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El día de la marmota

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Es difícil atribuirse una voz en esta crisis. En las conversaciones cotidianas se percibe a los chilenos cansados, malheridos y agobiados. Regiones como la Metropolitana o Valparaíso han tenido largos períodos de cuarentena, de encierro. Muchas familias llevan ya más de 120 días en sus casas, resistiendo, a la incertidumbre personal y económica, a la posibilidad de la pérdida de la salud y a la muerte, que está más cerca que nunca. En pocas palabras, el chileno siente miedo, y la repetición constante de días y días que parecen iguales, sin una estrategia sanitaria que convenza, instalándose la sensación que el gobierno ya tomó la decisión de que la crisis pasará por un cambio de estación, pero de la cual solo se ve, por ahora el invierno. El plan es al parecer, no tener plan. Apretar los dientes y resistir.

Más allá del mejor tono del nuevo ministro, nada ha cambiado en lo profundo y en la forma de enfrentar la pandemia: los listados de fallecidos, contagiados, la posición de Chile en comparación con los países, que sufrieron la pandemia del coronavirus, demuestra el total fracaso de una estrategia que tanto el ministro actual, como el subsecretario de redes asistenciales han señalado como comandada directamente por el Presidente de la República.

Mientras nos acercamos a 120 días de encierro, y tenemos 10.159 fallecidos, millones de chilenos y chilenas siguen arriesgando sus vidas para trabajar en las 114.000 empresas definidas insólitamente como “estratégicas”. Ha bastado ver la imposibilidad o la desidia del gobierno para intentar endurecer las medidas, recibiendo la directa y evidente presión de los gremios empresariales, para abandonar cualquier tipo de control sanitario, para con empresas que están muy lejos de cumplir un rol estratégico para la sociedad, dejando a la suerte a millones de compatriotas de contraer la enfermedad.

Lo que se vislumbra al final del día es que el gobierno se resignó y aplicó la más chilena de todas las formas de enfrentar un problema sanitario: hacerlo “a medias”,  sigue tratando de convencer de una cuarentena que muy pocos se pueden permitir, y por otro lado mantener a la economía funcionando a media máquina, mientras los contagios no bajan, los muertos continúan y la sociedad comienza a normalizar el horror ante sus ojos. El desgaste, el dejar hacer y el dejar pasar es la consigna, comenzando a hablar nuevamente de una “leve mejoría” que sigue entregando señales incorrectas de una normalidad que está lejos de llegar.

Como si lo anterior no fuese poco, y luego de una difícil negociación con una parte importante de la oposición que logró un acuerdo de gasto de emergencia por US$12.000 millones para ayudas, se viene advirtiendo casi con desesperación la falta de realidad con que el gobierno toma medidas, frente a un ingreso familiar al que hubo de recurrirse en dos oportunidades, por la falta de capacidad de percibir la realidad de una cuarentena imposible para quienes viven “al día”. 

Hoy el gobierno presenta un plan de protección de la clase media, sin definir que se entiende por clase media, y que el centro de la decisión es el endeudamiento. En un país donde en 2019, la mayoría de los hogares chilenos tenía ya un 74,5% de endeudamiento,  –lo que podría ser uno más de los elementos de explicación al estallido social de 2019-, el gobierno ofrece nuevos créditos blandos, créditos hipotecarios, consumo y la ampliación del CAE. De esto, se levantarán muchas interrogantes, sobre todo por el grado de improvisación que se respira en cada acción, y que en un todo, impiden entender la lógica de la estrategia que hay detrás de estas declaraciones. 

La desconexión brutal del gobierno, entre la realidad y la capacidad de solucionar el drama que aqueja a una gran mayoría de los chilenos, desde profesionales medios hasta obreros, puede incluso ser el anticipo de un daño irreparable a la institucionalidad democrática. El gobierno, una vez más, no pareciera ver lo anterior y lo que es más grave, es que el final del túnel, puede ser sólo el comienzo de otro día de la marmota, de confinamiento, agotamiento, crisis sanitaria e institucional que puede llevar a Chile a un lugar aún más oscuro. 

Todos esperamos lo contrario, pero hasta aquí las medidas gubernamentales parecen siquiera alcanzar a predecir lo que pasa fuera de las oficinas del poder, lo que augura un período duro y aún más complejo cuando ojalá despunte la primavera y podamos salir del encierro y la enfermedad.

Referencia Imágen: Litografía de la pintora chilena, Matilde Pérez

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