Francisco Javier Diaz

Francisco Javier Diaz

Abogado y cientista político (U. de Chile, London School of Economics). Analista, columnista, ex-influencer y speechwriter profesional. Fue Subsecretario del Trabajo (2014-2018), ahora ejerce como abogado en materia laboral.

Chilelombia, Chilezuela

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Cuando en el año 2016 se realizó un plebiscito en Colombia para ratificar la hoja de ruta que proponía el acuerdo de paz alcanzado por las FARC con el gobierno colombiano presidido por Juan Manuel Santos, era difícil pensar que se pudiera levantar una alternativa contraria a la ratificación del acuerdo. Un mes antes del referéndum, el SI superaba al NO con más del 67% de las preferencias. Costaba pensar que alguien pudiera irse en contra de la paz.

Hasta que apareció Álvaro Uribe. El ex Presidente detectó los principales puntos del acuerdo que eran más sensibles ante la opinión pública, y con una campaña que mezclaba miedo, revanchismo y desmovilización electoral, logró revertir los pálpitos iniciales.

“¿Quieres ver a Timochenko de Presidente?” decían las pancartas que se instalaban en calles y plazas, pero sobre todo, a través de una profusa y profesionalizada campaña a través de redes sociales. Uribe supo explotar el desconocimiento de la ciudadanía acerca de los puntos específicos del acuerdo, y logró presentar varios de esos puntos –como por ejemplo, aquellos que entregaban ciertos beneficios a los guerrilleros que deponían las armas—en clave antipolítica, indignación y revanchismo. “¿De verdad los vamos a perdonar? ¿De verdad los vamos a premiar?”

El discurso uribista logró hacer sentido en gran parte de la población temerosa e incrédula. El “buenismo” de la campaña del SI no logró superar la mordacidad de la campaña del NO. Finalmente, Uribe logró instalar su idea acerca del proceso planteado: estamos a favor de la paz, pero no en esas condiciones. 

Pero Uribe fue más allá e identificó al acuerdo con las FARC y a estas, con el “castrochavismo”. Así, el lenguaje derivó en el miedo al cambio de modelo económico, en el salto al vacío que daría el país. Y mucha fake news en redes sociales que los partidarios del SI no alcanzaron a desmentir. De esa forma, Uribe logró el mejor marco posible para sus pretensiones: el acuerdo de la paz no era más que un pacto entre elites (la elite gobernante que no conoce la realidad y la elite guerrillera castrochavista), donde ambas terminarían de postrar a la pujante clase media.

El resultado es conocido: el NO dio la sorpresa y ganó con un 50,2% de los votos. Un año más tarde, un reconocido uribista, Iván Duque, gana la Presidencia de la República.

Pareciera que algo así es la estrategia que pretende seguir, mutatis mutandi, la derecha más dura en Chile a propósito del plebiscito de abril de 2020.

De buenas a primeras, cuesta entender cómo alguien podría negarse a un itinerario constitucional pausado, en etapas sucesivas, para lograr, ni más ni menos, que la primera Constitución nacida en democracia en la historia chilena. Terminar con la Constitución de Pinochet y sus cerrojos y sesgo ideológico, para reemplazarla por una Constitución moderna y aceptada por la inmensa mayoría de los chilenos.

El lado correcto de la historia claramente está en la nueva Carta.

Pero la derecha más extrema prefiere medir sus fuerzas y buscar, a través de la generación de incertidumbre y miedo, maximizar su votación con miras a octubre, e incluso, quién sabe, un posible triunfo en abril, como ocurrió en Colombia. Ya lo lograron en 2017 cuando inocularon el virus de Chilezuela en el votante medio chileno y aquellos que fueron a votar, se volcaron mayoritariamente por Sebastián Piñera.

Ahora puede ser algo similar, pero incluso más recalcitrante. Se repetirán los conceptos de “salto al vacío”, incertidumbre, fin del modelo. Se aprovecharán de las manifestaciones más violentas que pueda haber en el mes de marzo e intentarán marcar un eje entre el “orden” que asegura el Rechazo, y el “desorden” que simboliza el Apruebo.

El voto voluntario puede ayudarles también. La desmovilización electoral del adversario ha probado a veces ser tan efectiva como la movilización de los propios. Así lo hizo Trump, así lo hizo el Brexit, y así lo logró Uribe, pues en Colombia la tasa de abstención superó el 60%.

En los distritos del barrio alto, al igual que en 2017, todos irán a votar. Al otro lado, en cambio, el escepticismo en el proceso, el anarquismo, o incluso peor, el boicot violento que algunos sectores pueden realizar en locales de votación, pueden terminar siendo un enorme favor para la derecha.

Así como Uribe dijo que votaba por el NO para una mejor paz, la derecha intentará decir que vota Rechazo para una mejor Constitución, sin los peligros que instalaría una convención constituyente.

Si la oposición no se esmera en su propuesta y en su campaña, la estrategia del Rechazo puede resultar.

Y claro, la derecha pagará el costo de estar una vez más en el lado impuro de la democracia chilena, como lo estuvo en 1988. Como impuro fue Uribe, quien podrá haber ganado, pero el que pasó a la historia y se llevó el Nobel de la Paz fue Juan Manuel Santos.

La diferencia es que en Chile no habrá un segundo premio.

Para la actual generación de centro e izquierda, el plebiscito de abril será la prueba más importante de su vida.

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¿Todos a votar?

Lo que se debió haber hecho hace tiempo era implementar un mecanismo de votación remota como se hace en muchos otros países. Puede tratarse de votación anticipada (donde en las semanas previas al día de la elección se habilitan locales temporales de votación) o bien votación por correo (donde la persona solicita el voto a través del correo postal y lo devuelve por esa misma vía).

Derecha pre-estallido

La derecha y el gobierno han intentado rearmarse después del descalabro político que significó la aprobación del retiro del 10%, primero con el cambio de gabinete y luego con la Cuenta Pública y el plan para los últimos 18 meses de mandato. Lo curioso es que la estrategia no parece ser avanzar hacia terreno contrario, sino que afirmar terreno propio. La derecha se mueve a la derecha y reflota su propuesta pre-estallido.

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