Gabriel Alemparte

Gabriel Alemparte

Abogado, Master en Ciencia Política. Fue jefe del Gabinete del Ministerio de Obras Públicas entre 2014-2018. Administrador Municipal, Director Jurídico y Director de Desarrollo Comunitario de los Municipios de Maipú y Providencia. Ha sido asesor de los Ministros de Justicia y del Ministerio de Transportes. Becario de la Fundación K. Adenauer. Es Consejero de la Fundación Vicente Huidobro. Actualmente se desempeña como consultor de empresas en AlemparteVillanueva Abogados.

Cinco meses

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El miedo se ha transformado en algo invisible. Camina por las calles, nos encontramos con alguien y lo miramos con distancia, los saludos se restringen. Paseamos por la calle antes de confinarnos, y vemos en cada persona un portador de un virus que nos amenaza a nosotros, a los nuestros, a lo que más queremos.

Tomamos distancia, nos cruzamos en la calle y buscamos distancia, alguien tose o estornuda todos nos sentimos amenazados asustados.

Las pocas certezas que nos quedan se confunden, nos llenan de angustia. ¿Si en otros tiempos las certezas fueron fronteras abiertas, mercado libre, comunicación global, estamos asistiendo al fin de todo ello? ¿Es el fin de la globalización? ¿Debemos volver a la familia a los amigos como el espacio único de confianza? ¿La cueva, el bunker vuelven a ser los únicos lugares donde nos sentimos a salvo de un animal que ya no es un tigre hambriento o un ejército sediento de conquista, sino un virus que se introduce por nuestras mucosas y que nos amenaza con morir?

¿No vuelve sino a ser imprescindible la comunidad, la solidaridad y la preocupación por la humanidad una verdad más palpable que nunca?

¿No es también el tiempo de otras preguntas?

Mientras, como hace meses nos desayunamos cada uno muestra su verdadera cara.

La codicia, la generosidad, la solidaridad y la miseria, todo condensado. Hoy es 18 de marzo, han pasado cinco meses en que los chilenos hemos vivido bajo la angustia, el miedo, la esperanza, la euforia y la ilusión. Pareciera un siglo en que todo cambió, una enseñanza en los hechos, como si la realidad a punta de golpes quisiera decirnos algo

¿En algún momento terminaremos este carrusel, más bien esta montaña rusa de miedos y angustias e ilusiones?

Mientras los mismos de siempre sueñan que en Chile el fin de mundo queden solo las cucharachas y los malls abiertos, ese templo del consumo en que se transformó el centro comercial como un símbolo del neoliberalismo rampante de los noventas y de encuentro de lo público en el consumo, no cierra sino hasta que la ciudadanía desde abajo hacia arriba lo exige a gritos, pasando antes por sus representantes más directos (los alcaldes), quienes han representado como pocos –y de todos los sectores- lo mejor del sentido común de una ciudadanía a la que están conectados.

Mientras los mismos, los sacerdotes del neoliberalismo aborrecen cualquier fijación de precios en una emergencia, el argumento –la escasez- como si el tipo o la mujer que llena su carro de supermercado para llevarse todo el desinfectante se fuera a librar en un baño romano en líquidos que eliminan virus, bacterias, pero que no limpian la impudicia cuando el individualismo, lo hace olvidar, al del lado, aumentando la misma escasez a la que le tememos y de la que hacemos dogma.

De todo esto saldremos o mejor o peor. Es difícil saberlo a estas alturas. O de todo esto nacerá un nuevo país que reclama dignidad y la práctica haciéndose del otro, preocupándose del que está al lado, del vecino adulto mayor, del que sufre, o  bien saldrá lo que nos ha llevado a estos 5 meses como si el recordatorio de quienes auspician que salvar vidas puede oponerse a salvar nuestra economía, como si una y otra fuesen antagonistas. Aún muchos resisten, aún muchos siguen sin verla venir.

Y es que lo siguen siendo. La vida pasa a segundo plano, salvar la economía pareciera ser a ratos la única consigna, aumentando la violencia, como si muchos no hubiesen comprendido lo que nos ha pasado en estos 5 meses de vértigo, de angustias de cacerolas, violencia, esperanza, mujeres marchando, cantos y bailes que nos recuerdan que hemos llegado a un punto único de la civilización; O enfrentamos nuestra vida con solidaridad o no quedará economía que salvar.

Porque la economía está al servicio del humano y no al revés, porque sin economía no hay seres humanos.

Citando a Edward Burke, detrás de cada acto de civilización, se encuentra un acto de barbarie.

¿Tendremos que combinar civilización y barbarie, solidaridad y miseria? Resulta temprano de determinar, de lo único que tenemos certezas hoy, es que tenemos miedo y que necesitamos a los otros.

De los otros depende todo, vivir, salvarnos o morir, así de dramático, siempre ha sido igual, lo único es que pareciera que nuestra individualidad había olvidado nuestra finita humanidad.

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