Andrés Villar

Andrés Villar

PhD en Relaciones Internacionales de la Universidad de Cambridge. Cientista Político de la Universidad Católica, con estudios en Science-Po París. Volví para trabajar como Investigador en FLACSO-Chile. Fui Analista del Ministerio de Relaciones Exteriores. Tras finalizar mis estudios doctorales trabajé como Investigador Asociado en el Centre for Rising Powers(Universidad de Cambridge). Lo mío son las Relaciones Internacionales.

El complejo escenario de seguridad internacional 2020

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Las realidades políticas y estratégicas actuales, especialmente en la era de la interdependencia, afectan a todos los países y las regiones. Es posible observar que transitamos por un periodo de incertidumbre en donde el orden y la arquitectura de la seguridad internacional conocida hasta ahora, dan indicios que pueden cambiar en los próximos años. Los escenarios actuales, incluyendo los riesgos y amenazas, son complejos en su naturaleza y variables en el tiempo. Nadie, ningún país, ninguna región, está exenta de este nivel de incertidumbre, de carácter estratégico y global.

La explicación para este fenómeno radica en tres dimensiones: las erráticas señales de las grandes potencias, la estructura de la seguridad internacional, y la agenda de seguridad internacional. 

Las señales de las grandes potencias son confusas y hacen difícil identificar ejes ordenadores que definan una agenda de prioridades y estrategias de respuesta coherentes. El nacionalismo extremo, ataques terroristas y la incapacidad para hacer frente a desafíos globales como la inmigración y el calentamiento global han golpeado fuertemente la legitimada de los actores políticos. Bajo este cuadro de desconcierto internacional, los líderes nacionales, incentivados por la supervivencia política, buscan soluciones populistas y de corto plazo para desafíos complejos de carácter global.

Esto se produce en parte porque las tradicionales instituciones de seguridades internacionales creadas hacen más de 50 años para prevenir, contener y enfrentar crisis y conflictos se han visto deslegitimadas, sobrepasadas o incapaces de resolver tradicional y nuevos fenómenos de seguridad internacional. Como consecuencia inmediata, determinados países han optado por estrategias unilaterales para la resolución de conflictos. La paradoja de esta tendencia es que las amenazas a la paz y seguridad son en su mayoría de naturaleza regional o global. Como consecuencia, se identifican un conjunto de cambios estructurales a nivel global y regional que han generado que los líderes nacionales estén en constante estado de control de crisis y, asimismo, carentes de respuestas de sólidas y coherentes.

Por otra parte, la agenda de seguridad internacional combina temática tradicionales y nuevas que dificultan una respuesta colectiva. Amenazas como el crimen organizado transnacional, terrorismo internacional, cambio climático, migraciones y ataques cibernéticos, entre otros, dan luces de una variedad de factores y escenarios que determinan tanto su impacto como su alcance (número de actores involucrados, utilización de recursos tecnológicos de alto nivel, asociación con grupos políticos con motivaciones particulares). Como resultado, no existe una agenda consensuada sobre las prioridades y estrategias para enfrentar los actuales dilemas de seguridad internacional. 

Por de pronto, es posible identificar este estadio de inseguridad en Europa, Medio Oriente, África y Asia. En estas regiones, por distintas causas y factores particulares es posible observar, entre otros, actores nacionales capaces de desafiar el orden y la arquitectura de seguridad regional, la anexión de nuevos territorios, disputas fronterizas marítimas y terrestres, y la prevalencia de políticas domésticas por sobre las acciones concertadas para hacer frente a una agenda de seguridad cada vez más compleja en su naturaleza. Así la opción de determinados líderes o países por encapsular sus agendas y estrategias a nivel doméstico ha tenido como efecto que los arreglos institucionales regionales de resolución de conflictos se vean cuestionado, desafiados, o por aún, obsoletos. 

Pero no solo se trata de una mayor complejidad de la agenda de seguridad y la incapacidad de las tradicionales instituciones de seguridad internacional, sino que también en los cambios en la correlación de fuerzas en la jerarquía del poder internacional. En distintas zonas geográficas, potencias emergentes desafían el orden regional y la supremacía de actores globales en dichas en áreas. Esta creciente tensión, fomentada por factores domésticos o la incapacidad para dar respuesta a temas complejos y transfronterizos, dificultan una mayor articulación colectiva para hacer frente a amenazas que incrementan la inseguridad internacional.

La relación de estos factores y escenarios a lo largo del tiempo son también variables de acuerdo a elementos internos como externos, por lo que la estrategia que puede resultar efectiva o deseable para combatirlos hoy puede no ser la adecuada mañana. El reconocimiento de lo anterior debe influenciar o incluso definir la manera en que planteamos nuestra política de defensa y, por ende, su orientación. Por consiguiente, y dado que estos escenarios son cambiantes, poner el debate sobre los lineamientos estratégicos de algún país en un tono de exclusión y encapsulamiento no parece ser la respuesta a los fenómenos contemporáneos de la política internacional. En definitiva, la interconectividad de los desafíos en materia de seguridad y política exterior requieren respuestas compartidas y conjuntas, que no sean rígidas y que cuenten con la flexibilidad necesaria para responder a tiempo a las coyunturas que se presenten.

Por de pronto, en el futuro cercano pasa no solo por identificar las tendencias de carácter internacional, ahora especial atención hay que tener a las dinámicas de política interna de determinadas potencias regionales y globales.

Las políticas internacionales necesitan de legitimidad política para sostenerse en el tiempo. Debemos continuar insistiendo en la importancia de lograr un sistema de reglas y disciplinas claras y obligatorias, aplicables a todos sus miembros, que otorgue estabilidad y cierta predictibilidad al sistema y al ordenamiento internacional, que limite la discrecionalidad en el ejercicio de las políticas de algunas potencias y que proteja especialmente a los países más pequeños contra las acciones unilaterales que puedan surgir. La prevención y resolución de conflictos deben ser abordadas de manera concertada. Esto como resultado, por ejemplo, no solo del reconocimiento de las capacidades de los países de la región y la naturaleza de los actuales riesgos, sino que también en el significado político y la fuerza jurídica que le damos a los regímenes internacionales como estructuras de resolución de conflictos internacionales.

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