Lucía Dammert

Lucía Dammert

Socióloga y Doctora en Ciencia Política. Profesor Titular de la Universidad De Santiago de Chile. Dedicada a temas de Seguridad Pública, Violencia y Crimen Organizado. Miembro del directorio de Espacio Público, Fundación Junto al Barrio y Democracia Abierta de Barcelona. Miembro del Consejo Asesor del Secretario General de Naciones Unidas en temas de Desarme. Columnista de diversos medios de comunicación de América Latina.

De Obama con amor: Aprendizajes de la reforma policial en USA

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La policía norteamericana tiene un claro prejuicio contra negros y latinos que lleva a que sus acciones contra estos grupos sean más constantes, agresivas e incluso letales. Esta realidad ha sido documentada por múltiples películas, series y libros, que muestran la sistematicidad de una práctica que algunos vinculan con la esclavitud y la construcción de una sociedad discriminadora.

En Agosto de 2014 el asesinato de un joven negro en Misouri generó descontento ciudadano que rápidamente estalló en incendios y saqueos en diversas partes del país. Situación que se repitió cuando la justicia no castigó al policía que disparó el gatillo a pesar de la montaña de evidencia que medios de comunicación y ciudadanos juntaron. En ese momento el Presidente de Estados Unidos reconoció la necesidad de una reforma policial profunda, evidenció con claridad que los jóvenes que habitan en los barrios más precarizados del país sufren de violencia policial y que cuando son negros o latinos, corren riesgo de violencia.

No estamos hablando de un país nórdico o Nueva Zelanda donde uno puede esperar este tipo de retórica, sino del país de la tolerancia cero, la tercera es la vencida, compstat y muchas otras acciones vinculadas con el fortalecimiento de las tareas y funciones policiales. Es por eso que nos puede servir para reflexionar en como mejor avanzar en el necesario proceso de reforma policial.

Obama creó una fuerza de tarea (algo así como la Comisión Engel) encargada de estudiar y proponer las recomendaciones claves para la reforma necesaria. Es la primera de estas comisiones en la historia del país y tuvieron equipos técnicos pero también abrieron espacios de participación ciudadana para escuchar de forma independiente y transversal a los vecinos de distintas partes del país. La política fue clave pero no se construyeron como actores principales que trataron de adecuar las recomendaciones a lo que se podía hacer en el contexto político actual.

Este proceso no estuvo exento de críticos, sobretodo los sindicatos policiales evidenciaron sus reclamos y sus propuestas de transformación. Pero también generó espacios para coberturas periodísticas que empezaron a transparentar las deficientes del accionar policial así como las consecuencias de políticas públicas segregadoras, fragmentadoras y racistas que de cierta forma avalaban estas actitudes policiales. 

Los aprendizajes son importantes. 1. La policía requiere invertir en consolidar su legitimidad frente a la comunidad. 2. Las estrategias de des-escalamiento de la violencia tienen que estar en el centro de las prácticas policiales 3. La transparencia policial es fundamental.

El grupo de tarea puedo entregar su informe luego de más de un semestre dado que existían múltiples estudios de y sobre la policía que permitieron avanzar con mayor rapidez en las propuestas. Por otro lado, la presencia de un gobierno civil sobre las instituciones policiales aseguro implementación de las recomendaciones.

En Chile partimos en un escenario más precario. Los estudios policiales son pocos y en su mayoría reservados, privados o secretos. El acceso a la institución para analizar por ejemplo la percepción de los suboficiales sobre los procesos de toma de decisiones o la visión de las mujeres policías sobre su rol en la institución, es prácticamente nula. Aún más grave es el nivel de autonomía respecto al poder político, la ausencia de un mínimo conocimiento especializado lleva a replicar interpretaciones, copiar sin dudar informes, datos y solicitudes presupuestales. Estamos frente a un abandono evidente de capacidad política en un área que marcará la calidad de nuestra democracia en el futuro.

Reformar el sector seguridad (Ministerios, policías, inteligencia) es una tarea de largo plazo que requiere de procesos serios y sobretodo bien fundamentados para evitar caer en el complejo proceso de reformas y contra-reformas que caracterizan a muchos países latinoamericanos. Tal vez el Presidente Piñera puede valorar este caso, instruir a sus Ministros para priorizar los necesarios cambios, generar espacios de investigación, participación y colaboración para así tener una propuesta real de transformación policial. Podría ser un inesperado pero bienvenido legado.

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