Pablo Morris

Pablo Morris

De profesión sociólogo. Me apasiona la investigación social, las políticas públicas y los temas laborales. Padre de una linda concertista de violín. También músico, escritor, maratonista y aprendiz de cocinero y jardinero. Soy chileno, migrante interno y externo. Optimista, quiero un país más justo igualitario y solidario, donde las personas puedan cumplir libremente sus sueños. Fui jefe del departamento de estudios de la Dirección del Trabajo y antes trabajé en SENCE, Asesorías para el Desarrollo, Fundación Chile y Fundación Chile 21.

Desalentar el desaliento

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“El desaliento ¿por qué empeñarse en buscar a quién se quiere esconder? Si Dios no se deja ver, alma, ¿cómo les has de hallar?” escribió el poeta modernista mexicano Amado Nervo, a principios del siglo XX. Como muchas veces, la poesía logra transmitir con más fuerza que la ciencia el drama de perder la esperanza.

Una vez oído ese grito, lo que cabe a la política pública es atender con rigor a la evidencia de los datos. Sobre todo, cuando el desaliento es la tendencia más seria y profunda que está ocurriendo en el ámbito laboral nacional como efecto directo de la pandemia por COVID-19.

Las principales encuestas de empleo del país (Instituto Nacional de Estadísticas, Centro UC y Microdatos Universidad de Chile para el Gran Santiago) coinciden en que la principal tendencia global que afecta al mercado laboral es el Desaliento. Cerca de dos millones de personas han quedado sin empleo, sin embargo, no buscan uno nuevo y pasan mayoritariamente en cambio a la condición de inactividad.

Más allá de las diferencias metodológicas entre las tres encuestas citadas, la tasa de desempleo está empinada sobre el 10%, pero si se considera a las personas inactivas que buscarían trabajo si no hubiera pandemia, sería cercana al 20%. Y si se suman las y los trabajadores con relación laboral vigente pero contrato suspendido, casi llegaría al 30%.

Al profundizar en las cifras, todo esto afecta con especial fuerza a las mujeres, marcando un retroceso de cuatro décadas en la brecha de género. Ellas pierden empleo igual que hombres, pero regresan al hogar y, en casa, dedican más horas semanales que los hombres a tareas domésticas, actividades con las y los niños, apoyo en tareas escolares y cuidado de otras personas en el hogar. Trabajo socialmente invisibilizado. Además, se ven expuestas al aumento de violencia intrafamiliar.

Considerando este escenario, el desaliento es muy explicable y tiene similitud con la desesperanza aprendida. Este concepto de psicología social describe un fenómeno de largo aliento que según la CEPAL favorece la mantención en el tiempo de la pobreza de muchos hogares en América Latina. Lo nuevo es que esta vez la crisis golpeó en unos pocos meses. Tal como sucede con la confianza, la esperanza puede perderse muy velozmente, pero toma un tiempo muy largo en recomponerse. Es tarea de la política pública y también de los privados acelerar esa recuperación.

Partimos este artículo con poesía y lo cerramos también así. “¿Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura, en horas de desaliento así te miro pasar? ¿Y cuántas veces te grito: hazme un sitio en tu montura y llévame a tu lugar?”. Versos de León Felipe, poeta, farmacéutico y dramaturgo español de la Generación del 27, musicalizados por Joan Manuel Serrat. Las políticas públicas deben combinar rigor técnico, sensibilidad social y un sueño de futuro compartido.

Junto con medidas inmediatas de apoyo contra el hambre y la pobreza, urge que encontremos nuestro Quijote, especialmente en estos tiempos constituyentes. Para desalentar el desaliento.

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