Veronica Pinilla

Veronica Pinilla

Ph.D. en Políticas Sociales y Administración, de la Escuela de Sociología y Políticas Sociales, The University of Nottingham; Magíster en Gestión y Políticas Públicas de la Universidad de Chile; Administrador Público de la Universidad Central. Consultora Senior con más de 20 años de experiencia en el sector público, en temas vinculados a la reforma del Estado y modernización de las instituciones públicas, transparencia y empleo público. Docente de la Universidad de Valparaíso, y Autónoma. Panelista permanente de Radio la Clave, y Ciudadanos 360 de CNN.

El trabajo cultural en Chile: ¿Cómo vamos?

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En el año 2014 se publicó un informe que analizó en mayor profundidad las condiciones laborales en las cuales se desempeñan los trabajadores de la cultura en Chile. Este informe, presentado por TRAMA y con el apoyo de la Unión Europea, logró visibilizar las diversas formas asociadas al comportamiento del sector de la cultura, donde persisten dificultades importantes para lograr estabilidad laboral y trayectorias laborales culturales que permitan una realización personal y profesional adecuada en el tiempo.

Cabe señalar que el estudio realizado reconoció tres grandes tipos de trabajadores del sector cultural: los artistas profesionales, intermediarios de la cultura y técnicos culturales, y a su vez, se centró en seis ramas del quehacer cultural: artes visuales, artes escénicas, música, literatura, audiovisual y gestión cultural. De acuerdo con los resultados, el 57% de los encuestados se declaró independiente, un porcentaje menor asalariado del sector privado, y finalmente un bajo número como asalariados del sector público. Del total de encuestados, un 7,2% se declaró cesante.

Resulta muy revelador un dato que arrojó el estudio y dice relación con el tipo de contrato en el desempeño de la actividad cultural. Un 88,3% de los encuestados declararon no tener contrato alguno, y muy pocos a honorarios, contra un 11,7% que contaba con algún tipo de contrato a plazo fijo o indefinido. Con respecto al sistema de pensiones, un 37,2% declaró no estar afiliado a ningún sistema. Dado que no hay estudios más actualizados en este ámbito, estos datos siguen estando vigentes, y dado que a la fecha no se han generado políticas públicas que permitan hacerle frente a esta situación, es probable pensar que la situación no ha sufrido grandes cambios.

Llama la atención, por otro lado, que la discusión sobre el desarrollo está centrada solo y exclusivamente en el crecimiento económico y no existan voces que deseen relevar a la cultura como un instrumento central de transformación, y a sus trabajadores y trabajadoras como articulares claves del proceso de cambio. Las políticas públicas culturales debiesen centrar su primera preocupación en lograr que sus trabajadores puedan desarrollar sus actividades culturales con mayor protección social, ya que esta protección va de la mano con mayor estabilidad y proyecciones en el sector. Es preciso avanzar en medidas de protección laboral y social, y es preciso que este sector sea visibilizado, en un mercado laboral que hasta hoy no los reconoce como un motor de desarrollo. Se requieren esfuerzos públicos y privados para lograr establecer necesidades de contratación que homologuen las tremendas diferencias que existen entre gestores culturales, artistas visuales, músicos, entre otros.

La próxima Convención de las Cultura, las Artes y el Patrimonio pensada para este año será un merecido espacio para debatir en torno a la construcción de un diálogo amplio y solidario sobre la necesidad de pensar soluciones a la falta de protección social de los trabajadores y trabajadoras de la cultura. Es un momento oportuno para escuchar diversos y amplios puntos de vista de los propios artistas, del mundo de la cultura, las artes y el patrimonio, y en conjunto construir una agenda de trabajo, que revele estas necesidades, y que puedan ser un horizonte para el gobierno y sus próximas políticas.

En estos años hemos avanzado en construir un espacio para la cultura: primero fue la creación del Consejo, posteriormente llegó el Ministerio, y junto con ello la ampliación en las formas de financiamiento al sector cultural, a través de fondos concursos y políticas públicas. Hoy es necesario ir más allá, romper con la fragmentación y precarización de los trabajadores del mundo de la cultura, y establecer demandas y necesidades acordadas, que digan relación con la naturaleza del trabajo de los artistas, de su esfuerzo, su preparación y compromiso con el país, y el bien público que entregan. Es la única forma de avanzar hacia una política sostenibles en el tiempo. Recordemos que pueblo un educado es un pueblo rico en todos sus sentidos, y esa riqueza es responsabilidad de todos.

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