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Columna de Hugo Herrera en La Segunda: “Lo telúrico”

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Por Hugo Herrera // Contenido publicado en La Segunda

Leonidas Montes (en entrevista en El Mercurio, anteayer) valora la discusión ideológica en la derecha y advierte en ella una posibilidad de superar los excesos del neoliberalismo (expresión difícil, pero que puede tomarse como defensa de la noción de un individuo que persigue fines separadamente y del mercado como condición de un orden político adecuado).

Quiero referirme a la indicación que él hace sobre la noción de ‘lo telúrico’, incluida en mi planteamiento de un ‘republicanismo popular telúrico’ (al que me he referido en ‘Octubre en Chile’, Santiago: Katankura 2019). Leonidas Montes señala: ‘No sé qué es telúrico todavía’. Allende mis eventuales limitaciones expositivas, me parece importante reparar en el asunto, pues de la consciencia telúrica depende que se destrabe una de las principales dificultades del país.

‘Lo telúrico’ alude a la tierra, pero no en sentido trivial, solo económico o meramente material; se refiere a la tierra como aspecto constitutivo de lo humano. Somos radicalmente espaciales y, dentro de lo espacial, radicalmente telúricos. Vamos al mar o al cielo, pero habitamos la tierra. De la tierra el ser humano se nutre. Ella es también naturaleza y paisaje. Como base de asentamiento y encuentro, como fundamento nutricio y como naturalidad y paisaje, la tierra provee de orientación y significado a la vida.

De las maneras en que configuremos el espacio depende en grado decisivo la plenitud o frustración de la existencia humana. Así, por ejemplo, si en ciudades a escala humana, integradas socialmente, con parques, vecindarios amigables y paisaje, o si en urbes hacinadas, segregadas, contaminadas y sin paisaje; si en Estados donde el pueblo se esparce armónicamente por su territorio, o en un Estado centralista, donde élites, población y recursos se concentran desproporcionadamente en la capital.

Si la manera de configurar la espacialidad es factor decisivo de la plenitud o frustración humana, entonces, la comprensión política no debe desentenderse de lo telúrico; ella queda telúricamente exigida: la política ha de ser política telúrica.

En Chile consta un tipo de problemas que se caracteriza por no hallar solución: los problemas telúricos. Por el centralismo, las autoridades con poder no viven en los territorios afectados y los territorios afectados carecen de autoridades poderosas. Así se acumulan: la cuestión mapuche, la devastadora sequía, el desierto que avanza, las ‘zonas de sacrificio’, el abandono del sur, la emigración desde las provincias de contingentes capaces.

Solo una recuperación de la consciencia sobre el significado de ‘lo telúrico’ permitirá entender la responsabilidad que tiene la política en una configuración del espacio que contribuya al despliegue conjunto del pueblo y la naturaleza. En el momento constituyente al que nos acercamos, ‘lo telúrico’ ha de tener su lugar privilegiado en las bases de la nueva institucionalidad.

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