Sergio Espejo

Sergio Espejo

Abogado Universidad de Chile y Master en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard. Ha sido Diputado, Ministro de Transportes y Telecomunicaciones y Superintendente de Electricidad y Combustibles. Enseña políticas públicas en la U. de Chile, integra el consejo académico asesor del programa de medio ambiente de la facultad de Derecho UC y es decano de Ciencias Jurídicas y Sociales de USEK. Abogado socio de Aylwin y Compañía y consultor internacional.

El Terno de Don Pato

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Cada cierto tiempo recuerdo el nerviosismo con el que, durante la campaña presidencial de 1989, muchos de aquel entonces veíamos los trajes cafés de nuestro candidato, Patricio Aylwin. Según contaban algunos más cercanos a él, con esfuerzo enorme de su parte y en un verdadero testimonio de su amor por Chile don Pato había aceptado sacarse los chalecos… pero el terno café no estaba disponible para transacciones.

Con el paso del tiempo aprendí a ver en esa forma de vestir, pero por sobre todo de conducirse, un testimonio de la autocontención y la sobriedad con la que Aylwin entendía la política y los asuntos públicos.

Los tiempos cambian, pero la disputa entre la Tercera Sala de la Corte Suprema y el Tribunal Constitucional me han hecho añorar un poco de autocontención y sobriedad. Quienes hemos ejercido responsabilidades públicas conocemos bien la gran cantidad de bien que es posible hacer. Pero también sabemos de lo que ocurre cuando las autoridades, lejos de autocontenerse, eligen el camino de intentar expandir su campo de acción y su poder.

En el caso de la justicia, ordinaria o constitucional, ello es particularmente sensible. El reciente fallo de la Tercera Sala “enmendando la plana” al Tribunal Constitucional es un caso de ejercicio “desatado” de la autoridad. La declaración de los supremos en el sentido de que los tribunales podrían revisar las sentencias del Tribunal Constitucional por la vía del recurso de protección no hace más que instalar una suerte de contienda de competencia de facto de dudosa razonabilidad jurídica. Este “desatarse” ya había ocurrido con el mismo Tribunal Constitucional, cuyo ex presidente nos acostumbró a interpretaciones y maniobras que sólo contribuyeron a deslegitimar a esa institución.

Autocontención es lo que los ciudadanos esperamos de nuestras autoridades. Más aún cuando la ley por sí sola no será nunca suficiente para controlarlas.

Autocontención es lo que se necesitó, y no existió, de parte del Alto Mando de Carabineros, el Alto Mando del Ejército y las autoridades de Interior y Defensa (sin excluir a los parlamentarios “uniformados” de ambos lados de la mesa política) que dejaron hacer hasta que la defraudación de recursos públicos se hizo imposible de ocultar.

Autocontención es lo que vendría bien a quienes insisten en justificar la destrucción del Instituto Nacional o el vandalismo en el Metro de Santiago, procurando llevar agua a su propio molino, con la irresponsabilidad y negligencia de quienes no entienden que una tarea básica de nuestros dirigentes políticos es construir soluciones para nuestros problemas más complejos protegiendo al mismo tiempo la convivencia.

No hay caso. Será menos progresista que Trudeau (y sus fotografías de corte racista), menos casual que parlamentario de la bancada estudiantil (y cercanos) y menos cool que analista político de centro izquierda, pero a la hora de un liderazgo para tiempos difíciles yo me quedo con la imagen del terno café de Don Pato.

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