Miguel Yaksic

Miguel Yaksic

Licenciado en filosofía y teología y máster en ética social. Desde diversas veredas ha estado vinculado a lo político y la ética pública. Ha trabajado en la formación de trabajadores, en la promoción de los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas, en el desarrollo de competencias interculturales, en consultoría y docencia universitaria. Actualmente trabaja en el Consejo para la Transparencia y es profesor adjunto de la Escuela de Gobierno UC.

Desigualdades Atávicas

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Con 22 años y en 1831 Charles Darwin se embarcó en el bergantín Beagle para hacer el viaje de cinco años alrededor del mundo que fue el origen de ese giro copernicano que no solo dio vuelta la ciencia mundial, sino que cambió nuestra manera de comprender al género humano. El paso del Beagle -cuyo capitán, Fitz Roy, era otro veinteañero- por Chile fue importante para las investigaciones del naturalista. Entre pitos y flautas pasó 20 meses entre la Patagonia, el sur y los valles centrales. Conocidos son sus hallazgos científicos, pero poco sabemos de la impresión social que se llevó del país.

En Chile conoció la aristocracia criolla y la pobreza más brutal.  Y en sus notas muestra cuánto le impactó la profunda desigualdad que encontró entre trabajadores y patrones.

Me encontré con la valoración social que Darwin hizo de Chile al leer “Chile en los ojos de Darwin” de Claudia Urzúa, buena lectura en estos tiempos de enclaustramiento. Me sorprendió que un inglés colonialista se impactara con las desigualdades sociales. No olvidemos que en ese viaje del Beagle, Fitz Roy devolvió en las islas de los canales fueguinos al así rebautizado Jemmy Button y otras dos personas yaganes que habían sido sacadas de sus tierras tres años antes para presentarlas ante la corona británica. No tengo la impresión de que la justicia social fuera un valor demasiado importante en esos tiempos de expansión colonial.

Con todo, Darwin se llevó una imagen amarga. En su recorrido por unas minas de oro cerca de San Fernando, le impresionó el aspecto moribundo de los mineros. El trabajo era durísimo y la alimentación muy escasa. Recoge Urzúa una nota de Darwin: “los tratan como caballos”. Pasaban tres semanas trabajando y dos días de descanso en sus casas. Con salarios que pauperizaban la vida.  Lo mismo vio en otra mina cerca de Jahuel. Le costaba comprender por qué un país rico en recursos naturales trataba tan mal a sus trabajadores. No se demora en caer en la cuenta de que el sistema económico y social era el feudal del vasallaje. Ese inquilinaje que conocemos y que llevó a la reforma agraria 140 años después. Fuerza de trabajo gratuita a cambio de la ocupación de un pedazo de tierra para parar la choza.

Tras su famosa ascensión al cerro La Campana, en la cordillera de la costa, cerca de Quillota, el naturalista registra por escrito en sus apuntes una observación elocuente. Los arrieros chilenos que lo acompañaban se sientan lejos de él al momento de comer. Su intento de acercarlos fue inútil. Los campesinos no se acercaron y esperaron que los ingleses terminaran de comer para alimentarse ellos. Le llamó la atención la diferencia con los gauchos de las pampas argentinas que había conocido, que no tuvieron empacho en sentarse junto a ellos a la mesa, como iguales.

Urzúa recoge otra cita de las notas de Darwin: “de ninguna manera se considera que los hombres son iguales (…) y esto es una consecuencia necesaria de la existencia de la aristocracia. Se dice que unos pocos grandes propietarios de tierras obtienen entre cinco a diez mil libras esterlinas al año. Esto es una desigualdad de riqueza que no creo que se observe en ninguna otra parte de los países ganaderos al este de los Andes”.  En Chile, Darwin se encuentra con que las estructuras económicas, sociales y culturales coloniales habían sido adoptadas y reproducidas por la aristocracia criolla. Unos pocos habían tenido acceso a la propiedad de la tierra, mientras la mayoría seguían siendo sus vasallos. Era la relación entre la hacienda y el inquilinaje, que tanto ha marcado a la sociedad chilena.  

Así como lo conmovió la desigualdad, poco le interesó la alta sociedad santiaguina que tenía como modelo el mundo europeo. Era de esperar que la presencia de un científico inglés en Santiago provocara revuelo e interés y por eso fue que lo buscaron para convidarlo a cenas y reuniones. Pero prefirió encontrarse con los campesinos y con sus compatriotas ingleses que a la sazón residían en Chile.

Mucho dicen las notas de Darwin sobre los orígenes de los conflictos sociales que nos remecen hasta hoy. No son pocos los investigadores que retroceden hasta la colonia para explicar los orígenes de los conflictos actuales. Las personas que estudian las migraciones y los pueblos originarios desde la perspectiva cultural y social suelen echar mano al enfoque intercultural para explicar cómo las causas de la desigualdad y la violencia están en la colonia. Y para explicar cómo las relaciones coloniales han marcado profundamente la vida social latinoamericana y cómo a la raíz de los problemas de desigualdad está la estructura social colonial y racista; donde las relaciones se construyen dentro de una matriz colonial de poder racializado y jerarquizado donde lo blanco/europeo está en la cima y lo moreno, lo indígena y lo afrodescendiente en la base.

Mirar la historia nos hace pensar que el camino hacia la justicia que traerá paz y cohesión social requiere de profundidad y reflexión. Y que las salidas fáciles y apuretes mostrarán que la sola justicia redistributiva no es suficiente. Que hay que poner el foco en esas formas de poder no elaboradas desde las cuales nos relacionamos y comprendemos y que siguen reproduciendo las estructuras coloniales.

Me pregunto qué habría pasado si la prensa hubiese acosado y expuesto a algún familiar nuestro diagnosticado con Covid 19 como lo hizo con esas familias haitianas que viven hacinadas en un galpón dividido en piezas arrendadas en situaciones abusivas en Quilicura. Habría quedado la pelotera. Porque no hubiésemos estado disponibles para una vulneración tan flagrante de nuestra vida privada.

Capaz que el origen del estallido social haya estado en la necesidad de desmontar de una vez los patrones del poder para visibilizar diversas formas de ser, vivir y saber. Para desmontar esas formas no elaboradas, pero injustas y sesgadas, de entender al otro. Y capaz que el camino sea un proceso de deconstrucción político, social, pedagógico, científico y cultural que requiere agencia y lucidez. Que requiere un diálogo nuevo, con una simetría nueva.

Las raíces de la desigualdad son profundas y antiguas. Avanzar hacia condiciones más justas requiere crecimiento económico, pero también una transformación cultural y ética.

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