Andrés Villar

Andrés Villar

PhD en Relaciones Internacionales de la Universidad de Cambridge. Cientista Político de la Universidad Católica, con estudios en Science-Po París. Volví para trabajar como Investigador en FLACSO-Chile. Fui Analista del Ministerio de Relaciones Exteriores. Tras finalizar mis estudios doctorales trabajé como Investigador Asociado en el Centre for Rising Powers(Universidad de Cambridge). Lo mío son las Relaciones Internacionales.

Crisis climática: la brecha entre las capacidades y expectativas

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La crisis climática global constituye el principal desafío de nuestro tiempo. Su alcance y profundidad son tales que, en último término, lo que está en riesgo es la propia subsistencia de la humanidad.

Ello plantea importantes desafíos a cómo se había pensado la política internacional en las últimas décadas. Para el realismo—la más influyente tradición intelectual de las Relaciones Internacionales—la supervivencia de los Estados depende de su accionar egoísta (autoayuda) y definido en función de intereses mutuamente excluyentes. La crisis climática, en contraste, plantea un escenario diametralmente opuesto: el interés común de la supervivencia depende de la acción colectiva entre nuestras sociedades, comunidades y localidades. La crisis climática es el ejemplo más claro de los límites e injusticias del crecimiento sin control, así como de los dilemas de la globalización.

De esto ha buscado hacerse cargo el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas adoptado en años recientes. Los desafíos, no obstante, parecen exceder estas medidas. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, el 80% de las causas del cambio climático son humanas, mientras que el Informe Stern señala que existe un 82% de probabilidades que de aquí al 2100 la temperatura del planeta suba en 4 grados centígrados, con efectos devastadores sobre el nivel de las aguas, los hielos, la agricultura, etc.

Todo esto implica un cambio de paradigma de desarrollo sobre lo cual aún no existe conciencia en Chile y América Latina: ¿de qué socialismo o capitalismo se puede hablar cuando enfrentamos un fenómeno como el del cambio climático, imponiendo revisiones cruciales al paradigma de desarrollo (hacia un verdadero desarrollo sustentable)? Pensar global y actuar local son condiciones necesarias, pero no suficientes para dar una respuesta política a este desafío. La acción, como han demostrado los recientes movimientos sociales climáticos en algunas sociedades avanzadas, también tiene a la acción global como condición sine qua non. Y es aquí donde aparece la política exterior como la principal herramienta de la que disponemos para dar una respuesta política global eficaz, responsable y justa a la crisis climática. El medio ambiente y la seguridad climática constituyen, en este sentido, bienes públicos globales a proteger y expandir.

Durante los últimos años, Chile ha incorporado progresivamente al medio ambiente y el cambio climático como en su accionar exterior, aunque con esfuerzos tan dispares que abarcan desde el reciente rol jugado en la organización de la COP 25, pasando por la iniciativa Nuestros Océanos, hasta la decisión de no suscripción del Acuerdo de Escazú. En perspectiva general, no obstante, el esfuerzo en este sentido ha sido más bien tímido y limitado a referencias marginales. El tema medioambiental, más bien cómo abordamos la crisis climática tiene que ser uno de los ejes articuladores de la política exterior chilena en las próximas décadas. Chile debe constituirse en una potencia verde y para ello requiere una política exterior del mismo color.

Con todo, más allá de las buenas intenciones, los países que se enmarcan en este tipo de agendas tienen que ser estratégicos en definir sus reales opciones. Es decir, leer bien la cancha para identificar una convergencia de intereses entre su política exterior y los intereses y oportunidades que existen en el ámbito internacional. Por ello, es clave en toda política exterior tener la lucidez en identificar bien la brecha entre las capacidades y expectativas que se generan. Muchos países se tientan con temas populares y de alto impacto, pero carecen de las herramientas políticas e institucionales para cumplir determinadas expectativas.

En suma, la política exterior debe ser capaz de adaptarse e identificar nuevas áreas y nuevos intereses que promover en el ámbito internacional, no puede ser extática, pero al mismo tiempo, debe ir acompañada de una masa crítica profesional e institucional que sea idónea para delinear una estrategia acorde a la magnitud de los desafíos que un país se propone.

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