Laura Gallardo

Laura Gallardo

Laura es de la U: su *alma mater* es la U y es, orgullosamente, profe de la Escuela de Ingeniería y Ciencias. También y, a pesar de todo, es de la U desde mucho antes que las S.A, más bien desde los pretéritos clásicos universitarios. Científicamente le ocupan los impactos humanos sobre el Sistema Climático y los cambios paradigmáticos por los que debe atravesar el mundo y la ciencia. Esto último viene de su otra influencia: la U de Estocolmo donde se formó como investigadora.

El aprendizaje más allá de zoom

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No, no daré la lata de los nuevos desafíos que impone enseñar a través de plataformas digitales. Esos, al final, serán parte del proceso que se venía de todos modos. Por otro lado, al menos en el caso de profes universitarios, será una oportunidad de salir de las rutinas estupefacientes y, quizás, recrear la docencia CON jóvenes del siglo XXI…Igual, como dice Serrat, sería fantastic si dejáramos de “pasar la materia”.

El aprendizaje al que me refiero tiene que ver con reconectar con las necesidades esenciales, con la fragilidad de esta especie amenazada por un piñizco de ácido ribonucleico (RNA por sus siglas en inglés) y también con la capacidad de ser solidarios. Es notable que este pichintún de RNA haya logrado que una fracción sustantiva de los 7800 millones de personas que habitamos este planeta azul estemos más quietos: ¡tanto que hasta los sismólogos lo han podido medir!

En efecto, cada uno ha debido ponderar cuáles son las necesidades esenciales: agua, comida, cobijo, afecto, etc. Para muchos esas necesidades siguen no estando satisfechas: ¿te acuerdas de los Rohingya en Bangladesh? Quizás tienes más cerca a esa parte de los estudiantes sin computador, ni conexión de internet y que vive en alguna vivienda típica de Chile. ¿Cómo será una cuarentena en Bajos de Mena? (Al menos no creo que hayan partido a la “casa de la playa”). Claro que más allá de constatar la inequidad y la injusticia, quisiera que estemos aprendiendo que consumir por consumir no es lo esencial ni lo que nos hace felices. Al revés, nos hace gastar energía, típicamente fósil, y dejar una estela de plástico y mugre que nos ensucia, al punto de enfermarnos.

Todos, probablemente los casi 8 billones de personas, hemos visto alteradas nuestras vidas y nuestras psiquis. Hemos percibido la amenaza. Ojalá nos demos cuenta de que sólo podemos estar seguros si todos y todas y todes estamos seguros: la cadena entera es tan débil como su eslabón más débil. Y para muchos de nosotros, el aprendizaje ha sido que tener plata, fama, estatus, poder, rejas altas, etc. no son seguro frente a esta amenaza global. Me gustaría que viéramos que algo análogo ocurre con la amenaza y el riesgo del cambio climático antrópico que estamos empezando a vivir. ¡No hay piscina que nos salve de la sequía! Al revés, exacerba el riesgo.

Y nuestra necesidad de ser solidarios: esta debiera ser el mayor re-aprendizaje. Y el “re” viene del hecho que somos una especie gregaria cuya supervivencia se asegura grupalmente. Pero nos han convencido, y hemos creído bobaliconamente, que el individualismo y la competencia son la fuente del poder y la seguridad. No son los matones agresivos quienes nos ayudarán a salir de esta. De nuevo será saber compartir el conocimiento contándonos unos a otros lo que sabemos y no sabemos, haciéndonos preguntas, cuidándonos y cuidándolos, aún a los raros y los diferentes.

La mayor parte de los 8 mil millones de personas que habitamos este planeta azul sobrevivirá el COVID-19. Ojalá la mayoría de ellos salgan más sabios y con ganas de cambiar el mundo. Ojalá que en este territorio hagamos una constitución que nos represente y nos permita el marco para seguir cambiando el mundo. ¡Seria fantastic!

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