Eugenio Severin

Eugenio Severin

Cofundador y director ejecutivo de “Tu clase, tu país”. Ha sido consultor internacional en educación para instituciones como UNESCO, BID, Banco Mundial y otras. Fue Especialista Senior en la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo desde el 2008 hasta 2012. Trabajó desde 2003 y hasta el 2008 en la Fundación Chile. Fue Jefe de Gabinete del Ministerio de Educación de Chile entre el 2000 y el 2002 y luego fue Director Nacional de la Oficina de Asuntos Ciudadanos del mismo Ministerio.

Educación es diálogo

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El paradigma educativo industrial, instalado en el siglo 19 y que todavía es la experiencia de la mayoría de los niños y niñas en el mundo y en Chile, supone la metáfora de los estudiantes como un vaso vacío. La tarea de la escuela es llenar ese vacío de ignorancia con un conjunto de contenidos predefinidos en el currículo. Por eso, mucha de la tarea de los docentes es vertical. Desde esa concepción, unos entregan y los otros deben recibir, lo más tranquilamente posible, y aprender (memorizar) esos contenidos.

La educación del siglo XXI, de la que hemos venido hablando en columnas anteriores, es en cambio esencialmente diálogo. Asume que la escuela es una comunidad de aprendizaje. Toda la investigación más reciente sobre la efectividad de la educación apunta a que la escuela eficaz es aquella donde los docentes son también aprendices con sus estudiantes, los directivos son aprendices con sus docentes.

Pero la educación no solo es diálogo en la sala de clases o en la escuela. La educación es diálogo también cuando se trata de definir prioridades, concordar estrategias, trabajar en su mejoramiento.

Por eso es tan importante el esfuerzo que ha impulsado un grupo de organizaciones de la sociedad civil, como Acción Colectiva por la Educación, y especialmente Elige Educar, con la iniciativa “Tenemos que hablar de educación”, que ha propuesto importantes experiencias de diálogo en escuelas, liceos y colegios, para compartir sobre el destino y propósito de nuestra educación.

Este trabajo es fundamental, porque también el sistema educativo, sus autoridades y expertos deben ser aprendices, abiertos a la escucha de necesidades, expectativas y necesidades de docentes y estudiantes, de manera que las políticas públicas sean construidas desde la atención a las comunidades educativas. No existen respuestas correctas predefinidas, la educación es un proceso de permanente construcción y búsqueda y aprendizaje, en comunidad.

También por eso es valioso que, por fin y después de siete meses, el ministerio haya constituido una mesa de trabajo con actores del sistema educativo, organizaciones académicas y de la sociedad civil, para compartir prioridades, definiciones y acciones para el retorno seguro a clases, y su propósito educativo.

Era absurdo seguir con el juego porfiado de un ministerio que insistía en solitario en la urgencia del regreso, muchas veces con una comunicación poco empática y obsesiva, y un Colegio de Profesores que se resistía a cualquier posibilidad de retorno. Lo que vamos a vivir en los próximos meses es todavía incierto, con idas y vueltas, con la búsqueda compartida de soluciones que sean al mismo tiempo seguras, comprometidas con el aprendizaje y una ayuda para las familias, especialmente las más vulnerables. Y eso requiere diálogo, mucho diálogo. Nadie tiene derecho a negarlo o restarse.

El desafío del presente requiere, también, tomar todas las medidas a la mano hoy mismo, para que ningún estudiantes o docente se quede atrás en estos meses que quedan todavía de pandemia. Además de un retorno seguro, necesitamos tener un compromiso con el aprendizaje de todos y todas, que incluye apoyos inmediatos en conectividad, dispositivos, recursos digitales y plataformas para los que no pueden retornar.

Y para esa conversación comprometida, todos sin excepción debemos estar disponibles, porque ya sabemos: educación es diálogo.

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