Gabriel Alemparte

Gabriel Alemparte

Abogado, Master en Ciencia Política. Fue jefe del Gabinete del Ministerio de Obras Públicas entre 2014-2018. Administrador Municipal, Director Jurídico y Director de Desarrollo Comunitario de los Municipios de Maipú y Providencia. Ha sido asesor de los Ministros de Justicia y del Ministerio de Transportes. Becario de la Fundación K. Adenauer. Es Consejero de la Fundación Vicente Huidobro. Actualmente se desempeña como consultor de empresas en AlemparteVillanueva Abogados.

Gobierno atrincherado

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Es preocupante. Al Gobierno del Presidente Piñera le resta un año y ocho meses de gestión. Desde el 18-O no pudo abordar el estallido social, no tuvo más control respecto de las demandas de los chilenos, no las entendió, no comprendió la gravedad de lo acumulado, no pudo leer tampoco lo que ocurría afuera. Por el contrario, reaccionó con soberbia, lentitud e incapacidad. Controlar el orden público significó el descontrol, violencia y violaciones gravísimas a los derechos humanos. Mientras todo parecía descalabrarse el Presidente se vio errático, perdido, agresivo y poco empático, los ministros intentaban controlar, pero el director de la orquesta no daba en el tono, se enfurecía y declaraba la guerra.

El control de la pandemia tampoco fue mejor. Con una compulsión de apostador, el Presidente, junto a un ministro de similares características se jugó con toda fuerza su última carta, apuró el control de la crisis sanitaria, exaspero, asustó, y nuevamente no fue capaz de anticipar el miedo y empatizar con la debacle, llegando tarde y mal, con medidas que solo aumentaron el número de contagiados, con más 13.000 fallecidos, y con la incapacidad de leer lo que ocurría en el sufrimiento de cada hogar y familia chilena donde cundía la desesperación, la cesantía y en muchos casos el hambre.

Todo esto desembocó en lo obvio, la propia coalición oficialista no resistió más y colapsó, dos cambios de gabinete que incluyeron al Comité Político, en menos de 50 días, dieron paso a la búsqueda de un gabinete político, donde apareció lo más duro, los halcones, la UDI y los sectores más conservadores y de mayor resistencia a los cambios –en un momento de profundas transformaciones de la sociedad- se impuso con fuerza la teoría de choque, y ello se demostró en su primer conflicto con un choque en la Araucanía después de un viaje del nuevo ministro del Interior –el mejor exponente de esa derecha en el Gabinete- a la zona.

Lo anterior, es la descripción de hechos. Al mirar la actuación del gobierno da la sensación, particularmente, después del último cambio de gabinete y la cuenta pública, que el Presidente y su gobierno renunciaron a gobernar, y se atrincheraron en la idea de mantener su votación dura preparándose para sostener su electorado frente a la maratón de elecciones que vienen e intentar con ello sostener en la elección de constituyentes una representación cercana al 35-40% que les permita bloquear cambios o bien controlar en algo el debate constitucional.

Que un gobierno en un sistema presidencial se atrinchere y decida no liderar, no llevar la agenda o lo que es peor, refugiarse en detener cualquier cambio, refugiándose tras la alambrada, en un momento en que en la sociedad recorre un sentimiento de abandono, rabia, desesperación y una necesidad fundamental de cambios, es un camino que solo puede ser nefasto y muy dañino para el país y la credibilidad de la política.

El gobierno ha decidido resguardarse en su zona de confort, entregarle a los duros las decisiones, afirmar al electorado que se fugaba por la derecha y apaciguar la guerra civil generada en su coalición después del 18-O y particularmente, con la pandemia, donde el sufrimiento de los chilenos llevó a sus propios parlamentarios a levantarse contra el gobierno e infligirle una serie de derrotas que se resumen en el veto presidencial al proyecto de servicios básicos (aprobado solo por 5 diputados oficialistas y con el voto casi unánime del Congreso contra el Presidente) y por cierto, con la aprobación del 10% de retiro de fondos de pensiones, en ambas Cámaras con un importante número de votos oficialistas.

Chile se encuentra en un momento de definiciones esenciales, requiere de liderazgos de verdad, y al gobierno aún le restan un año y ocho meses en los cuales deberá resistir una altísimo desempleo, una crisis económica de magnitudes pocas veces vista y por último, para enfrentar todo ello sumará la derrota apabullante en un plebiscito del que restan 80 días para su realización.

Para todo lo anterior, el gobierno requiere acuerdos, liderar una agenda de no confrontación, sino de búsqueda de acuerdos para no seguir postergando asuntos claves. No puede convertirse en el “jarrón chino” o lo que es peor el “coto” de resistencia ante lo que demanda la ciudadanía, sin lo anterior es imposible no pedir que frente a un escenario post pandemia las personas vuelvan a la calle.

No se espera un gobierno de cambios reformistas, pero al menos uno que administre y procese las necesidades urgentes del país. Se requieren acuerdos amplios en materias de seguridad, la reforma previsional y por cierto, para enfrentar la cesantía y medidas económicas que se deberán seguir tomando en un escenario de crisis. Se necesitaran, además acuerdos para las definiciones constitucionales y la capacidad de un sector de ser parte de la discusión democrática.

Refugiarse entre “haters”, inventores de noticias falsas y teorías conspirativas, sus bots en redes sociales y asesores y funcionarios que no les digan lo que no quieren oír, pueden convertir al gobierno en un agente de resistencia que llevará la convivencia –ya polarizada a algo imposible-.

La derecha con el pragmatismo que la caracteriza, se dio cuenta que Piñera es el rey desnudo, lo llenaran de carpetas, reglas y lápices rojos para subrayar sus minutas y blocks de notas, mientras se pasea desnudo, ellos saben que al rey manteniéndolo ocupado creerá que reina, al mismo tiempo que desde sus rincones se niegan a dialogar, se atrincheran y se esconden resistiendo a cualquier cambio. Ello solo puede traer menos capacidad de resolver, mayor incapacidad a la innovación y el liderazgo y una situación que puede convertirse en insostenible desde el punto de vista de la demanda ciudadana.

A ratos da la sensación que ya no es que “no lo vean venir”, “saben que viene” y es mejor parapetarse para ello.

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