Pia Lombardo

Pia Lombardo

Cientista Político de la Pontifica Universidad Católica de Chile, con estudios de postgrado en Relaciones Internacionales, Seguridad Global y Derecho Internacional. Académica del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile desde el año 2002. Internacionalista, con especial foco en Análisis de Política Exterior de América Latina y Resolución de Conflictos. Desempeño en gestión de internacionalización de la educación superior. Miembro de la International Studies Association.

Crisis Irán-EEUU enero 2020: el rol de la comunicación y los medios

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Es difícil intentar escribir una columna que aporte mayor información de la ya expuesta en relación a este tema durante las últimas semanas. Por lo mismo, hoy quisiera enfocarme en un elemento que me llama la atención en estos procesos, y que si bien involucra el caso, tiene que ver con la reacción de los medios ante las crisis internacionales.

En primer lugar, debo explicitar que no soy especialista en Islam, así como tampoco en medios de comunicación. Mi área de experiencia es la seguridad internacional y la toma de decisiones en política exterior. Pero para ambas áreas recién citadas, las crisis internacionales muchas veces aparecen como el caviar de un canapé, una delicatessen escasa y altamente disputada en el contexto de un cóctel.

Las crisis internacionales de envergadura mundial han disminuido desde el fin de la Guerra Fría. Hemos visto crisis importantes derivadas en conflicto violento que han involucrado a las potencias, como lo fue la Guerra de los Balcanes y la invasión a Afganistán, pero la periodicidad y el efecto dominó se han visto acotados en los últimos treinta años. La rigidez bipolar se ha flexibilizado, dando paso a acciones unilaterales o multilaterales gracias a extensiones bastante alegres de la Carta de la OTAN. La invasión a Irak merece capítulo aparte, pues comienza en una acción bilateral, por parte de EEUU, y que aún no termina.

Pero el tema aquí es otro. Expresiones como “recrudece”, “aumenta la tensión”, “riesgo de guerra en Medio Oriente”, “¿tercera guerra mundial?” son titulares de todos los días. Hoy, nos convoca el asesinato de Qassem Suleimani, Jefe de la Fuerza Quds de Élite del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, brazo armado que ha apoyado una red aliados chiitas no estatales, expandiendo la influencia de Irán en la región. Un ataque certero al convoy que lo trasladaba desde el aeropuerto internacional de Bagdad a la ciudad, por medio de vehículos no tripulados (drones), terminó con su vida el 3 de enero reciente.

A partir de ese momento, un sin número de titulares aparecieron en todo el mundo informando de la muerte del canciller de facto de Irán, cercano al ayatolá Khomeini y articulador de milicias anti estadounidenses en la región. El análisis de la decisión que le costó la vida, indica una fuerte influencia del Departamento de Defensa y del Estado Mayor Conjunto de EEUU, mediante Mark Esper y el General Mark Milley respectivamente. El desplazamiento al parecer, “descuidado” de Suleimani en la región, buscando al parecer articular una serie de atentados en contra de personal diplomático y bases con presencia estadounidense, puso de cabeza la estructura de inteligencia de EEUU buscando la mejor oportunidad para eliminar al identificado como efectivo cabecilla de un movimiento violento anti estadounidense. La decisión fue tomada por el Presidente de EEUU, Donald Trump, en base a una serie de escenarios posibles que alertaban de la proximidad de atentados terroristas a sus representantes desplegados en terreno. El antecedente directo, fue la muerte de un contratista norteamericano, el 29 de diciembre pasado, en Kirkur, cuya responsabilidad recayó sobre Suleimani.

Que se trataba de un personero crítico en la vida política de Irán, no hay duda. Pero de esto a pensar que se tratara de una nueva versión del asesinato del Archiduque Francisco Fernando es una gloriosa fantasía.

En primer lugar, el sistema de alianzas de la Europa post Bismarck se había transformado en uno rígido. Por una parte Inglaterra, Francia y Rusia y por la otra, Alemania recién unificada y el Imperio Austro Húngaro. Si uno iba a guerra, arrastraba a la alianza respectiva de forma indefectible. La salida de Bismarck de la Cancillería alemana, terminó con el juego de las alianzas flexibles, y condujo al Kayser Guillermo II a su cadalso, al verse involucrado en una guerra para apoyar al Imperio Austro Húngaro, un mes después del mentado asesinato.

En la actualidad, no vemos eso. El presidente Trump hace un llamado a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, y a Alemania. En la práctica, no hace un llamado a la OTAN. Reconoce la importancia de Rusia y sus intereses en Siria y Turquía. Vladimir Puttin entra en la arena diplomática como mediador con los aliados de Irán. Y Macron, por su parte, busca minimizar el conflicto que provoca la operación en territorio iraquí, debido a la extralimitación estadounidense en el mandato que autoriza la permanencia de las tropas de dicho país en un Irak. No hay juego de grandes potencias. Eso se anula al hacer el contacto entre Washington y Moscú desde el minuto uno.

Entonces, ¿a qué obedecen los alarmantes titulares aún durante el juego diplomático propio de una crisis internacional? A mi juicio, y a modo de opinión personal, a la necesidad de generar atención que, lamentablemente, se confunde con alarma en la población. No olvidemos que en Chile existen comunidades numerosas de libaneses, palestinos, sirios, israelíes y también un credo musulmán importante. La pregunta que me surge es ¿por qué alarmar para vender? No me parece.

Las crisis internacionales tienen una génesis, un desarrollo y una evolución. Esta puede derivar o no en un conflicto armado. Pero aun así, la guerra es la continuación de la diplomacia por otros medios. La subrepresentación de los enormes esfuerzos que realizan las cancillerías para mitigar los efectos de estos eventos es un problema de los medios. Una desconfianza y desconocimiento abismal del Derecho Internacional y de la Historia de las Relaciones Internacionales, terminan ubicando en el sub título de un noticiario “aumenta/recrudece la tensión”, cuando en efecto es la diplomacia quien provee vías de escape a la presión de una crisis, y eso no lo vemos en ninguna alocución central. Es como si se esperara que la sintonía aumentara por tener más analistas que hablen de lo peligrosa que se ha tornado la situación, cuando en un análisis cuantitativo de fuerzas muy básico, la comparación es inmensamente asimétrica en favor de EEUU.

El llamado es a hacer un ensalzamiento de las capacidades que hemos aprendido como sociedad internacional a partir de dos guerras mundiales devastadoras, y que hemos logrado plasmar en un sistema multilateral que regula el uso de la Fuerza mediante la Carta de Naciones Unidas. En esto, no voy a pecar de inocente negando la posibilidad del uso unilateral de la fuerza, pero el público desconoce los literales ejércitos de abogados militares que trabajan detrás de cada operación para ver cómo se ajusta o no al Derecho cada acción internacional que realizan sus fuerzas, y por tanto, desconocen los esfuerzos que se hacen para evitar una guerra.  

Va siendo tiempo de destacar lo bueno y no extremar lo que ya de por sí es delicado. Y en esto, los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad que cumplir.

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