Andrés Villar

Andrés Villar

PhD en Relaciones Internacionales de la Universidad de Cambridge. Cientista Político de la Universidad Católica, con estudios en Science-Po París. Volví para trabajar como Investigador en FLACSO-Chile. Fui Analista del Ministerio de Relaciones Exteriores. Tras finalizar mis estudios doctorales trabajé como Investigador Asociado en el Centre for Rising Powers(Universidad de Cambridge). Lo mío son las Relaciones Internacionales.

Difusión del poder

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En las últimas décadas, una de las grandes orientaciones estratégicas de Estados Unidos fue promover un liberalismo internacional. Bajo esa premisa, Washington promovió el libre mercado, democracias e instituciones multilaterales. En ese sentido, una estrategia global es una hoja de ruta de largo plazo que da luces de los medios para conseguir determinados fines. 

Si dio resultados, señalan Drezner, Krebs y Schweller en un reciente artículo en Foreign Affairs, fue porque desde el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos tenía una noción clara de cómo estaba distribuido el poder internacional, existía un consenso interno entre los partidos políticos sobre las prioridades y objetivos y había una estabilidad institucional del sistema político. Desde la llegada de Trump, todo lo anterior ha desaparecido. 

Una estrategia global exitosa descansa en una percepción clara de cómo se distribuye el poder global. Sin embargo, ya no sirve aquellas visiones para definir a enemigos 100% como lo fue el caso de la Guerra Fría con la Unión Soviética. El poder en el escenario internacional ya no es el mismo: cambio su naturaleza, y por lo tanto, su difusión en el sistema internacional ha hecho que para Estados Unidos sea mucho más difícil definir su orientación internacional. Su destino. 

La manera en que los países ejercen y definen su poder y los propósitos que buscan han cambiado. La comunidad internacional ha redefinido las nociones de poder. Hay un evolución en manera que definimos quiénes son los que ostentan status y prestigio internacional. Solo basta observar cómo el medio ambiente se ha posicionado en la agenda internacional en los últimos años. Por de pronto, somos testigos de la emergencia de un mundo sin polaridades y en desorden. En el último tiempo, el poder militar en escasas excepciones ha sido un instrumento para resolver los problemas y lograr objetivos. Con todo, estamos en un proceso de transición, aun nos definimos y diferenciamos en términos de lenguas, costumbres y fronteras políticas. Los nacionalismos y la idea del Estado-nación anclados en los principios de soberanía siguen presentes.  

En este escenario podría especularse que no asistimos a un mundo bipolar (Estados Unidos versus China) o uno con una multiplicidad de actores (5-6). Las relaciones internacionales parecen no ser las mismas del siglo pasado, en el sentido que será domina por una o dos potencias mundiales. Porque el poder militar y económico ya no bastan para influenciar el comportamiento de los actores internacional. Desde los grupos terroristas, crimen organizado, el narcotráfico, ONGs hasta las grandes corporaciones pasando por estados parias cada uno tiene un margen de acción especial, pero sobretodo tiene y ejerce un poder distinto a los críticos clásicos del poder internacional. En un ciberespacio sin autogobierno qué poder de coacción tienen las grandes potencias ante agentes transfronterizos ¡ninguno! 

En un mundo donde el poder tradicional no es capaz de comprar influencia como lo fue en el pasado, el orden y la cooperación internacional están en serio riesgo. El problema, de ser cierta esta apreciación, es que las grandes potencias no tendrán muchos incentivos para resolver grandes disputas geopolíticas (medio oriente), comerciales o de medio ambiente. Al parecer nos adentramos a un mundo donde se privilegiaran acuerdos ad-hoc entre actores diversos.

En este incierto escenario internacional, Chile necesita certezas para confirmar principios e intereses y la lucidez, creatividad y pragmatismo para redefinir objetivos y alianzas. 

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