Felipe Vasquez

Felipe Vasquez

Penquista instalado en Santiago hace más de 15 años. Periodista de la U. de Concepción y Magister en Ciencia Política de la U. de Chile. Me he movido por el servicio público, como consultor estratégico, en el sector privado y el mundo de las ONG. Tuve la oportunidad de colaborar en la entonces Secocu del Gobierno del Presidente Lagos -que de hecho fue mi primer trabajo- y en la Secom de las dos administraciones de la Presidenta Bachelet. Además, como asesor de contenidos en el Ministerio del Interior, en el inicio del segundo mandato de la Mandataria. Cuando el Campanil gana, el ‘pan francés’ es más crujiente. Todo parte con Los Beatles.

¿El pato está cojeando?

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Existen –principalmente- dos fenómenos político-comunicacionales que suelen marcar los regímenes presidenciales. El primero de ellos, y quizás el más popular, la Luna de Miel. Y el segundo, menos instalado en la agenda, el llamado Pato Cojo. Medios de comunicación, analistas y cientistas políticos dedican largas páginas y minutos a analizar estos dos constructos, indagando respecto de su existencia y cómo se está manifestado o no con el gobernante de turno.

La Luna de Miel es a todas luces la vedette entre estos dos fenómenos. Desde el día 1 en que los mandatarios debutan –y Chile no es la excepción- se empieza a comentar de cómo podría ser y luego, cómo se está dando este supuesto tiempo. La literatura sobre la Luna de Miel de los presidentes de la república señala que se trata de un periodo de gracia en el cual los mandatarios que asumen un gobierno por primera vez gozan de un trato privilegiado no solo por parte de la prensa, sino también de la ciudadanía y del congreso, durante un lapso de tiempo que varía, pero que la mayoría coindicen que está en torno a los 100 días (McCallister, 2003; Domínguez, 2005; Domínguez, 2009; Johnson, 1985)[1].

El criterio de la opinión pública puede ser considerado uno de los más objetivos a la hora de analizar la Luna de Miel. Hay que reconocerlo, en el caso del Presidente Piñera, sus dos gobiernos han gozado de periodos de Luna de Miel ideales. Durante su primer mandato, contó con el beneplácito de la opinión pública, anotando entre marzo y junio de 2010, un promedio de aprobación positiva de 51,8% (Adimark). En tanto, en este segundo periodo, entre su debut y el 21 de junio –solo tres días después de terminar oficialmente este supuesto estado de gracia- Piñera mostró semana a semana un alza sostenida en el apoyo a su gestión, partiendo en 50%, para cerrar los 100 primeros días en 57% (Cadem-Plaza Pública). 

Superado ya este fenómeno, la mirada se pone sobre la gestión regular de los presidentes, a la espera que se active el segundo fenómeno, el del Pato Cojo. 

Nuevamente, son los estadounidenses los que más han analizado este supuesto periodo, dando cuenta que afecta a los mandatarios en la última etapa de su gestión, cuando saben que no van a ser reelegidos. En términos concretos, Trump hoy no se estaría viendo afectado por este fenómeno, pues se enfrenta a su primera y única reelección.

Desde el punto de vista de la temporalidad, la literatura señala que este constructo se instala con propiedad una vez que es electo el presidente que lo va a relegar en el cargo, dado que las miradas se posan sobre él. Pero también, siempre hablando desde el punto de vista político-comunicacional, durante la campaña. La agenda pública comienza a ser copada por los candidatos, perdiendo protagonismo el mandatario de turno, mientras que los parlamentarios que lo apoyan –muchos de ellos también en campaña- suelen abrazar a quien podría llegar al palacio de gobierno, más aún si existe un presidenciable fuerte (Barret y Eshbaugh-Soha, 2007).  

Tras el acuerdo político que buscó encauzar el estallido social, abriendo el camino al proceso constitucional y a una serie de elecciones, que se sumaban a las ya establecidas en el calendario electoral, todo indicaba que el fenómeno del Pato Cojo podía adelantarse. Los ojos iban a estar puestos en este inédito proceso constitucional y la agenda iba a girar en torno a la construcción de la nueva carta fundamental. Más aún en el escenario de un triunfo del Apruebo, opción que no concita con el apoyo –salvo excepciones- de la coalición gobernante. Ante esta situación, poco podría hacer cualquier jefe de Estado o Gobierno. 

Sin embargo, los hechos de los últimos meses, desde iniciado el manejo de la pandemia –incluso, desde el 18 de octubre- dan cuenta que el problema acá no es de contexto. El pato no está cojeando de manera adelantada, simplemente el pato no sabe caminar. Una cosa es el encuadre político-comunicacional en el que se desenvuelve un gobierno que ya salió hace rato de la Luna de Miel, y otra cosa es la capacidad de gestión y conducción. La derrota sufrida por el Ejecutivo en el proyecto del retiro del 10% de los fondos de las AFP y en el veto a iniciativa legal de no corte de servicios básicos -como consecuencia de un errático manejo de la pandemia- dan cuenta de que el problema es interno y no situacional.

En la actualidad no existe objetivamente ningún candidato a la presidencia en campaña formal (o informal), recorriendo el país, siendo proclamado por los partidos o juntando firmas para su candidatura, a quien “echarle la culpa”. Las elecciones se corrieron todas a partir de octubre. Nadie está opacando al gobernante. Si cojea (o no sabe caminar), no es culpa del contexto.

[1]Para ahondar acerca de este fenómeno, pueden revisar mi proyecto de tesis para optar al grado de Magister en Ciencia Política, “La Luna de Miel de los Presidentes de la República en Chile: El caso de los gobiernos de Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018) y Sebastián Piñera (2010-2014)”, disponible en http://bit.ly/39k5dfn

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