Veronica Pinilla

Veronica Pinilla

Ph.D. en Políticas Sociales y Administración, de la Escuela de Sociología y Políticas Sociales, The University of Nottingham; Magíster en Gestión y Políticas Públicas de la Universidad de Chile; Administrador Público de la Universidad Central. Consultora Senior con más de 20 años de experiencia en el sector público, en temas vinculados a la reforma del Estado y modernización de las instituciones públicas, transparencia y empleo público. Docente de la Universidad de Valparaíso, y Autónoma. Panelista permanente de Radio la Clave, y Ciudadanos 360 de CNN.

El metro

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

No puedo evidenciarlo, pero estoy segurísima que una de las decisiones que más aplauden los habitantes de las comunas es cuando se les informa que el metro llegará a sus barrios. Aceptación, alegría, apoyo cuando uno escucha de la autoridad informar las nuevas estaciones de metro, y más alegría aun cuando una de esas líneas pasará cerca de tu barrio. Porque este hecho se ha convertido en un síntoma de mejora de calidad de vida, vivir en un barrio de primer mundo podría uno decir, cuando sales de tu casa, caminas un par de cuadras y llegas a una estación de metro, la cual en menos de 45 minutos te puede llevar a los más diversos puntos de la capital: desde Maipú a Los Domínicos; desde Quilicura hasta Cerrillos; desde Gran Avenida hasta La Reina. Aunque el metro esta siempre lleno, y hay filas en algunas estaciones para entrar, nadie podría negar que éste es el mejor medio de transporte en la capital: limpio, seguro, rápido y nunca te deja botado.

Lo negativo sucede en las regiones, que por motivos económicos y por este claro centralismo, no pueden acceder a este preciado recurso, teniendo que conformarse con micros chicas y viejas, las que nadie quiere en Santiago, y que llegan a las ciudades de las regiones con su reconocido humo negro que van dejando a su paso. Cuando uno percibe esta diferencia brutal no puede sino demandar mayor autonomía para las regiones. Pero esta calamidad no solo se vive en las regiones, sino que también se vive en las comunas fuera del aro de Américo Vespucio con menos acceso de la región metropolitana, las que han demandado en forma permanente la llegada del metro. Porque todos sabemos que el metro logra no solo acercar a las personas, sino que reducir esta tan conocida desigualdad territorial que vemos en el día a día. Un caso icónico es la comuna de La Pintana, que después de años de gestiones por fin tendrá acceso a una línea de metro, que obviamente permitirá que sus habitantes mejoren su transporte público, ahorren tiempo y tengan mayor seguridad.

Curioso sería que las comunas no quisieran estaciones de metro, curioso se vería que los vecinos, hastiados de este preciado recurso se organizaran para defender el derecho de subirse a sus autos, ocupar más tiempo y dinero en trasladarse, contaminar la ciudad, argumentando que las estaciones de metro generan costos sociales que no están disponibles a pagar como compensación de que todos tengamos una ciudad más conectada. Es más, una locura parecería que un grupo de vecinos y vecinas organizadas presentaran un recurso de protección para frenar la llegada del metro a su barrio, a su parque, a su ciudad. No creo que si esto fuera contado en el resto del país alguien lo podría creer. Pero en realidad no hagamos ficción, nadie podría pensar en vecinos y vecinas tan egoístas, porque digámoslo en forma clara: somos una sociedad amable, solidaria, amamos la Teletón y cuanta rifa se haga, corrimos todas las maratones de apoyo a las causas sociales y enfermedades terminales, luchamos por combatir el cambio climático, amamos los animales, en conjunto pensamos Chile, nos alegramos de los buenos proyectos que benefician a la ciudadanía en su conjunto.  No seamos negativos, esto no ocurre en Chile.  

Más para leer

El aprendizaje más allá de zoom

La mayor parte de los 8 mil millones de personas que habitamos este planeta azul sobrevivirá el COVID-19. Ojalá la mayoría de ellos salgan más sabios y con ganas de cambiar el mundo.

El valor de la Libertad

Como muchos chilenos, llevo 17 días encerrado en mi casa –por favor permítaseme citar a Mandela guardando las exageradas proporciones de su encierro y el nuestro por éstos días- sin embargo, el valor es el mismo.

Rebelión municipal

En el estallido social, y ahora con el coronavirus, las alcaldesas y los alcaldes han asumido un papel relevante, adelantándose y muchas veces arrinconando a otras esferas políticas más tradicionales, partiendo por el gobierno y el parlamento.

Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

Suscríbete a nuestro Newsletter

¡Mantente al día con las novedades de Entrepiso y suscríbete para que la información llegue directamente a tu correo electrónico!