Sergio Espejo

Sergio Espejo

Abogado Universidad de Chile y Master en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard. Ha sido Diputado, Ministro de Transportes y Telecomunicaciones y Superintendente de Electricidad y Combustibles. Enseña políticas públicas en la U. de Chile, integra el consejo académico asesor del programa de medio ambiente de la facultad de Derecho UC y es decano de Ciencias Jurídicas y Sociales de USEK. Abogado socio de Aylwin y Compañía y consultor internacional.

Cuarentena constituyente

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El coronavirus nos ha familiarizado con los conceptos de cuarentena y aislamiento, formas para impedir el contacto entre quienes podrían o están afectados por la enfermedad y el resto de la población. La forma en que como país comenzamos a vivir la ruta constituyente, amenaza consolidar “cuarentenas ciudadanas” que aislan a las personas de cualquiera que puedan pensar distinto a ellas. Ellas constituyen una de las amenazas más poderosas que enfrenta el proceso para darnos una nueva constitución.

La democracia es por definición el reconocimiento de que cada ser humano es titular de la capacidad de decidir, en igualdad de condiciones con los demás,  el rumbo que han de tomar los asuntos comunes. Dado que el completo acuerdo es, en la práctica, una imposibilidad en sociedades complejas, el desacuerdo se resuelve a través de la regla de mayoría. Las democracias modernas, familiarizadas además con el impulso natural al abuso de quienes ejercen el poder (lo que incluye a quienes se encuentran en posición de mayoría), han constituído los derechos fundamentales como el instrumento fundamental para asegurar el respeto de las minorías.

Estas simples reglas descansan en supuestos a los que rara vez aludimos pero que en la práctica dan sentido y sostienen la vida democrática. Uno de los más importantes se refiere a la noción de que ninguno de nosotros es titular de la verdad. No importa cuan mayoritaria sea mi posición, cuan basada en la tradición y la historia, la evidencia científica o el atractivo simbólico que posee, ella siempre ha de estar sometida al juicio y debate público de su mérito.

La verdad democrática, en consecuencia,  es aquella a la que accedemos desde el diálogo y la confrontación vigorosa de ideas, la construcción de acuerdos, la aplicación de la regla de mayorías y el respeto irrestricto de los derechos fundamentales. Ella es, además, mutable.

Lo anterior es difícil de alcanzar en un escenario en el cual el diálogo parece prohibido: O estás con Piñera o exiges su renuncia; o condenas todos los días públicamente la violencia o eres su cómplice; o condenas todo lo que Chile ha hecho durante los últimos 30 años o eres partidario del status quo. Una verdadera cuarentena mental se va instalando en nuestras vidas, sustituyendo la búsqueda de la verdad democrática por la pretensión de imponer la propia posición desde la autoridad moral que cada uno se atribuye. Cada vez más, como en la canción, pareciera que sólo es posible convivir “los nenes con los nenes, las nenas con las nenas”. Es decir, el diálogo sólo resulta posible entre quienes piensan igual.

El coronavirus puede impedir que nos demos la mano, nos abracemos o besemos, o incluso enviarnos a cuarentena, pero la vida democrática debe ser un impulso al encuentro con los otros, al reconocimiento de su valor y a la construcción permanente del espacio compartido. No importa cuan grandes sean nuestras diferencias, la ruta constituyente es un camino hacia lo que nos reúne, y no una excusa más para consolidar el individualismo que se ha apoderado de nuestras vidas.

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