Gabriel Alemparte

Gabriel Alemparte

Abogado, Master en Ciencia Política. Fue jefe del Gabinete del Ministerio de Obras Públicas entre 2014-2018. Administrador Municipal, Director Jurídico y Director de Desarrollo Comunitario de los Municipios de Maipú y Providencia. Ha sido asesor de los Ministros de Justicia y del Ministerio de Transportes. Becario de la Fundación K. Adenauer. Es Consejero de la Fundación Vicente Huidobro. Actualmente se desempeña como consultor de empresas en AlemparteVillanueva Abogados.

Enroques de gabinete

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La senadora Van Rysselberghe, hace solo unos días acusaba a propósito de las contundentes derrotas legislativas del Gobierno en el último mes, “estamos frente a un parlamentarismo de facto”. El término ocupado es interesante y se tomó algunas discusiones políticas y vale la pena repasarlo a la luz del cambio de gabinete producido ayer por el Presidente Piñera, quien vuelve luego de 50 días, a ajustar de manera mayor el Comité Político, produciendo enroques (que ya son difíciles de seguir) y salida de dos senadores y dos diputados del Congreso para ser ministros.

Lo del parlamentarismo de facto lo comparto, pero por razones diametralmente opuestas a las que esgrime la senadora Van Rysselberghe, veamos: Parafraseando la máxima aristotélica del “horror vacui”, esto es, que la naturaleza aborrece el vacío, la política, es de aquellas actividades donde ello se expresa en todo su esplendor. El poder aborrece el vacío o lo repele, esto es, producido el mismo, el poder vuelve a llenarse de espacio, de personas dispuestas a ejercerlo y a disputar el mismo.

Cuando la senadora y presidenta de la UDI, habla del parlamentarismo “de facto” se retrotrae a la situación vivida en la República parlamentaria (1891-1925), donde luego de la intervención liberal, a partir del fin del gobierno de Manuel Montt, en 1870, el congreso constituyente comenzó a reformar los artículos de la Constitución de 1833, y la “maquinaría” (literalmente llamada así de su creador, el ministro Portales), fue disminuida y cercenó la omnipresente figura presidencial, lo que fue uno de los múltiples factores que condujo a la Guerra Civil de 1891 y a la llamada República parlamentaria.

Lo paradójico de lo relatado anteriormente, y como lo dije más arriba, pese a que la senadora en cuestión, le atribuye el término a los intentos del Congreso por sobrepasar -a juicio de ella- las atribuciones constitucionales del Presidente en materia de ley, discrepo con ella de los orígenes y motivos por los que se produce el hecho que ella describe, exagerando a mi juicio la nota más allá de lo que ella misma está realmente creo convencida.

Si el poder repele el vacío, si hay algo claro, y que ya ha sido largamente analizado es la incapacidad del gobierno de hacer lo que debe, desde incluso antes del 18 de octubre, asunto que pandemia mediante, se acrecentó en términos dramáticos. El Ejecutivo, el gobierno, el Presidente de la República y sus equipos ministeriales, no fueron capaces de leer con atención lo que ocurría en la calle, las angustias, los miedos, la violencia, el hambre, el hacinamiento, son todos términos que quedaron a la vera de la comprensión del Ejecutivo.

Es en este punto, donde el parlamentarismo “de facto” toma, en mi opinión un sentido diametralmente distinto al de Van Rysselberghe.

A diferencia del período 1891 a 1925, la Constitución de 1980, se encuentra vigente y contempla un presidencialismo que, como se ha reiterado, goza de importantes y relevantes atribuciones tanto simbólicas como prácticas, por ende, el parlamentarismo “de facto” que se acusa no es más que la relevancia que adquiere el Congreso como fruto de la naturaleza que aborrece el vacío, ante un gobierno irrelevante políticamente, de una incapacidad y abulia como no habíamos visto desde 1990 a la fecha.

Incapaz de controlar un estallido social y enfrentarlo con medidas sociales a tiempo, haciendo todos los análisis erróneos desde su origen (léase desde el K-Pop, Hezbollah, los infiltrados cubanos o venezolanos, pasando por el enemigo poderoso e implacable sin identificar, para terminar declarando la guerra a los chilenos).

Lo mismo ocurrió en el control sanitario de la pandemia, apostaron fuerte y llevamos 13.000 fallecidos, y muchos chilenos llevamos 150 días encerrados en la incertidumbre económica y social. Lo que es aún peor, muchos, una gran mayoría no pudo cumplir las cuarentenas por hacinamiento, por hambre y el gobierno no solo no pudo diagnosticarlo (“No sabíamos el nivel de hacinamiento” Mañalich), sino no pudo llegar con la ayuda a tiempo y en forma, hasta que el hastío, la desesperación, llevó al Congreso a leer la angustia de sus electores y en masa, oposición y oficialismo unidos, llenaron la incapacidad de un gobierno propinándole dos derrotas consecutivas brutales, el retiro al 10% de los fondos de pensiones (donde el Presidente como un niño pequeño con “pataleta” esta sí, y no la que acusó un ex ministro el fin de semana; aún no es capaz de publicar la ley en el Diario Oficial) y el veto a la ley de servicios básicos que contó con el apoyo de solo ¡5 diputados de 155 en la Cámara! Paliza. K.O.

El parlamentarismo “de facto”, pese a que el Presidente cuenta con sus atribuciones intactas, sirve quizás también para definir la caída, rotación y enroques a los que ya nos tiene acostumbrados el Presidente Piñera por las incapacidades e inoperancias en las crisis que él mismo y su equipo crean. Como los presidentes de la República parlamentaria (pero sin censura del Congreso, salvo la caída posterior al cargo de Chadwick por acusación constitucional), los ministros pasan por ministerios y es difícil retener su acción de Gobierno. Desde el punto de vista gubernativo, no existe -y esto lo sabe cualquier persona que conozca la Administración del Estado- algo más ineficiente que un cambio de gabinete ministerial.

¿Alguien recuerda que ministros como Ward han pasado por Bienes Nacionales, Segpres y Vivienda solo en dos años o en igual tiempo y forma, Monckeberg ha pasado de Vivienda a Desarrollo Social y ahora a la SEGPRES?

Cómo un mal gusto del destino, el mismo día, que el Presidente reformulaba su cambio de Gabinete con enroques y salidas del parlamento, el Diario Oficial publicaba el decreto de nombramiento del anterior cambio de gabinete del 4 de junio de éste año. Debut y despedida. Decreto de nombramiento y renuncia.

Del equipo original del Presidente solo quedan en el Gabinete los ministros Larraín (Justicia), Hutt (Transportes), Walker (Agricultura) y Prokurica (Minería).

La rotación ministerial lleva a que en 2 años y cuatro meses hayamos tenido: 3 ministros del Interior, 3 de Relaciones Exteriores, 3 en la Segpres, 3 en la Segegob, 3 en Economía, 4 en Desarrollo Social, 3 en Educación, 3 en Salud, 3 en Mujer y Equidad de Género y 3 en Cultura por solo nombrar los con mayor cambio de jefes de cartera.

¿Qué acción gubernativa real desde el punto de vista de la Administración eficiente, la ejecución presupuestaria, la mantención de planes y programas puede tener esta rotación infinita? Como en el parlamentarismo, la (in) acción de los gobiernos y sus eternas rotativas llegaron a tanto que el propio Presidente Barros Luco esculpió su frase famosa, esto es que existen problemas que no tienen solución y otros que se solucionan solos.

A ratos el Presidente Piñera pareciera pronunciar entre balbuceos la frase aquella.

La naturaleza y el poder repelen el vacío, el parlamentarismo “de facto” al que apela la senadora no tiene otra razón que la incapacidad del gobierno, y lo más dramático es que ella lo sabe, y su sector lo sabe también, no por nada se plegaron con fuerza inusitada, –abandonando al gobierno en su peor hora- a la hora de votar en el Congreso.

Y esto nos llevó al enroque de hoy. Reconozco tuve que sentarme a leer los movimientos de piezas para tratar de entender algo y saqué algunas ideas que me permito exponer brevemente para no aburrir:

Piñera importó la guerra civil de los partidos o los antagonistas al gabinete (léase Víctor Pérez hombre de la senadora Van Rysselbeghe v/s el antagonista Jaime Bellolio, ex contendor a la presidencia de la UDI).

En RN en las orillas del ring en un lado el “canciller” Allamand el sempiterno adversario del flamante nuevo ministro de Defensa, Mario Desbordes, quien rápidamente abandonó una posición de absoluto liderazgo apostando por un cargo de bajo perfil, paseos en tanque y revisión de tropas (cada uno con sus gustos o quizás soñando con una inundación y un carro Mowhak).

Lo del Presidente o termina en tragedia con la guerra adentro, o bien como apostó Luis XIV prefirió tener a los enemigos en la corte para tenerlos bajo control ahí cerca donde supiera el ruido que meten.

El gabinete se desequilibró evidentemente hacia la opción del rechazo a una Nueva Constitución y se escoró con fuerza a la derecha más dura y radical. Esto es incomprensible.

Si hasta hace unas horas el gabinete estaba más dividido –entre las opciones plebiscitarias– no sé con qué cara en el ministro Víctor Pérez (otrora designado alcalde de Chillán y pinochetista convencido hasta hoy) saldrá a explicar junto al converso Bellolio la derrota del rechazo en el momento del plebiscito: La próxima crisis que se compró el Presidente con su “remozado” enroque ministerial tiene fecha: Noviembre si la pandemia lo permite.

En un momento de profunda crisis política y de credibilidad en las instituciones, ensayar la renuncia de 2 diputados y 2 senadores, relevantes los cuatro, para reemplazarlos a dedo de los partidos, es un daño a la reputación de la política que agrava la falta por el momento que se vive. Nunca me ha gustado, ni con éste Gobierno, ni con ningún otro, pero hoy la imprudencia para dejar tranquilos a los partidos es doblemente grave y es un signo más que decora el recuerdo del verdadero parlamentarismo de principios del siglo XX.

Como se ve el parlamentarismo “de facto” ha dado paso a un Presidente que ha abandonado su capacidad de conducir, y por dicha renuncia inaceptable, llena de torpezas, desaguisados, soberbia, errores no forzados, nos lleva a que el Congreso –y nótese, no digo solo la oposición- se ordene para repeler el vacío de poder más impactante al que hayamos asistido desde la recuperación de la democracia.

Para supuestamente combatir lo anterior, el Presidente ensaya una y otra vez el enroque (antes cuando eran oposición le llamaban “sillitas musicales”), que es un movimiento en el ajedrez esencialmente defensivo y de excepción.

Termino, permítaseme la digresión, citando a Milan Kundera en el bellísimo “La insoportable levedad del Ser” (creo demasiado libro para tan poco tema como éste) y una maravillosa lección del enroque que me trae a la mente la imagen de un Presidente asediado, confundido, atribulado y paralogizado, además de las caras de los ministros hoy haciendo la guardia al juramento:

“Cuando era pequeña el padre le enseñó a jugar al ajedrez. Le había llamado la atención un movimiento que recibe el nombre de enroque. Aquel movimiento le había gustado: el enemigo concentra todo su esfuerzo en amenazar al rey y éste de pronto desaparece ante sus ojos; se va a vivir a otra parte. Soñaba toda su vida con ese movimiento y soñaba con él tanto más, cuanto más cansada estaba.”

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