Laura Gallardo

Laura Gallardo

Laura es de la U: su *alma mater* es la U y es, orgullosamente, profe de la Escuela de Ingeniería y Ciencias. También y, a pesar de todo, es de la U desde mucho antes que las S.A, más bien desde los pretéritos clásicos universitarios. Científicamente le ocupan los impactos humanos sobre el Sistema Climático y los cambios paradigmáticos por los que debe atravesar el mundo y la ciencia. Esto último viene de su otra influencia: la U de Estocolmo donde se formó como investigadora.

¿El futuro?: una cuestión de porfía buena

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Una amiga me preguntó el otro día si estaba pesimista a raíz de un meme que se me escapó en uno de los sistemas de mensajería. Como cualquier persona educada, dije, respondiendo en mi cabeza a la pregunta “¿cómo estás?” con un “bien gracias”. La verdad, sí, estoy bien, después de todo soy una mujer privilegiada en más de un sentido y contexto. Pero la verdad, fluctuación del ánimo o no, a veces me cuesta mantener el optimismo. Ese optimismo porfiado que propone y propaga Christiana Figueres, la lideresa costarricense quien llevó a puerto el Acuerdo de Paris en diciembre 2015.

Supongo que día a día hago eco del optimismo porfiado en el contexto de cambio climático y en el contexto, por ejemplo, de nuestra nueva constitución. Con ese convencimiento voté apruebo y convención constitucional.  Con esas ganas profundas trato de transmitir a la generación de nuevos profesionales y científicos la capacidad de maravillarse ante las complejidades de este mundo perturbado por nuestras malas decisiones y proveerles las herramientas de análisis y síntesis para que piensen, creen, cuestionen, propongan, argumenten y sustenten los nuevos paradigmas de las ciencias, de los quehaceres y los quereres. En otras instancias trato de hacer ver a otr@s. Pero sería falso si dijera que la ruta está siempre clara o que el ánimo me acompaña para cruzar los puentes cuando hay desconfianza por la mitomanía, el egoísmo o la estrechez de todo tipo que se divisa al otro lado. ¿Qué me dicen de unos honorables que “descubrieron” que las empresas chinas tienen ligazones estrechas con el gobierno chino y el partido comunista chino? O de los que trataron, sin siquiera lograrlo, de cambiar la presidencia de unas de las cámaras para manifestar su mayoría “opositora”. Claro, sin olvidar la tozudez obtusa o quizás (y) aguda para defender un sistema previsional que no da para más. O el error recurrente de la lógica en cuanto a buscar los consensos después de haber decidido “la verdad”, esa iluminada a punta de búsquedas rápidas e improvisadas en un internet sesgado.

Supongo que no hay que dejar que nos ganen la porfía que acompaña la creación, el entusiasmo, las ganas acumuladas y la necesidad infinita de cambiar el mundo y cómo convivimos en él, nosotr@s autodenominados sapiens sapiens y el resto fascinante del planeta azul. Como dice la Figueres, no tenemos derecho a darnos por vencid@s y si nos juntamos, se abren las alamedas, ya lo hemos constatado. Así que vamos exigiendo los cupos de pueblos originarios, la participación de independientes –gente que piense y quiera de modo independiente más allá de su ombligo–, los espacios de participación ciudadana, la preferencia para peatones, bicicletas y transporte público, el respeto irrestricto a los Derechos Humanos, también de los niños y niñas olvidad@s. Y perseverancia, consecuencia…toda, todes….

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Celebrando 178 años de la U

Si hay algo que caracteriza a la U es la pluralidad. Por sus aulas y pasillos se escuchan todas las opiniones y, a menudo, se debe ejercitar el respeto a la diferencia. Hay días en que eso requiere mucho esfuerzo. En otros días, se hace más fácil. Siempre, de la contraposición de ideas (no de mentiras) y el diálogo emergen mejores ideas y se afinan los argumentos. No todas las opiniones derivan de sesudos análisis y fundamentos filosóficos. A veces, las opiniones son gritos de esperanza y sueños de gente joven, llena de pasión.

Una “suequedad” necesaria: Folkhemmet

Viví en Suecia por diez años y aún tengo muchos lazos fuertes con ese país remoto del norte, entre otros su exótico idioma. Uno de mis hermanos dice que me resultó muy fácil adaptarme a Suecia y aprender sueco porque siempre me salió natural “hacerme la sueca”. La verdad, aún me cuesta hacerme la sueca lo suficiente, dice mi psiquiatra.

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