Eugenio Severin

Eugenio Severin

Cofundador y director ejecutivo de “Tu clase, tu país”. Ha sido consultor internacional en educación para instituciones como UNESCO, BID, Banco Mundial y otras. Fue Especialista Senior en la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo desde el 2008 hasta 2012. Trabajó desde 2003 y hasta el 2008 en la Fundación Chile. Fue Jefe de Gabinete del Ministerio de Educación de Chile entre el 2000 y el 2002 y luego fue Director Nacional de la Oficina de Asuntos Ciudadanos del mismo Ministerio.

Educación, bienestar y crecimiento

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En la base de muchas de las políticas públicas educativas en el mundo entero, ha estado la convicción de que mejorar los resultados en las pruebas estandarizadas conduce a un consecuente crecimiento económico, debido a las mejores competencias presentes en la población.

En septiembre de 2019, los profesores Hanushek y Woessmann publicaron un nuevo paper, respaldado inmediatamente por el equipo de la OECD que reafirma esta idea. Basados en datos de PISA, sostienen que 25 puntos más en las pruebas PISA pueden tener un impacto de un 7% de aumento en el Producto Interno Bruto (PIB) de un país, en el plazo de un siglo.

Parece de sentido común, ¿no? Si las personas demuestran mejor manejo en matemáticas, ciencia y lengua, esa sociedad tiene mejor desempeño económico.

Pero en un reciente artículo de Forbes, se propone una lectura alternativa que califica esta convicción como un mito, en cuanto no tiene evidencia sólida que la sustente. Este paper ya del año 2001 del economista del Banco Mundial Lant Pritchert, muestra que la relación causal entre mejores resultados en pruebas estandarizadas y crecimiento económico es mucho menos clara y contundente de lo que se suele dar a entender.

En este otro estudio publicado en 2017, el profesor Hikaru Komatsu, proponen un error metodológico clave de los trabajos que han sustentado el mito: se compara resultados PISA de un año con el PIB de ese mismo año, lo que no tiene sentido. La prueba PISA se aplica a jóvenes de 15 años, por tanto ellos no serán parte del mercado laboral hasta 10 o 15 años después. Al corregir la comparación, desplazando la comparación a los años en que esos jóvenes ya debieran estar haciendo su pleno aporte al desarrollo económico, el profesor Komatsu descubre que no hay prácticamente ninguna correlación entre resultado en la prueba estandarizada y el crecimiento económico.

Como parece demostrar una creciente literatura, es bastante más probable que sea el bienestar general de la sociedad y condiciones de mayor equidad y justicia social, las que conduzcan a mejores resultados educativos, y no al revés. La causalidad podría ser la inversa de lo que pensábamos.

¿Por qué esto es importante ahora? 

Porque si es cierto lo anterior, la principal preocupación de educadores, académicos, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos preocupados de la educación debiera ser crear condiciones de bienestar socioemocional y de justicia social, que sean la plataforma desde la que podemos construir sistemas educativos más eficaces, es decir, en donde niñas, niños y jovenes aprenden más y mejor, desarrollan mejores competencias y pueden contribuir consecuentemente al crecimiento económico.

No significa esto que las pruebas estandarizadas no tengan utilidad. Por supuesto, pueden ser útiles para entender el progreso general respecto del currículo propuesto, o entender tendencias generales del trabajo de las escuelas (por cierto, para eso no necesitan ser censales, podrían ser muestrales, y por supuesto que no tiene sentido comparar resultados y hacer rankings entre establecimientos educacionales).

Solemos cargar a la escuela (y los docentes) con la responsabilidad de preparar a ciudadanos, profesionales y técnicos para el futuro de nuestros países. Cambia sustancialmente la perspectiva con que diseñaríamos las políticas públicas en educación si entendiéramos que en contextos de bajo bienestar e inequidad, el techo de posibilidad de éxito del sistema escolar es bastante bajo. En cambio, si podemos hacer de la escuela un lugar de cuidado, de construcción de ciudadanía diversa y equitativa, de desarrollo de habilidades socioemociales y de desempeño en el siglo XXI, probablemente ofreceremos no sólo mejores oportunidades a cada uno de los estudiantes, sino que podríamos generar condiciones auténticas para nuestro crecimiento económico. 

Imagen: Del pintor holandés, Jan Steen (1626-1679) “Maestro de Escuela” (1668)

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