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Defender el Proceso Constituyente es defender el futuro

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“defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos”

(Mario Benedetti)

Ser pesimista, por estos días, es una cierta moda, nos recordaba Agustín Squella a propósito de una columna de Sebastián Edwards en El Mercurio: “El pesimismo, real o fingido se ha vuelto un tic, una manía de turno, una idea fija muy extendida y popular, casi una carta de presentación, como si mostrarse pesimista o escéptico ante todo (la democracia, la política, los movimientos sociales, las instituciones, los derechos humanos, la economía, la universidad, el periodismo, los jóvenes, la pandemia, una nueva Constitución) fuera una señal de inteligencia algo así como decir: “a mí no me meten el dedo en la boca”.

Algo pasa en Chile que nos hemos vuelto siempre pesimistas, será probablemente un invierno duro, al que se le ha sumado el miedo a una pandemia. Pero mientras los rayos del sol comienzan a prolongarse, y la primavera despunta tímidamente, los agoreros del fin del mundo, los pesimistas por naturaleza, en estos días han destacado frases para el oro olímpico.

A propósito de la debacle que auguraron con el retiro del 10% de los fondos de pensiones, dos connotados economistas, José de Gregorio y Juan Andrés Fontaine reconocen tímidamente el error, como el meteorólogo que nos invita a usar impermeable, abrigo y paraguas para caminar bajo el sol al día siguiente. Fontaine declaró algo que va incluso más allá: “Hago un mea culpa en los técnicos, que de repente caemos en argumentos que exageran la nota para ser más convincentes, y eso nos resta credibilidad”.

¿Será solo aquello o es que nos hemos acostumbrados a que los llamados “técnicos” una elite cerrada que se pasea de la academia, a los negocios pasando por la política non stop y sin declarar sus verdaderos intereses detrás de una agenda que más tiene que ver con sus encargos y conflictos de interés, que con la realidad que se abre ante los ojos cuando llega la hora de dar diagnósticos?

Jeannette Von Wolfersdorff, esta semana nos recuerda en un estupendo artículo publicado por CiperChile y reproducido hoy en ENTREPISO –que de paso recomendamos leer- sobre los oligopolios, la concentración del mercado y el análisis que de estos se hace en un país pequeño, una cita del economista, Luigi Zingales: “claramente hay más oportunidades para economistas que se adaptan a los intereses económicos”.

De aquí en más, esto es algo que hay que tener en cuente en todas las materias cuando los grandes medios dan cabida a los “expertos” en distintas materias que no revelan sus verdaderas agendas frente a hechos que analizan, y que demuestran que pesimismo y conflicto de interés, aullidos de espanto y búsqueda por ser parte de una elite política y económica, a ratos están más cerca de lo que uno imagina.

¿Significa esto un llamado a abandonar la evidencia y la técnica mesurada para la generación de políticas públicas? Por cierto que no, se trata simplemente de transparentar, como debe hacerse en toda sociedad democrática desde donde y para que se emiten juicios de valor frente a determinadas iniciativas.

Decimos lo anterior como una antesala para defender el proceso constituyente de tanto pesimismo reinante.

Hemos visto por estos días, el terror de algunos que comienzan a imponer límites de votación para exigir legitimidad a un plebiscito que ellos mismos concurrieron a iniciar para dar paso a un proceso constituyente (recordar que los mismos se negaron a un plebiscito con voto obligatorio de entrada).

Hay que hacer un llamado a la perspectiva de largo plazo –algo que tan rápido se pierde en la discusión pública a ratos-. El plebiscito de octubre fue fruto de un acuerdo de las fuerzas políticas a la que solo se negaron grupos minoritarios en el Congreso. Algunos miembros del Frente Amplio (que hoy pasean con bandas del apruebo) y un parlamentario de posiciones ultrapinochetistas ligado a un candidato de la ultraderecha. El resto estuvo esa noche. Como bien nos recordó el senador Felipe Harboe en un podcast publicado esta semana en este sitio, esa noche todos concurrieron y la buena política se hizo presente pese a los “tironeos” propios de un proceso como éste.

El proceso constituyente hay que recordar solo se inicia con este plebiscito, por ende, mientras se eligen Convencionales, se redacta una nueva Constitución con acuerdos alcanzados por 2/3 de la Convención, respeto a los derechos y garantías de los Tratados Internacionales, y se llega a un plebiscito de salida (obligatorio), la Constitución de 1980 continuará plenamente vigente y rigiendo el sistema institucional chileno. Por ende, si usted es pesimista, el proceso esta reglado (dedíquese a darle una somera lectura al capítulo XV de la actual Constitución) y se dará cuenta que todo el proceso debe ser una verdadera fiesta de deliberación madura.

Llegó el tiempo de confiar en la ciudadanía sin paternalismos, como suele hacerse por parte de los expertos, los chilenos han demostrado a lo largo de la historia la capacidad de elegir moderación, diálogo, paz y tranquilidad, manteniéndose lejos de la estridencia que abunda por estos días. Solo remontemos nuestra memoria a los días previos al plebiscito de octubre de 1988.

Invitemos a votar en el plebiscito. En democracia ninguna opción es moralmente superior a otra, por el contrario, pero aprobar el inicio de un proceso constituyente nos otorga la posibilidad de abrir un camino de entendimiento, donde todos seamos parte del debate del país que queremos, siendo un ejercicio de deliberación civilizada, que no estará exenta de problemas, pero que requiere de paciencia, mesura, escucha y sobre todo de la capacidad de entender que nadie en una democracia tiene la razón última que no sea honrarla desde distintas posiciones.

A menos de 70 días hacemos un llamado a votar Apruebo y Convención Constituyente, a cuidar de nuestra salud y de los demás y a que ojalá, una vez que esta primavera aparezca después de este triste invierno donde 15.000 chilenos no nos puedan acompañar a votar producto de la pandemia, los honremos a ellos y a todos los que en el camino soñaron con un mejor país.

En palabras de Mario Benedetti, a defender el plebiscito y sobre todo a defender la alegría para la construcción de un país nuevo para nuestros hijos y nietos, un país donde todos por primera vez deliberemos sin imposiciones lo que queremos ser y el futuro que nos queremos dar.

Imagen:  Acuarela del pintor chileno Samy Benmayor, “El encuentro entre Cirse y Odiseo” (1993)

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