Juan Enrique Pi

Juan Enrique Pi

Abogado, 35 años, sudaca militante y entusiasta de la historia. Los fundamentalistas le dirán que soy un funcionario de la dictadura gay, pero solo quiero un país justo, donde podamos ser libres y vivir en paz.

El desafío de las circunstancias

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Muchos crecimos escuchando a nuestro padres sobre cómo su infancia fue tan distinta a la nuestra. Que no había televisión, que no existían consolas ni videojuegos, que la imaginación era la única forma de poder enfrentar las vacaciones familiares cuando se aburrían de trepar árboles y jugar a la pinta. Mis padres, y me imagino que también los padres de quienes están leyendo, sentían que las circunstancias en que les tocó a ellos ser niños era mejor que la que nos había tocado a nosotros: más desafiante, más al aire libre, más fantasiosa. Muchas veces, durante mi niñez, me pareció que esos comentarios eran un reclamo contra nosotros, una especie de superioridad moral de nuestros padres que consideraban que plantarse frente a la televisión a ver dibujos animados era una entretención mediocre y fácil. Aunque supongo, también, que más de una vez agradecieron que nos pudiéramos quedar quietos y tranquilos durante un par de horas con solo arrendar un VHS. Sin duda, esa circunstancia sí que la agradecían.

¿Qué son las circunstancias? El diccionario las define como accidentes de tiempo, lugar, modo, que están unidos a la sustancia de algún hecho o dicho. Podríamos decir que es aquello que acompaña (o acompañaba) momentos que de vez en cuando vienen a la memoria, son las características que encausan determinadas explicaciones o decisiones, son el contexto que rodea la actitud que debemos tomar frente a situaciones específicas. ¿Qué estabas haciendo cuando se cayeron las Torres Gemelas? ¿Dónde estabas el 27 de febrero de 2010? ¿Qué hiciste cuando la pandemia del COVID-19 llegó a Chile? Las circunstancias fueron y serán el tablero de nuestro juego, lo que nos permite movernos hacia determinados puntos, tomar ciertas decisiones y aceptar castigos por malas decisiones.

Una circunstancia evidente en el año 2020 es que ya no somos niños. Logramos sortear, con mayor o menor éxito, los distintos desafíos que nos planteó la infancia y la adolescencia. Algunos logramos egresar de cuarto medio y estudiar una carrera, cambiamos de intereses y nos entretienen otras cosas distintas a las que hace años. Algunos formaron familias y le darán a sus hijos el mismo sermón sobre como la infancia ha cambiado en el tiempo, aunque lo cierto es que la mayoría de las circunstancias han cambiado y seguirán cambiando con los años.

Otra circunstancia evidente en el año 2020 es que nuestros padres ya no son simplemente adultos, sino que son adultos mayores. Muchos de ellos, además, arrastran enfermedades crónicas, viven con dificultades de desplazamiento, quizás se encuentran dando una larga batalla contra otra enfermedad.

Yo siempre pensé que el gran desafío de nuestra generación con nuestros padres estaría en el marco de las políticas públicas: salud, transporte, cuidados, pensiones. Lo pensé en abstracto, supongo que por la natural deformación que acarrean las profesiones y la experiencia laboral. Las circunstancias me corrigieron. Porque en las circunstancias de hoy –inéditas para todas las generaciones, sin duda- las recomendaciones se basan sobre el presupuesto de la insuficiencia de la política pública, y la necesidad de su reemplazo por el apoyo personal e inmediato que podamos brindarnos unos a otros. Si no aplanamos la curva de contagio, entonces nuestros servicios de salud no darán abasto; por eso la recomendación es no salir, especialmente para quienes tienen mayor probabilidad de generar complicaciones por el virus. Para que nuestros adultos mayores no salgan de sus casas y no se expongan a contagiarse, tenemos que ser sus hijos los que estemos disponibles para hacer todo lo que ellos normalmente harían circulando libremente por la calle. Tenemos que volver a generar una comunidad que se apoya en tareas cotidianas, que se ofrece para ayudar sin que nadie lo solicite, que se arriesga por otros. Y tenemos que hacerlo con una sonrisa en la cara. Ese es nuestro gran desafío, en las actuales circunstancias.

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