Felipe Vasquez

Felipe Vasquez

Penquista instalado en Santiago hace más de 15 años. Periodista de la U. de Concepción y Magister en Ciencia Política de la U. de Chile. Me he movido por el servicio público, como consultor estratégico, en el sector privado y el mundo de las ONG. Tuve la oportunidad de colaborar en la entonces Secocu del Gobierno del Presidente Lagos -que de hecho fue mi primer trabajo- y en la Secom de las dos administraciones de la Presidenta Bachelet. Además, como asesor de contenidos en el Ministerio del Interior, en el inicio del segundo mandato de la Mandataria. Cuando el Campanil gana, el ‘pan francés’ es más crujiente. Todo parte con Los Beatles.

El ninguneo

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No es novedad decir que la ciencia no está –ni ha estado- en las prioridades de las clases dirigentes de nuestro país. Recién en 2018, hace menos de dos años, se promulgó la ley que creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación tras largos años de debate, comisiones, proyectos que se fueron reemplazando y cruzando de administración en administración.

Las multitudinarias protestas de científicos y académicos en las principales ciudades del país -2015 y 2017 las más relevantes- parecían haber dado frutos. Las sonrisas llegaban a laboratorios y universidades. Ese anhelado respeto hacia el mundo científico por fin se instalaba en la esfera pública.

Y llegó el momento en que había que demostrar que la creación de una nueva cartera ministerial en la estructura del Poder Ejecutivo no era solamente una medida burocrática. Que detrás había un cambio cultural, una real aceptación que de la mano del método científico existen respuestas válidas.

La baja inversión del país en ciencia y tecnología –que apenas bordea el 0,4% de PIB, mientras que el promedio de la OCDE es de 2,4%- podía incluso quedar de lado.

Había llegado el momento de escuchar a todos esos profesionales que se especializaron en el extranjero en las últimas décadas a través de Becas Chile, que silenciosamente hacían ciencia en sus laboratorios y que estaban hambrientos de devolver al país lo que habían invertido en ellos. Poner también atención a esos investigadores y expertos que se han forjado ‘por su cuenta’, pero que también tienen vocación de servicio y de buscar soluciones y respuestas.

Pero prefirieron seguir en el mismo paradigma, cuando todos a gritos pedían que abrieran la mente.

Y si esta realidad se lleva a regiones –otros escasamente escuchados- la realidad es más desoladora. Dos universidades regionales –la de Concepción, con ventiladores ‘made in Chile’ y la Austral, con el hallazgo de un anticuerpo de alpaca que combate el Covid-19- están liderando los avances más relevantes en el país para enfrentar esta pandemia y, hasta ahora, no hemos visto puntos de prensa con podios oficiales donde el desarrollador tome la palabra.   

Esta semana un grupo de científicos, médicos y expertos de diversas áreas hizo llegar –por tercera vez- una carta al Gobierno pidiendo mejorar las políticas para detener la pandemia. En esta re-actualización de la misiva, cuya primera versión fue firmada por cerca de 3.000 profesionales, proyectan que, de no haber cambios en cómo el país está enfrentando el Covid-19, podrían morir en Chile hasta 70 mil personas. Así de crudo.

Pareciera ser que la tercera es la vencida. Si bien el nuevo titular de Salud no dio luces de recibir a quienes han liderado estas cartas, al menos dio a conocer que se reunió largamente con el comité de expertos del Minsal.

En política dicen que el “olfato” es muchas veces un muy buen consejero. Existen líderes que saben  leer –o creen saber leer- muy bien los tiempos, contingencias y a la opinión pública. Sin embargo, lo que distingue a un líder de quien ejerce una jefatura es saber identificar cuando es necesario pedir ayuda, cuando esa intuición -aun cuando especulando se haya tenido éxito- debe dejarse de lado.

Hoy no existe quién no se rinda ante el carisma de Jacinda Ardern, la primera ministra de Nueva Zelanda. La líder laborista no se dejó cegar por las encuestas, el ego o incluso su juventud y se hizo asesorar desde el primer día por, ¿adivinen quién?, un grupo de expertos. Así un país del hemisferio sur, igual que nosotros, el 8 de junio se declaró listo –pero de verdad- para volver a la normalidad.  

El tiempo se agota. Llegó la hora de actuar. “No se puede seguir impávido ante la enorme crisis que el Covid-19 está significando para Chile”, declararon los científicos en la última carta. Llegó la hora de escuchar. Basta de ninguneo.    

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