Francisco Javier Diaz

Francisco Javier Diaz

Abogado y cientista político (U. de Chile, London School of Economics). Analista, columnista, ex-influencer y speechwriter profesional. Fue Subsecretario del Trabajo (2014-2018), ahora ejerce como abogado en materia laboral.

Castillo de Naipes

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La sesión del pasado martes 8 de julio en la Cámara de Diputados pasará a la historia como una de las sesiones más cruentas de las que se tenga memoria en contra de un gobierno. Ni las propuestas, ni la lealtad, ni la disciplina, lograron alinear a los diputados oficialistas en torno a las propuestas de su propio gobierno. Ese día en esa sala, el piñerismo se derrumbó como castillo de naipes.

Los problemas venían de antes. Al fracaso de la estrategia sanitaria –que con 300 mil casos y 7 mil muertes tiene a Chile en el top ten mundial en número de contagios y fallecidos por millón de habitantes—se unió el fracaso de la estrategia social y consecuencialmente, la interacción entre ambas estrategias, puesto que sin apoyo a los ingresos de las familias se debilita el efecto de la cuarentena.

Los planes de apoyo del gobierno fueron fracasando uno tras otro, por insuficientes, engorrosos y tardíos. El bono COVID y el Ingreso Familiar Garantizado eran de cobertura y montos acotados. La ayuda a las MIPES ha devenido en inexistente, pues el FOGAPE se concentra en empresas medianas con espaldas bancarias. La Ley de Protección al Empleo tiene a cientos de miles de trabajadores agotando los fondos de sus cuentas individuales en el tercer mes, lo que significa que reciben la mitad de su ingreso normal. Las cajas de mercadería se repartieron a destajo donde se pudiera, y no duraron ni 15 días.

El IFE 1.0 fue desechado por el propio gobierno al proponer un IFE 2.0 que se hizo cargo de las falencias majaderamente advertidas por la oposición al aprobarse el IFE 1.0. Quedará para la galería del absurdo la foto de los entonces Ministros Ward y Sichel sonrientes y cancheros, chocando codos en el hemiciclo por aprobar un bono de 65 mil pesos, y decreciente, que no satisfizo a nadie. El IFE 2.0, a su vez, con su proceso opaco y engorroso, tampoco convence a nadie. Se dice –porque no hay constancia– que llegaría a 2 millones de familias esta semana, bastante menos de los 3 millones que se hablaba cuando se suscribió el acuerdo marco. El cálculo especial de vulnerabilidad para la pandemia del Registro Social de Hogares sencillamente no se entiende, y así, parte importante de los beneficiarios recibe menos de los prometidos cien mil pesos por carga. Todo ello es admitido por el propio gobierno, quien anunció, para ganar la votación en la Cámara, un IFE 3.0 que se haga cargo de las falencias también majaderamente advertidas.

El proyecto de ley que prohíbe el corte de suministros básicos es vetado por el Presidente, por temor a que las empresas demanden compensaciones –las mismas empresas a las que él pidió que hicieran el favor de no cortar el agua o la luz-. Y el programa de apoyo a la clase media a través de créditos blandos, anunciado estelarmente el día domingo, no alcanzó a llegar al día martes. Los propios partidarios oficialistas lo defenestraron.

Es en ese marco es que se explica la aprobación del retiro del 10% de los fondos de las AFP. En el marco de ayuda insuficiente, tardía, engorrosa, llena de letra chica, en un momento de extrema gravedad. ¿Pretendía el gobierno que con los anuncios controlaría la impaciencia ciudadana? ¿Que con retórica pondría pan en la mesa o pagaría el arriendo o la hipoteca?

La insensibilidad del gobierno le ha jugado una mala –sino fatal—pasada. Como reconoció el Ministro Mañalich, sencillamente no conocían la realidad sobre la cual actuaban. Ya van cuatro meses de pandemia, se ha pedido un sacrificio enorme a los chilenos, pero el grueso de la población no recibe apoyo relevante.

El piñerismo se desploma. El comité político se ha denotado ineficaz. Los diputados no solo votaron en contra, sino que además basurearon al Presidente y su gobierno durante toda la sesión en aquella tarde. ¿Qué votos pudo cuadrar Karla Rubilar? ¿Es verdad que Gonzalo Blumel ni siquiera se atrevió a ir al Congreso? A estas alturas se hace impensable que vaya a ser este equipo político el que termine los 18 meses que quedan de período.

Y la coalición queda en su peor momento. Las recriminaciones son virulentas. Marcela Cubillos lo resume: ni el “populismo” (refiriéndose obviamente a Desbordes), ni el “buenismo” (refiriéndose obviamente a Blumel) ni la “falta de coraje” (refiriéndose sibilinamente a Piñera) sirven a estas alturas. Desbordes responde: la culpa es de la UDI, cuando ni siquiera él votó en contra.

El proyecto del 10% tendrá todavía un difícil camino. La Moneda solo debe rescatar dos votos para echarlo abajo en la Cámara. Y si pasa al Senado, hay menos díscolos de los que preocuparse, y al menos los Ossandón, ya votaron en contra en la Cámara.

Pero aun así, al piñerismo le queda una angustiante ordalía en cada trámite parlamentario.

Un millón de pesos es la promesa mínima, a cambio de que tu futura pensión, aquella indigna pensión que te da la AFP, de 140, 150 o 170 lucas, baje unos 10 mil pesos promedio. No hay donde perderse, dirá el grueso de la ciudadanía. 80% de aprobación tiene esa promesa. Y al frente solo se ven discursos, dudas e indolencia.

Como un castillo de naipes se derrumbaron los modelos que el Ministro Mañalich había construido para enfrentar la peor crisis sanitaria del siglo. De igual fragilidad es hoy el gobierno de Piñera.

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