas actuales y futuras del país. El primer paso entonces es que nuestros Carabineros evolucionen de una policía militar a una policía comunitaria. Este nuevo enfoque debe centrarse en que estos deben tener las capacidades de gestionar la resolución de conflictos locales, ejecutar estrategias preventivas de carácter territorial, acercar su trabajo a la ciudadanía, reducir las brechas de distancia en lo que respecta a transparencia e información, ser respetuosa de los Derechos Humanos, pero por sobre todo mostrar capacidades de adaptación a las demandas y realidades cambiantes.
  2. En segundo lugar, es necesario reevaluar y rediseñar sus políticas de distribución en la calle. Hoy, los mecanismos de distribución siguen lógicas desactualizadas y se basan fundamentalmente en indicadores alimentados por denuncias. Como hemos visto, las denuncias han demostrado una fuerte disminución en el último tiempo, lo que nos hace asumir que existe una cifra negra que se traduce en que hay territorios donde Carabineros debería estar, pero no está. Es más, también se ha instalado el debate de la distribución en base a ingresos. En esto tenemos que ser cuidadosos, ya que si solo se sigue la lógica de redistribuir policías hacia los lugares donde viven quienes menos tienen, terminaremos con verdaderos estados policiales donde viven los menos privilegiados y una serie de incentivos para que el modelo de persecución a los más pobres se siga profundizando y la cárcel se mantenga como una extensión de la pobreza chilena. En paralelo, esta distribución debe considerar elementos de calidad ya que no se trata solamente de números. Debemos dar respuesta a por qué los mejores policías no están donde pueden maximizar su labor y muchas veces, los mejores, se encuentran en territorios donde no se les necesita de igual manera a que en otros territorios. Nuevos protocolos, sistemas de designación policial y mecanismos de despliegue son fundamentales para que nuestras policías estén donde generan mayor valor social, y no, donde generan mayor valor económico o político
  3. Mayor transparencia, rendición de cuentas y control civil apropiado son los desafíos que se encuentran en tercer lugar. Si bien el debate sobre mayor control civil se instaló tras escándalos financieros este también tiene implicancias en las labores cotidianas de la policía. Distribución, efectividad, información, despliegue, evaluaciones, protocolos, etc. Mayor control civil, no significa mayor atribución de mando civil, sino que nuevas y mayores herramientas que permitan rendiciones de cuentas, fiscalizaciones y seguimiento de la labor policial. 

El desafío es enorme y lo que debemos mejorar no cabe en estas páginas y mucho menos en solo tres ideas. Sin embargo, debemos avanzar de una vez por todas a que nuestras policías, Carabineros y PDI, se transformen además en actores que ayuden a mayor igualdad, para que, la seguridad finalmente pueda ser un derecho del cual todos pueden verse beneficiados con mayor igualdad. 

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