Gloria De la Fuente

Gloria De la Fuente

Es cientista política de la Universidad Católica de Chile y doctora en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Presidenta de la Fundación Chile 21, miembro del Consejo directivo del Consejo para la Transparencia y miembro del Consejo Asesor permanente para la Reforma del Estado. Es también columnista y colaboradora de diversos medios de comunicación.

Hágalo usted mismo

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Me parece cada vez más evidente que estamos frente a la oportunidad histórica de torcerle la mano al destino y poner al centro de nuestros debates la construcción de un nuevo pacto social, que garantice como mínimo un Estado social de derecho, esto es, un modelo de bienestar donde los ciudadanos tengan la posibilidad de enfrentar las vulnerabilidades de diversa índole teniendo la certeza que el sistema en el que se vive es el chasis sobre el cual debieran descansar, al menos, algunas de sus certezas. No en vano se produjo durante 2019 el estallido social, cuyas consignas más profundas han cobrado nuevo sentido a partir de las precariedades de nuestro sistema que ha dejado en evidencia la pandemia.

En efecto, los problemas en el acceso a la salud, la precariedad laboral, las desigualdades en el acceso a la educación, las condiciones de hacinamiento habitacional, entre muchas otras, son sólo parte de aquellos dolores que nuestra sociedad escondía en ese que, en vez de un oasis, era en realidad un espejismo. Las múltiples fallas de estas capas tectónicas sobre las cuales se construyó el sistema que tenemos, nos muestran cada cierto tiempo lo vulnerables que somos frente a un evento telúrico de proporciones, como puede ser un estallido social o una pandemia.

El problema se hace aún más evidente cuando la autoridad, en vez de abandonar la ortodoxia económica, insiste con cuestiones tan lesivas como promover una ley de protección del empleo, cuyo único resultado ha sido que sean los trabajadores los que se coman su seguro de cesantía, sin que ello sea garantía de volver a generar condiciones económicas para suspender esa medida y permitir a los trabajadores volver a sus empleos. Al revés, la encuesta sobre las condiciones laborales del Banco Central señala que el 47% de las empresas que se ha acogido a la ley de seguro de desempleo, estarán obligados a terminar la relación laboral con sus trabajadores. En suma, el hacerse cargo cada uno de este congelamiento usando los propios fondos, no alcanzará a tener el retorno esperado en estabilidad laboral.

En la misma lógica del “hágalo usted mismo” se ha instalado el debate a propósito de la movilidad de los ciudadanos y el cumplimiento de las medidas de confinamiento, a fin de evitar los contagios. Al mismo tiempo que la autoridad ha anunciado el endurecimiento de las penas para quienes infrinjan la cuarentena. Sin perjuicio de esto, es sabido que del total de personas controladas, un porcentaje muy mínimo transita sin permiso, siendo su mayoría, personas que se desplazan con permiso laboral. En efecto, si 114 mil empresas siguen funcionando bajo el rótulo de empresas estratégicas ¿cómo se supone que evitaremos los desplazamientos de aproximadamente 2,3 millones de personas? Peor aún, frente al requerimiento a la autoridad de partir por restringir el número de empresas sindicadas como estratégicas, la autoridad responde señalando que se le hace imposible hacer esta clasificación. Nuevamente la señal, eso que es tan importante en política, especialmente en momentos complejos, nos muestra que nuevamente estamos remando con nuestros propios medios ante la imposibilidad de que la autoridad se salga de sus dogmas para mirar el mundo.

Para que hablar del postnatal de emergencia, que el gobierno ha descartado de plano, posicionando un nuevo proyecto ¡Oh, sorpresa! Que nuevamente se financiará con fondos de las propias trabajadoras. Todo ello mientras el Ejecutivo decide vetar el proyecto de ley que busca prohibir el corte de servicios básicos por no pago.

Es cierto, nadie está obligado a lo imposible y que la carga fiscal de la autoridad será grande para soportar el costo de la crisis económica post pandemia, pero existe una diferencia muy grande entre un Estado que protege y que pone el acento en el bienestar y un Estado que es un mero agente facilitador de soluciones individuales que, finalmente muestran cuan desprotegidos estamos.

¿No será hora ya de abandonar el “hágalo usted mismo” para construir un sistema que sea más amable con sus ciudadanos?

Acá un tremendo punto de partida para un proceso constituyente que será inevitable.

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