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Gonzalo Bacigalupe en La Voz de los que Sobran: “Lecciones a 6 Meses de un desastre por elección y diseño”

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Publicado en La Voz de los que Sobra

La pandemia del COVID-19 es un clásico desastre: no solo no es natural, es por diseño y elección. El virus, una partícula inerte que vive temporalmente en superficies y aerosoles, que necesita huéspedes para transportarse y reproducirse, no tiene intenciones y está listo para desaparecer o reproducirse peligrosamente dependiendo de la actividad humana.  Se reproduce con más facilidad en el hacinamiento, congestiones de personas en ciudades, el transporte público insuficiente, en los sitios que exclaman injusticia. Ataca donde hay los portadores de la vulnerabilidad, los y las que se alimentan mal, con enfermedades crónicas, los desamparados se contagian, enferman, y sucumben de modo desigual. El virus es exitoso mientras más desigual y violenta estructuralmente es una sociedad. Es un desastre lento que no solo afecta nuestro país.

La pandemia es un elemento más de una crisis política que se agudiza y visibiliza a partir del 18 de octubre. La pandemia ocurre en un momento de inflexión y reordenamiento del poder en Chile. Su aparición vino a develar para todos lo que ya veíamos emerger durante el estallido de la última primavera. La pandemia visibilizó no solo la desigualdad inherente al modelo neoliberal que las fuerzas del poder habían atesorado por décadas. No se radicalizan las posiciones, pero nuevas voces, las de los que sobran, las invisibles en el acuerdo de las elites, emergen con fuerza en los medios. Los partidos políticos, primero, durante al estallido, llegan tarde. Llega tarde también durante la pandemia el gobierno. Los temas elevados en las marchas durante la primavera se hacen carne en medidas económicas de emergencia y el modelo es fuertemente cuestionado no solo a nivel social, pero emerge también con fuerza en el mundo político. Es además la antesala de la crisis climática, anuncia esa crisis nuevamente y es parte también producto de nuestra torcida relación con la naturaleza a la cual consideramos puramente como un recurso a explotar.

La gestión de la pandemia es política. Se eligió y diseñó una política de contagio. Una forma de hacer necropolítica donde se decide sobre quienes mueren y quienes viven en oposición a una política del cuidado, de salvar vidas. No es el virus el responsable de la incertidumbre, es su gestión. Su énfasis siempre fue mantener un férreo control desde la presidencia y su coalición gobernante junto a la CPC. La estrategia sanitaria apostó a la inmunidad de rebaño y que al infectarnos quedaríamos inmunes. Por ello se apuntó a tratar pacientes por sobre prevenir el contagio. La pandemia se construyó como una enfermedad a tratar y se diseño una estrategia tecnocrática donde el punto más tecnológico y arriesgado de la estructura hospitalaria se reforzó. El diagnóstico de las autoridades y el mundo político y corporativo fue pensar la pandemia como una crisis un poco más grave y extendida que las enfermedades respiratorias típicas del invierno.  La tecnocracia y la demanda por soluciones tecnológicas se concentró en un ministro de salud de confianza en la red del poder. La pandemia no se construyó a base de la larga tradición de medicina social o de la salud publica que caracterizó a Chile a partir de las grandes reformas implementadas por Pedro Aguirre Cerda y que se consolidaron durante el gobierno del Dr. Salvador Allende. La privatización de la salud y la precarización del sistema público a partir de la dictadura y su abandono por parte de los gobiernos de la transición a pesar del crecimiento económico sostenido en las tres últimas décadas es evidente y visible.  

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