Paula Vial

Paula Vial

Abogada penalista, viajera impenitente, lectora voraz, con amor ecléctico por la música y defensora de alma. Amante del fútbol, las galletitas, el campo y el café. Mamá de cuatro, por elección y amor y mujer de un huaso leguleyo. Feminista, pésele a quien le pese, con hambre por la justicia y la equidad y necesidad de ver, escuchar y leer a más mujeres. #másmujeresalpoder

Hacinamiento mortal

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Hace semanas que se viene denunciando el riesgo para la salud y la vida de la población privada de libertad por las posibilidades de contagio masivo del Covid-19, si no se adoptan medidas contundentes.

En nuestras cárceles se mantienen inocuizadas más de 40 mil personas, que cumplen penas de mayor o menor duración, en espacios que debieran albergar a muchos menos seres humanos.

Más allá de sus crímenes, de la (in)justicia de sus condenas, de los esfuerzos de Gendarmería por lograr su rehabilitación y sobre todo la seguridad de que no escapen, lo cierto es que sus penas afectan muchos más derechos que únicamente la privación de libertad, y que hoy incluyen el riesgo de una muerte por un virus.

El hacinamiento bordea el 104% a nivel general en todas las cárceles del país, aunque con una distribución muy desigual, existen recintos penitenciarios que sobrepasan largamente esos porcentajes.

Si consideramos lo que se informó por el INDH en el año 2019, las condiciones de habitabilidad constituyen un riesgo para la salud de los internos en condiciones normales.

En dicho informe, se indica que cerca de un 90 % de las celdas, módulos y espacios comunes de los establecimientos presenta problemas como ausencia de calefacción, conexiones eléctricas defectuosas y peligrosas, ventanas rotas o sin vidrios, problemas de iluminación y de ventilación, humedad, filtraciones y falta de limpieza e higiene. Incluso se constata la existencia de plagas de insectos o roedores, producto de una deficiente higiene y falta de prevención. Asimismo, la falta de agua durante buena parte del día, así como baños insuficientes y sin ninguna privacidad o en mal estado por roturas, desagües tapados, con filtraciones o humedad, son parte de las condiciones de los centros.

Si a este deplorable panorama le agregamos un virus extraordinariamente contagioso y lesivo, no queda sino concordar con las palabras de la fiscal de la Corte Suprema, Lya Cabello, quien en relación a las constataciones de su reciente informe sobre la “Situación recintos penitenciarios en pandemia Covid-19” señala que se trata de “una bomba de tiempo”.

Para paliar los efectos de la pandemia que asola el mundo en una población que no tiene alternativas, que depende en todo de la autoridad, razón por la que el Estado tiene un deber de garante respecto de su integridad, el Ejecutivo presentó un proyecto de ley de indulto conmutativo. Este proyecto permitiría la liberación, reemplazando el cumplimiento de las penas por su control en el medio libre, de unos 1300 o 1400 condenados, lo que, aunque resulta insuficiente, podría reducir en parte las condiciones de hacinamiento en que habitan.

Sin embargo, una medida mínima e insuficiente como esta y que debió haberse aprobado en cuestión de días, por la urgencia en la necesidad de prevención, fue demorada artificialmente por algunos parlamentarios de derecha, con una irresponsabilidad criminal.

Estos senadores y diputados, en evidente minoría, decidieron que ésta era una buena oportunidad para hacer valer las reivindicaciones de los criminales de lesa humanidad y pusieron freno a la liberación de ladrones de poca monta, madres con hijos pequeños o ancianos condenados por delitos menores, para intentar obtener una ganancia espuria. Y presentaron un requerimiento de inconstitucionalidad al Tribunal Constitucional respecto de algunas normas del proyecto, pretendiendo que se hiciera extensivo a los escasos condenados por crímenes de la dictadura.

Hay en este esfuerzo una reivindicación política de defensa y justificación de estos crímenes que poco o nada tiene que ver con la conmiseración que puedan sentir por los decrépitos cuerpos y almas de sus ejecutores.

El Tribunal Constitucional, en un tiempo récord, encomiable en estos tiempos de premura y urgencia, resolvió el requerimiento presentado por los senadores, rechazando la inconstitucionalidad de un par de las normas del indulto. Pero como todo artificio parece válido para no dejar pasar la oportunidad de lograr la impunidad de esos horrores, el Tribunal Constitucional recibió otro nuevo requerimiento, esta vez presentado por diputados, que insistían en torcer el sentido de una medida sanitaria, que afortunadamente fue retirado. Los días pasan y ya existen cerca de un centenar de internos y funcionarios de gendarmería contagiados, que amenazan con hacer de su condición el sentido más literal de una pandemia.

Los parlamentarios eligieron confundir a conciencia el sentido sanitario de la medida con lo que ellos entienden como humanitario. Se trata de dos cuestiones distintas. Por un lado, el indulto por Covid-19, que tiene por objeto Salud pública y aminorar el peligro, descongestionando o reduciendo el hacinamiento y liberando a personas de los grupos de mayor riesgo. Los condenados de Punta Peuco no están en estos grupos porque aunque sean ancianos, no tienen hacinamiento y por lo tanto las posibilidades de contagio masivo son muy bajas y cuentan con posibilidades de aislamiento. Por otro, un proyecto de ley que pretende liberarlos por edad o enfermedad terminal, por razones humanitarias, se discute en el congreso y se ha reactivado como moneda de cambio de la exclusión del indulto. La información que hay sobre sus enfermedades es limitada y de escasa fiabilidad, aunque efectivamente un porcentaje alto tiene una avanzada edad. Esto se debe en gran parte a la demora injustificable y dolorosa en lograr justicia en estas causas y si miramos a nivel comparado, se trata de condenas por crímenes que no reciben ningún tipo de beneficio en los países más civilizados.

Aunque mi opinión no interesa para estos efectos, sino la de quienes han vivido por años el dolor de la falta de información y de justicia, la única razón por la que pudieran estimarse medidas como permitir a enfermos terminales, si efectivamente los hubiere entre estos condenados, ir a morir a sus casas, sería para diferenciarse de las bestias que no tuvieron ninguna de esas consideraciones con sus víctimas. No se trata de condenados arrepentidos de sus crímenes, sino que reivindican sus atrocidades, y siguen orgullosos de la dictadura. No ha habido Justicia, y la escasa que ha existido ha sido con sangre, sudor y lágrimas, después de años de la más feroz impunidad. Y cuando por fin se logra sancionar a algunos, resuenan sus argumentos humanitarios.

En estos días deberá hacerse efectivo el indulto en la población general privada de libertad, de acuerdo a los criterios que se establecieron en el proyecto y que privilegia a condenados por delitos menores, mujeres con hijos y ancianos con condenas leves. Una vez que la ley sea publicada en el Diario Oficial, se permitirá que muchas personas vuelvan con sus familias, para enfrentar la pandemia en un encierro domiciliario. En muchos casos, las condiciones del medio libre no serán mucho mejores, pero constituirán una oportunidad de vivir sus temores y ansiedades acompañados y protegidos por sus afectos.

La población de las cárceles es generalmente olvidada e invisibilizada, pero en tiempos de necesidad de comunidad y solidaridad, es imprescindible recordarlos y acompañarlos, porque su salud es la nuestra.

Más para leer

Desigualdades Atávicas

Mirar la historia nos hace pensar que el camino hacia la justicia que traerá paz y cohesión social requiere de profundidad y reflexión.

La falacia de “la economía”

La inquietud y la histeria emergen cuando la gente baja el consumo sacando, mayoritariamente, lo suntuario y quedándose con lo necesario.

A Lucho

Lucho era un viajante, un hombre en permanente movimiento, que llevaba consigo las historias que vivía, narraba, mezclaba y quien sabe, convertía en la verdad de las mentiras de un novelista.

Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

Suscríbete a nuestro Newsletter

¡Mantente al día con las novedades de Entrepiso y suscríbete para que la información llegue directamente a tu correo electrónico!