Andrés Villar

Andrés Villar

PhD en Relaciones Internacionales de la Universidad de Cambridge. Cientista Político de la Universidad Católica, con estudios en Science-Po París. Volví para trabajar como Investigador en FLACSO-Chile. Fui Analista del Ministerio de Relaciones Exteriores. Tras finalizar mis estudios doctorales trabajé como Investigador Asociado en el Centre for Rising Powers(Universidad de Cambridge). Lo mío son las Relaciones Internacionales.

Elecciones en el Reino Unido: Workington man vs Singapur-on-Thames

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Las encuestas, al igual que en 2017, nos dicen que los Conservadores (Tories) ganaran las próximas elecciones del 12 de diciembre. Según la última encuesta YouGov (22 de noviembre), el Primer Ministro Boris Johnson y el partido Conservador superaran por 12 puntos porcentuales (42% vs 30%) a los laborista en su intención de voto. Pero siempre puede haber sorpresas. En la última elección, se pensó que los tories tendrían una mayoría clara en el Parlamento, sin embargo Teresa May terminó con un gobierno de minoría que la obligo a negociar.

Con todo, Boris es sin duda un mejor candidato que May. Tiene carisma y es “campañero”; le gusta el puerta a puerta y conversar una pint en cada pub local que recorre por estos días de otoño en UK. Para ello su estrategia es clara. El mensaje es: terminemos rápido con el Brexit, para así poder empezar negociaciones comerciales con EE.UU. y otros países. El objetivo electoral del partido conservador es arrebatarle al partido laborista el norte de Inglaterra y la zona intermedia llamada Midlands, donde el Brexit ganó el 2016, y sus votantes están frustrados por que aún no se materializa dicho resultado.

Si afines de los 1990s y comienzos del 2000, los medios y encuestas hablaban del Essex man, en referencia al votante medio (de la época de Thatcher) que se fue moviendo desde del Este de Londres hacia Essex dada la gerentricación de Londres y/o el lugar tomado por los emigrantes. Ahora se habla del “Workington Man”, llamado así por un pueblo costero (Workington) ubicado al noroeste de Inglaterra que fue una zona donde predominaba la industria del acero y el carbón. Compuesta principalmente por hombres blancos, sin estudios universitarios, pobres y amantes del Rugby Legue (liga local). Que tradicionalmente han sido laboristas, pero que votaron Brexit y que se sienten olvidado por la elite.

Según un think tank de derecha (Onward), son votantes que le importa más la seguridad económica que las libertades individuales. A favor de mayor control sobre la inmigración y más policías en la calles. A ello se suma en la elección la salud pública (NHS), tema siempre presente en la política británica. Acá Boris se ha entrampado, abriendo espacios para mayores externalizaciones de servicios y posibles entrada capitales estadunidenses. Ruido para campaña de Boris, pero que a pesar de la férrea defensa del Partido Laborista, parece no ser suficiente para convencer a los votantes indecisos.  

La contradicción de Johnson es que su programa es pro libre mercado, más preocupado de hacer tratado de libre comercio que volver a un estado de bienestar. Como se ha llamado en la campaña, el objetivo de Boris es hacer de UK un Singapur-on-Thames. El dilema está claro; como reconciliar el Workington Man con el Singapur-on-Thames. Que tan hábil sea Boris de lidiar con esa tensión, va a marcar mucho el número de asientos que logre alcanzar en el Parlamento.

Por su parte Jerremy Corbyn, líder del Partido Laborista, no la tiene fácil. Opositor a la Unión Europea en clave marxista, por ser un ente funcional a los intereses de empresas multinacionales, es un líder poco creíble a la hora de ofrecer salidas al Brexit y de manejar al país. Con un gran arrastre entre las bases del partido y el mundo de las ONGs, Corbyn no es un líder que sume votos, ese que logra el 50 + 1 el día de las elecciones. Todo lo contrario. En un escenario en donde el partido Conservador ha sido incapaz de lograr el Brexit en tres años, el laborismo de Corbyn ha sido un desastre en capitalizar ese fracaso, y más aún, articular una salida política creíble para los británicos.

Quienes han ganado espacio, han sido el viejo y querido tercer partido Liberal Demócrata (Lid-Dem). Que de la mano de su hábil y joven líder, Jon Swinson, han planteado directamente revocar el Brexit. Lo cual es visto con buenos ojos para el votante conservador de Londres y del Sudeste de Inglaterra, así como varios laborista anti brexit. Todo en retraimiento del partido Laboralista.  

El 2017, entre el partido Laborista y el Conservador se llevaron el 82% de los votos y 9 de cada 10 asientos en el Parlamento. Los analistas esperan que esos números caigan este año, dada la creciente fragmentación de la política en UK. Una de las grandes ironías del Brexit, según el destacado académico Timothy Garton Ash de la Universidad de Oxford,  es que empezamos a observar un Europización de los partidos políticos del Reino Unido. En donde el sistema de dos partidos políticos esta comenzado a colapsar por la presión del Brexit, que ha dado más posibilidad a los Lib-Dem, y a nuevos grupos como el Partido Brexit, liderados por el populista Nigel Farage que ha sido uno de los responsables de polarizar el debate de la política británica en estos últimos tiempo.

Boris Johnson sabe que con su estrategia de salida rápida del Brexit pro libre mercado es probable que pierda a los conservadores anti-Brexit de Escocia, donde de todas maneras el partido Nacional Escoces es fuerte. Londres, es un reducto laborista, y el sur de Inglaterra, se espera que los Liberales Demócratas ganen varios asientos. La apuesta es internalizar esos costos y jugársela por la zona central (Midlands) y el norte de Inglaterra y Gales, lugares donde gano el voto para salir de la Unión Europea el 2016. Veremos qué dice el respetado y ninguneado Workington Man olvidado por el Partido Laborista.

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