Veronica Pinilla

Veronica Pinilla

Ph.D. en Políticas Sociales y Administración, de la Escuela de Sociología y Políticas Sociales, The University of Nottingham; Magíster en Gestión y Políticas Públicas de la Universidad de Chile; Administrador Público de la Universidad Central. Consultora Senior con más de 20 años de experiencia en el sector público, en temas vinculados a la reforma del Estado y modernización de las instituciones públicas, transparencia y empleo público. Docente de la Universidad de Valparaíso, y Autónoma. Panelista permanente de Radio la Clave, y Ciudadanos 360 de CNN.

En tan solo dos semanas

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Cuando miramos el inicio de este proceso de movilización social pensamos que fue hace mucho tiempo, aunque solo fue hace menos de dos semanas que la sociedad se movilizó para exigir transformaciones de largo aliento. Menos de dos semanas que han cambiado la cara de Chile, han llevado a tener mas de 118 estaciones de metro con diversos daños, varias quemadas y cerradas por tiempo indefinido, líneas en espera, escuelas y liceos cerrados, pymes sin movimientos, conciertos suspendidos, toque de queda en todo el territorio nacional, estado de excepción, enfrentamientos con carabineros y el ejército en las grandes ciudades del país, entre otras muchas consecuencias. Esa es una parte de la historia.

Al día de hoy, los informes que han sido evacuados desde el Instituto Nacional de Derechos Humanos han declarado que existen más de tres mil personas detenidas, y más del 10% son niñas, niños y adolescentes; más de mil personas heridas que han sido atendidas en diversos centros de salud y/o hospitales, más de 100 personas con heridas oculares, y ochenta y ocho acciones judiciales interpuestas por el INDH ante abusos de las fuerzas policiales sobre la población (amparos y querellas en general). En este sentido, una misión de Naciones Unidas llega mañana al país a levantar un diagnóstico y evaluación en profundidad sobre la situación actual de violación de derechos humanos en Chile, y generará recomendaciones al estado chileno en esta misma línea. Sin duda que este debe ser la primera prioridad, esclarecer estas violaciones de derechos humanos, identificar a todas las personas fallecidas, esclarecer las causas de muerte y hacer justicia.

La otra parte de la historia es que hemos pasado de la guerra declarada por el Presidente contra un enemigo misterioso a una reflexión más profunda de un sector social refutante históricamente, un gran conjunto de mea culpas de políticos, expertos, pensadores y filósofos; declaraciones reflexivas de presidentes de partidos políticos llamando a dejar los dogmas de lado y buscar acuerdos reales para darle salida a este clamor popular. La otra parte de la historia dice que, en la víspera de una nueva semana, nos encontramos esperando los nuevos nombres del próximo gabinete que el Presidente Piñera dará  a conocer en el día de mañana. Muchas cosas han pasado en estos días, como cambios de ánimo y de disposición de una población tranquila y silenciosa, y que pese a la enorme frustración de la violencia desatada, se ha levantado para exigir cambios definitivos, porque no sólo Chile cambió sino que entró en una escala de demandas sociales sin retorno, que han establecido un antes y un después de lo que entendíamos por procesos democráticos en Chile, y que nos hace repensar y abrir interrogantes a las cuales se deben construir nuevas respuestas.

Ha habido reacciones diversas frente a estos hechos: intentonas por manipular este proceso social hacia sectores políticos específicos, y la intención de despolitizar el movimiento, explicando que esto involucra a todos, de izquierda a derechas, a todos los gobiernos, y que por lo tanto son todos los llamados a participar de su reconstrucción, esto último específicamente luego de la movilización del viernes que concentró a más de un millón doscientas mil personas en la Alameda. Creo firmemente que este movimiento ha sido altamente ciudadano y sin liderazgos evidentes, pero contiene un núcleo político nítido, al querer establecer las bases de una sociedad más igualitaria y más amable, sobre todo para una parte de la sociedad que ha esperado por décadas que estos beneficios lleguen para quedarse. También creo que la búsqueda de soluciones no depende de unos cuantos sino de la sociedad en su conjunto, de una clase política que debe no solo escuchar mejor sino que ser capaz de diseñar nuevas políticas públicas que estén más allá de los establecido, de una sociedad civil más autónoma y capaz de autoconvocarse para mostrar claramente sus demandas necesarias y priorizadas, de una institucionalidad pública que esté disponible para actuar rápido y mostrar resultados en el corto plazo.

Todo esto ha pasado tan solo en dos semanas que parecen meses. Esperemos que las que vengan nos develen nuevos procesos de cambios, mas diálogo, menos violencia; en definitiva, más señales de cambio de una clase política y social que escuchó y entendió. De verdad y para siempre.

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