Andrés Villar

Andrés Villar

PhD en Relaciones Internacionales de la Universidad de Cambridge. Cientista Político de la Universidad Católica, con estudios en Science-Po París. Volví para trabajar como Investigador en FLACSO-Chile. Fui Analista del Ministerio de Relaciones Exteriores. Tras finalizar mis estudios doctorales trabajé como Investigador Asociado en el Centre for Rising Powers(Universidad de Cambridge). Lo mío son las Relaciones Internacionales.

El Orden Internacional post COVID-19

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Al igual que la caída del Muro de Berlín o el ataque a Estados Unidos el 2001, la pandemia de coronavirus es un hito histórico cuyas consecuencias son de una magnitud que son aun difícil de proyectar para el sistema internacional. El proceso está en curso, el sistema y los actores están reaccionando de diferentes maneras. La pregunta clave es si veremos cambios significativos en la distribución del poder político y económico en el sistema internacional. Sin duda, una vez que decante este proceso tendremos más claridad para un análisis más fino. Por de pronto, podemos identificar algunas tendencias que son importante resaltar.

En el corto plazo, la crisis esta cuenta de los grandes debates públicos sobre el Orden y Poder Internacional principalmente del mundo occidental.  Será tierra fértil para los nacionalistas y anti-globalistas que verán reforzados sus argumentos. La vuelta del Estado y encapsulamiento para afrontar los desafíos y amenazas internacionales para darle la razón, no necesariamente del todo. En el debate de las grandes potencias, aquellos que ven a China como factor de desestabilizador del sistema y posible ganador en esta pasada, solo reafirmarán su visión trágica del inevitable choque de dos grandes potencias. En efecto, dada la envergadura de la crisis económica, y colapso aparente en las cadenas de valor y producción global, es difícil proyectar un escenario positivo para la globalización, la cooperación entre las grandes potencias y el valor por lo multilateral.  

Qué duda cabe, la globalización cambiara, pero de qué manera, no sabemos. Lo claro es que estamos ante un debate de ideas y nociones sobre cómo entender el orden y el poder internacional. Por de pronto, la historia a veces no da luces que podrían ayudar a mostrar un camino.

La crisis económica de 1929 y el comienzo de la Guerra Fría fueron hitos que cambiaron las relaciones internacionales. Fue la voluntad política (agency) de algunos líderes alejados de la caricatura del idealismo que fueron capaces de articular y retomar los valores internacionalistas para la construcción de regímenes internacionales acordes a los nuevos desafíos. El colapso del 30, al igual que el de 2008 y el que se avecinan nos muestran cuán conectados y vulnerables están nuestras sociedades. El contagio no tiene color, fronteras y no discrimina ante diferentes regímenes.

Lo que hizo Estados Unidos y Europa en su momento fue reconstruir un sistema internacional abierto con nuevas formas y mecanismo de protección, toma de decisiones y capacidades políticas para gestionar la interdependencia y la resolución de conflictos.  

Estados Unidos, y en general las grandes potencias, no pueden esconderse dentro sus fronteras. Aquello no resiste análisis dada la envergadura de las amenazas, riesgo y nivel de interdependencia alcanzado en la actualidad. En el mediano plazo se necesita una reconstrucción de una infraestructura global de cooperación multilateral. Ello implica ceder poder y compartir responsabilidades. Se necesita en definitiva un internacionalismo más pragmático, menos dogmático. Es decir, bajar el nivel de polarización e ideologización en el debate internacional y focalizarnos en la protección de los ciudadanos. Recientemente, Naciones Unidas ha dado señales al respecto.

Como señaló Richard Danzig, ex asesor de seguridad de Obama, las tecnologías del siglo XXI son globales no solo en su distribución, sino también en sus consecuencias. Los   contagios, los sistemas de Inteligencia Artificial, los virus informáticos y la radiación nuclear que otros pueden liberar accidentalmente podrían convertirse en un problema tanto interno como global. Es por ello, que los informes y sistemas de seguimiento y controles compartidos, los planes de contingencia multilateral, las normas y los tratados internacional deben continuar como la mejor estrategia de contención y reducción ante los inevitable riesgos mutuos que seguiremos enfrentando.

Las amenazas transnacionales como COVID-19 y el cambio climático, no serán resueltos por Estados Unidos por si solos o bajo la lógica del conflicto con otras potencias. Como señalo Joseph Nye, cada país pone su interés nacional primero; la pregunta importante es qué tan amplia o estrechamente se define este interés. COVID-19 muestra que no estamos ajustando nuestra estrategia a este nuevo mundo.

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