Laura Gallardo

Laura Gallardo

Laura es de la U: su *alma mater* es la U y es, orgullosamente, profe de la Escuela de Ingeniería y Ciencias. También y, a pesar de todo, es de la U desde mucho antes que las S.A, más bien desde los pretéritos clásicos universitarios. Científicamente le ocupan los impactos humanos sobre el Sistema Climático y los cambios paradigmáticos por los que debe atravesar el mundo y la ciencia. Esto último viene de su otra influencia: la U de Estocolmo donde se formó como investigadora.

Entre mentiras y silencios perdidos: porfiar con la alegría

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Resulta agobiante escuchar noticias. Unos mienten y excusan lo inexcusable ante la evidencia. Por un momento, se acuerdan de los debidos procedimientos y la no injerencia entre los poderes del Estado. Otros siguen perdiendo momentos de silencio que los dejaría vetustos, pero quizás más dignos. Pero no, insisten en echarse la culpa unos a otros de las culpas de la incapacidad de ponerse de acuerdo, siquiera para fines de un plebiscito. Y todo, trágicamente, a 18 días un plebiscito para por fin empezar a pensar, por primera vez, democráticamente una constitución para un Chile diferente, donde todas, todos, todes, de chincol a jote, debemos caber para saber convivir, accediendo al aire, el agua y el suelo para vivir.

El 5 de octubre recordamos una gesta de la mayoría de quienes habitamos este territorio, de las esperanzas a pesar de las tragedias más crueles, de los miedos más siniestros, de las amenazas más burdas de la dictadura. Este lunes volvía a escuchar la voz hermosa y emocionante de mi amiga Rosa. En su voz trascendía el sueño de José, su padre, cuya voz fue acallada y desaparecida por agentes del Estado. En su voz se expresa el sueño de jóvenes entonces, de poder amar, de poder crear sin tener que temer. Queríamos que viniera la alegría. [email protected], incluida Rosa, trabajaron arduamente para reconstruir la república y hacer un Chile mejor. Y por momentos esa alegría se acercó, pero luego fue espantada so excusa del pragmatismo absurdo y quizás el miedo, o tal vez la codicia o la mera ilusión del poder. Pero muchos años después, seguimos cantando y porfiando con la alegría. Rosa también. Quizás estamos más descreí[email protected], menos [email protected], a veces más [email protected] Pero vamos a votar con ganas para aprobar y para tener convención constituyente. Y ahora hay más jóvenes queriendo hacer y construir. Y, junto a [email protected], vamos a hacer propuestas y plantear alternativas para una constitución de [email protected], por [email protected] y para [email protected] Puede que no sea muy original ni novedoso el pensamiento —ya lo habría dicho Lincoln en 1863—pero es un buen pensamiento, de esos que hacen valer la pena nuestra construcción de sueños. Y nos dirán que no es práctico, que no sirve, que no estamos viendo la realidad, que somos tontos, que no sabemos, que…. Y esas peroratas infinitas que siempre dicen, pero hay que porfiar con la alegría. Y a la alegría, ya sabemos, hay que defenderla, como decía Benedetti, aún de la alegría.

Defensa de la alegría

Mario Benedetti

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

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