Laura Gallardo

Laura Gallardo

Laura es de la U: su *alma mater* es la U y es, orgullosamente, profe de la Escuela de Ingeniería y Ciencias. También y, a pesar de todo, es de la U desde mucho antes que las S.A, más bien desde los pretéritos clásicos universitarios. Científicamente le ocupan los impactos humanos sobre el Sistema Climático y los cambios paradigmáticos por los que debe atravesar el mundo y la ciencia. Esto último viene de su otra influencia: la U de Estocolmo donde se formó como investigadora.

El Kawiñ y el futuro

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Ayer caminamos con alegría por las anchas Alamedas. Había gente diversa que parecía manifestarse por mil causas, de mil maneras. Pero cada grupo se sumaba y formaba una gran manifestación, llena de colores. Era una estructura que se repetía en distintas escalas, como fractales y nubes, como abejas trabajando en un panal. Algunos hablan de “movimiento acéfalo” pero yo lo veo policéntrico, como las bandadas de pájaros en el aire, como las abejas. Los había desnudos, cantando, llorando, vendiendo, comprando, comiendo, caminando, corriendo, amando, odiando, soñando, disparando. Eran tanto los gerundios como las personas (Unas pocas, quiere creer el intendente).

Recordaba otrora, cuando era joven y con susto muchas veces marché, cuando gritamos por la libertad, la democracia y los derechos humanos. ¡Qué trágico que se repitan ciertos gritos! Pero ¡qué bueno que salgan nuevas voces!  Que inventen nuevos mundos, que puedan canalizar su rabia en nuevas ideas y nuevos modos de hacer las cosas.

Quizás mi generación ochentera perdió el contacto con la calle, con el movimiento y perdió –[email protected] más que [email protected] – las ganas y el sentido de la realidad. No del todo, es cierto, porque hubo generosidad y avances y en parte, eso se expresa en esa generación sin miedo. Pero en parte es cierto, porque nos quedamos en las soluciones inteligentes y educadas (tecnocracia) que se olvidaban de la gente y la realidad. Los movimientos sociales dejaron de marchar y peor, se destejieron, se desmadejaron. Hasta cierto punto, la democracia por la que vivimos y morimos, se desvirtuó. Ojalá que esta generación no pierda el vínculo con la realidad y logre construir una mejor democracia, más profunda que el voto cada cierto tiempo. No digo que no deje marchar en algún momento (aunque de vez en cuando haga falta y, seguro, hará falta). Pero que no se desmadeje, que no pierdan el vínculo humano, el de mirarse a los ojos, de ser solidarios, de ser [email protected], de soñar y construir juntos. Ojalá todas las generaciones recuperemos eso.

No olvido que la alegría se ha visto demasiadas veces enceguecida. Jóvenes cuyos ojos han sido reventados a balazos. Y otros ojos que se han mantenido ciegos, voluntariamente, tozudamente, violentamente, evitando los cambios estructurales y profundos que se necesitan. Esos cambios que no pueden decidirse solamente por “comités de expertos”, sino que deben consultar la voluntad popular. No a peñascazos, sino que en cabildos y con votos por una Nueva Constitución. No, no es la solución mágica de nada, sino como un elemento necesario para entendernos y respetarnos, o sea, un Kawiñ y no puros cahuines según dice el chilenismo.

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