Miguel Yaksic

Miguel Yaksic

Licenciado en filosofía y teología y máster en ética social. Desde diversas veredas ha estado vinculado a lo político y la ética pública. Ha trabajado en la formación de trabajadores, en la promoción de los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas, en el desarrollo de competencias interculturales, en consultoría y docencia universitaria. Actualmente trabaja en el Consejo para la Transparencia y es profesor adjunto de la Escuela de Gobierno UC.

Cómo destrabar la discusión migratoria

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

En el Senado se encuentra en discusión el proyecto de ley de migraciones. La conversación está entrampada a propósito de un par de indicaciones que presentó la oposición y podría destrabarse si se enfoca mejor.

Crisis políticas y sociales, la pobreza y el cambio climático, entre otros factores, impulsan a las personas a migrar. Muchas de ellas de manera forzada, aunque no sean estrictamente refugiadas. Estas crisis generan presión migratoria en los países de destino, que a su vez no cuentan con las políticas y las legislaciones que les permitan incorporar a las personas migrantes de manera regular. Es decir, con permisos de residencia. Son las personas más vulnerables las que se ven obligadas a migrar de manera irregular. O sea, ingresando a un país del que no son nacionales por un paso no habilitado o permaneciendo en él más allá de los plazos estipulados en una visa. A contario sensu, estas personas no buscan burlar la ley. No son delincuentes. Están desesperadas por salvar su vida y la de su familia. Por eso existe en el derecho internacional el principio de no criminalización de la migración irregular. Que señala que no se pueden aplicar sanciones penales por faltas migratorias y que las personas no son ilegales, sino que se encuentran en situación migratoria irregular.

Desde que este gobierno comenzó a aplicar su política migratoria, los ingresos irregulares han aumentado de 2.905 en 2017 a 8.048 en 2019. Esto ayuda a comprender la complejidad del problema. No basta con políticas restrictivas para ordenar la migración. Se ordena por un lado, se desordena por otro. Si el 2017 nueve personas venezolanas fueron descubiertas ingresando por un paso no habilitado, el año pasado fueron 3.333.

El cambio más importante que incorpora el proyecto de ley de migraciones está en que una persona ya no puede ingresar como turista a Chile y cambiar de categoría migratoria a residente dentro del país. Si alguien quiere residir en Chile, tiene que hacerlo a través de una visa consular. Es una buena medida, con tal que los requisitos sean realistas y permitan que una persona venga con una visa en búsqueda de oportunidades laborales y con tal que los consulados chilenos tengan la capacidad de absorber la demanda y no sean un cuello de botella.

La oposición ha presentado dos indicaciones que, si bien están correctamente orientadas en su espíritu, hay que corregir.  No parece una buena idea que una persona por el solo hecho de presentarse en la frontera pueda obtener un permiso de residencia para buscar trabajo. El desorden podría ser mayor. Pero sí, todas leyes modernas en el mundo incorporan mecanismos ordinarios y permanentes de regularización migratoria. Es la experiencia de Estados Unidos, Portugal, Alemania, México, Argentina, por nombrar algunas.

En Chile van a seguir viviendo personas en situación migratoria irregular. La pregunta es si la nueva ley va a reducir esa irregularidad o la convertirá en estructural. Tal como está planteada ocurrirá lo segundo y de manera creciente.

La irregularidad suele tratarse de dos maneras. La primera, con deportaciones; que son caras, ineficientes, son una mala forma de política exterior, frecuentemente ilegales porque no observan el debido proceso, suelen vulnerar derechos humanos cuando separan familias, no respetan el interés superior del niño y no ponderan el arraigo en el país. La segunda, con procesos ordinarios de regularización migratoria, muy normales en la experiencia comparada. Se trata de mecanismos orientados por el enfoque de derechos y por el principio de regularización migratoria. Sabemos que la irregularidad es la causa de mayor exclusión social de una persona migrante y además genera negativos impactos en la sociedad de acogida.

Si la nueva ley migratoria quiere ordenar, regular y hacer más segura la migración, si quiere poner a Chile entre los países que respetan los derechos humanos y si quiere aprovechar la energía positiva que implica la migración, tiene que incorporar mecanismos permanentes de regularización migratoria para aquellas personas que se han visto forzadas a migrar. El derecho a la familia, el arraigo laboral, el principio del interés superior del niño y otras causas humanitarias suelen ser causa suficiente para ello.

Finalmente, si el país quiere fortalecer la tradición multilateral basada en la reciprocidad en política exterior, debiera ratificar el Acuerdo de Residencia del Mercosur de manera general y no solo para algunos países.

Más del autor

Chile Versionado: Canciones para un 18 en la casa

La playlist con estas recomendaciones quedó lista en Spotify y está abierta. Es cosa de buscarla. Se llama “Chile Versionado”. Usted podrá añadir otras canciones, si le baja el entusiasmo patrio.

Compasión y Política

“Una de las emociones más complejas y características de la condición humana es la compasión. Se trata ciertamente de algo que puede ser enseñado y aprendido. Y no solo de algo con lo que venimos o no equipados por default. Podemos ser educados en comprender los problemas y sufrimientos de otras personas, si somos capaces de descubrir y develar los sesgos en los que vivimos.”

Más para leer

Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

Suscríbete a nuestro Newsletter

¡Mantente al día con las novedades de Entrepiso y suscríbete para que la información llegue directamente a tu correo electrónico!